Hermosa Villa de Pampacolca Villa of Pampacolca view from Espiritu Santo

Libros: “LA CULTURA ANTIMPAMPA” “DISEÑO GRÁFICO ARCAICO”

 

Subtítulo: Arqueología Milenaria de Pampacolca      Testamento Histórico de Antimpampa, Perú en el sur Andino del Perú

Publicación:        Febrero 8, 2013                                                  Julio 31, 2014 

 

Maucallacta

 

Antimpampa:  

Un paso hacia lo más antiguo 

 

Vacaciones en el fundo de mi abuelo

 

Tipan pedacito del Coropuna

 

 

 

 

DR. LEONARDO ADOLFO PRADO CÁRDENAS  

 

 

“Vacaciones en el fundo de mi abuelo” 

 

 

(Típan pedacito del Coropuna) 

 

 Para el querido pueblo de Tipan, lugar de excursiones inolvidables

 

A mis hijos que los adoro: Elvita, Cecilia, Diego, la distancia que nos separan me tiene el corazón partido, pero mi pensamiento siempre esta cerquita de Uds... A mi viejita linda, pedacito del Coropuna: Elva Cárdenas Benavente. 

 Pueblo de Tipan visto desde la cima del Cerro Mamas  Pueblo de Tipan visto desde la cima del cerro Mamas. Lugar de excursiones  en tiempos de colegio. Foto: Jesus Cabrera Zegarra

 

“VACACIONES EN EL FUNDO DE MI ABUELO”

 

ÍNDICE 

 

PRÓLOGO 

 

CAPÍTULO PRIMERO: El Viaje de Partida 

1.1.- La partida. 

1.2.- El Valle de Majes. 

1.3.- Incursión en los Andes. 

CAPÍTULO SEGUNDO: El Paso del Diablo: Lorituyoc 

2.1.- La llegada: Capiza.  

2.2.- El paso del diablo: Lorituyoc. 

2.3.- Las higueras. 

CAPÍTULO TERCERO: Vacaciones inolvidables 

3.1.- Mi primer día de “Vacaciones”. 

3.2.- El ordeño del hato lechero. 

3.3.- La mantequilla “Coropuna”. 

3.4.- La agricultura tradicional se desgrana. 

3.5.- Las canciones de Castilla. 

CAPÍTULO CUARTO: Típan, Pedacito del Coropuna 

4.1.- Típan: Trocito del corazón. 

4.2.- Típan, su gente, sus huertas, sus jardines. 

4.3.- El trabajo de la tierra. 

4.4.- La Trilla. 

4.5.- La riqueza turística. 

CAPÍTULO QUINTO: Recuerdos Inolvidables 

5.1.- Los puentes de Típan. 

5.2.- Los encargos de mi abuelo. 

5.3.- Los cuentos de “gentiles”. 

5.4.- La fiesta principal. 

5.5.- Los carnavales. 

5.6.- Las Tinkas. 

5.7.- El regreso. 

 

ANEXOS 

 

BIBLIOGRAFÍA 

 


 

PRÓLOGO

Tomar la decisión de escribir el presente libro, yo diría más bien un librito, que lo he titulado “Vacaciones en el fundo de mi abuelo” no ha sido algo fácil, por tratarse de escribir sobre uno. Para empezar a muchas personas no nos gusta hablar de nosotros mismos, incluso lo he criticado, he aprendido en la vida que llevo encima que lo bueno, lo bonito, lo interesante o malo que le pueda haber pasado a una persona no debe ella misma hablarla, contarla, comentarla, o hacer gala de ello, es preferible “que otros hablen por ti”. 

Es a veces un prejuicio que sucede en nuestra vida cotidiana, el no hablar de nosotros mismos, pensamos siempre en el “qué dirán”, porque nuestra gente, es bastante crítica (hay bastantes criticones que no es lo mismo) esta es muy importante por cierto, nos permite dar cuenta de nuestros aciertos y nuestros errores. Es gracias también a ella que el conocimiento se desarrolla, el “temor a la crítica” es además una justificación para no escribir absolutamente nada, por ejemplo de nuestras experiencias o vivencias profesionales. 

“Toda ciencia como todo hombre, todo pensamiento como todo mecanismo, pueden aportar un rayo más de luz o algún contingente de fuerza progresiva para que la vida avance por horizontes más brillantes en el camino de la civilización; o al contrario, pueden constituir un elemento negativo de progreso, que en último examen, es una corriente estática. Y como para los fueros de la experiencia, base de toda ciencia, es necesario apreciar en todo trabajo lo que en justos términos, importe de algún modo los intereses del esfuerzo común; de ahí la razón de la existencia de los valores del espíritu, de ahí la necesidad de poner en transparencia la labor humana, con el objeto de precisar en qué grado y en qué sentido ejerce influjo en la grandiosa obra universal. Y he aquí el importante papel de la Crítica” (1). 

Efectivamente Vallejo con magistral claridad aporta lo importante de la crítica en la obra humana, pero a veces tras esta se oculta la mediocridad y muchas bajezas, como el odio, la envidia, la incapacidad reflexiva, “si yo no puedo hacerlo, porque el otro sí” y empiezan a descargar las baterías de la irracionalidad. Felizmente son pocos, pero son y hay que tener cuidado de ellos, porque hacen mucho daño al desarrollo del intelecto; también por el hecho que siempre pensé que mis experiencias de niño y de joven son algo que ha sucedido porque tenía que suceder, así es el mundo que nos ha tocado vivir. “Algo casi natural” que nos pasa, para unos muy bonito, muy tranquilo, con muchas comodidades, sin ningún tipo de dificultades, para otros con problemas, limitaciones, sufrimientos a veces tormentosos; la historia de la vida de cada hombre o mujer encierra todo ello, pero en cualquiera de los casos creo que es hermoso que tengamos la oportunidad de existir en este planeta, mejor diría en nuestra amada tierra al lado de nuestra gente linda.  

Yo pasé por lo primero y lo segundo, de ambos aspectos, he obtenido grandes enseñanzas; pero ¿para qué recordarlo? ¿para qué escribirlo?, podría parecer o dar la impresión que me he lamentado, que lo lamento, que me quejo, que no he tenido momentos agradables, felices, horribles o tristes en mi vida. Quienes me conocen saben que nunca lo hice, nunca me he lamentado, ni lloriqueado, ni arrepentido, ni me he quejado , menos aún me he jactado de los momentos tan bellos y agradables que tuve en mi vida, que me brindó nuestra naturaleza con su grandeza y sus espectáculos, que me ofrecieron mis padres, mis abuelos, mis hermanos, que me otorgó nuestra gente tan extraordinaria, sincera, noble, leal, luchadora, que no conoce envidia, traiciones, bajezas, mediocridad, por ello es grande y seguirá siendo grande, claro en todo lugar existen desperdicios, pero felizmente ya como carroña y van desapareciendo, formarán parte del “basurero de la historia”. 

Me crié pensando siempre que a los hombres nos puede pasar un sinnúmero de dificultades; podemos tener muchos sufrimientos, grandes traspiés, el mundo es un “valle de lágrimas”, el cielo se nos puede venir encima o como dicen en la tierra “la carga se nos cae”, o frente a los obstáculos nos sentimos incapaces de resolverlos, como algunas veces me ha sucedido y me he encontrado solo sin que nadie pueda darme una mano, sin un consejo. Sin embargo, aquí es donde he aprendido que a veces uno mismo tiene que levantarse y arreglar las cosas, “la carga”, porque en el camino si uno espera o se confía que alguien puede pasar para ayudarte, puedes esperar horas y horas, con pleno sol encima o con la lluvia que nos empapa el camino se pone más y más difícil de transitar, las cosas pueden complicarse y por ello, uno mismo tiene que encontrar la solución como sea.  

Hay que continuar, llegar a la meta, cumplir los objetivos trazados en la vida en esos tiempos era completamente válido, como lo es hoy día, sino enfrentas hoy los problemas, mañana será demasiado tarde. El tiempo no perdona. Yo no creo en aquellos que dicen que el tiempo lo arregla todo, eso es someterse al tiempo que no conoce de perdones y pensar que somos de una especie de “olvidadizos”. 

Decenas de ganaderos, de agricultores, de trabajadores, peones, jornaleros, hombres y mujeres del campo y sobre todo arrieros de esa época hacían todo lo posible para subsistir unos y otros a su manera, enfrentando las condiciones adversas que se le presentaban. Con su esfuerzo, sacrificio, alegrías, penas, sufrimiento, soledades y mostrando una gran humildad lograban producir la tierra, le arrancaban lo esencial para vivir, venciendo todo tipo de dificultades como por ejemplo las distancias que tomaban días, semanas e incluso meses recorrerlas para poder comunicarse y hacer posible el intercambio de bienes, para que estos lleguen a las partes distantes.  

Era el caso de la provincia de Castilla Media y Alta y de cientos de pueblos del Perú de aquellos años, estoy hablando de no más de tres a cuatro décadas atrás, es decir de una historia muy cercana. Se tenía que transitar día y noche durante todas las semanas, los meses y año tras año por la parte más accidentada, sus montañas, cumbres, desfiladeros, ríos, valles, a veces infranqueables. Gracias a ese espíritu laborioso, que lo heredamos de los incas, espíritu aventurero que lo heredamos de los españoles, supieron nuestros ancestros, abuelos, padres, parientes y paisanos sacar provecho de las dificultades. Una tierra a veces indomable la convirtieron en una de las tierras más fértiles y productivas de Arequipa. Y en esta lucha contra la naturaleza se convirtieron en pueblos con gente noble, muy trabajadora, sobre todo aguerrida, luchadores y forjadores de su destino, de un nuevo futuro. 

En este proceso describo y analizo el paso de una agricultura familiar básicamente de autoconsumo a una de carácter capitalista, comercial, pero ni una ni la otra han resuelto el problema del desarrollo humano. Si bien como consecuencia natural del desarrollo de las sociedades se ha avanzado en alguna infraestructura, aún tenemos una población marginada del progreso de las urbes, con graves problemas de alimentación, salud, educación, infraestructura, servicios básicos (agua, desagüe),de vías sin asfaltar, las bajas tasas de esperanza de vida, altas tasas de desnutrición, anemia, deserción escolar son extremadamente preocupantes, de allí la necesidad de dar algunas alternativas de solución que en el presente libro están planteados. 

El trabajo infatigable de las generaciones pasadas, ha permitido construir una cultura con costumbres propias de hombres y mujeres de trabajo, de sufrimiento, alegrías, creencias y fiestas, en si de un espíritu valeroso contra las dificultades no solo de la naturaleza, sino de la propia vida. A ellos van dedicadas estas líneas que expresan para mí un recuerdo imborrable de aquellas épocas, por las huellas o surcos que han grabado en mi espíritu y que me han permitido abrirme paso en la vida y espero que en el tiempo que aún tengo por recorrer y hacer, que así sea, viviendo y “luchando siempre de pie nunca de rodillas”.  

 

Gracias.


Pueblo de Tipan y Anexo de Escaura vistos desde la cima del cerro Mamas  Vallecito interandino de Tipan y sus Anexos de Yacmes y Tagre vistos desde la cima del cerro Mamas. Foto: Jesus Cabrera Zegarra

 

CAPÍTULO PRIMERO

EL VIAJE DE PARTIDA

1.1.- La partida.- 

Como todos los años o mejor dicho como todo fin del año escolar en el mes de diciembre, cualquiera sea el resultado de los cursos en la secundaria, ya estaba preparado para partir de “vacaciones” al día siguiente de mi último examen; que recuerde jamás en la primaria y peor aún en la secundaria he participado en una clausura escolar. Culminaba el tercer año de media, “Independiente soy de Corazón”, ya todo estaba preparado para partir de vacaciones, eso lo sabía, con anticipación se preparaba todo lo necesario; la familia, mis padres si se encontraban también preparaban algo para llevar así como encargos verbales o escritos. Mi viaje era de Arequipa hacia Tipan, distrito de la Provincia de Castilla, tradicionalmente era anexo del distrito de Viraco hasta los años cuarenta del siglo pasado, muy conocido por su trascendental fiesta de “Santa Ursulita”, como cariñosamente la denominan, que festeja su fiesta del 20 al 24 de octubre de cada año. Tipan festeja a la “Virgen de la Inmaculada Concepción” el 8 de Diciembre.  

En las primeras filas normalmente viajaban las personas más importantes de Castilla Media y Alta o del valle de Majes, dos empresas prestaban servicios, una la empresa Mendoza de propiedad del Sr. Manuel Mendoza y la empresa Medina de propiedad del Sr. Moisés Medina, se comenta mucho que la primera empresa que prestó servicio a la zona eran la de los Hermanos Tejada, yo viajaba en el tercer o cuarto asiento, pocas veces viaje en los primeros porqué eran de preferencia para las personas mayores, pero eso no impedía que gran parte del camino viajara en un asiento delantero destinado para el ayudante. Y así partíamos rumbo a “Capiza”, terminal o final de la ruta, salíamos por la Av. Parra, Av. Alfonso Ugarte, Tingo, Tiabaya, pasando el puente del mismo nombre y allí nos encontrábamos con la primera garita de control, donde se dejaba la relación de pasajeros que muchas veces yo ayudaba a redactar, salíamos por esa zona (aún no estaba en construcción la hoy denominada Variante de “Uchumayo”) a treinta minutos o más, después de serpentear un ascenso interminable que parecía que salíamos de un hoyo nos encontramos con el primer túnel, casi de la misma dimensión que el de Vítor, con la única diferencia que era de un solo carril. 

Después pasamos por una zona donde casi siempre comentaban sobre un accidente de tránsito que sucedió el 16 de agosto de 1953 y recordaban que hubo muchas víctimas pero milagrosamente hubo un sobreviviente gracias a que se encomendó al Señor de la Caña y este se le presento, el sobreviviente era el Sr. Ángel Fuentes Alpaca, vecino del barrio del Señor de la Caña, en dicha Iglesia se puede encontrar una pintura que escenifica tan lamentable accidente de la época. Después de casi una hora pasamos por lo que se conocía como la “cuarenta y ocho” (Km.48), se ha quedado con ese nombre, a pesar que en la actualidad por la vía de la Variante de Uchumayo ya no hay sino 38 Km. de distancia desde Arequipa. Aquí la ruta se divide: a la izquierda (Mollendo, Moquegua, Tacna) a la derecha (Camaná, Lima), en esta dirección continuamos. 

Generalmente al partir se sentía algún frío, pero conforme se avanzaba, el calor hacía presa, pasamos por el cruce de La Joya. La Irrigación La Joya es una de las primeras de Arequipa, en 1939 se instalan los primeros agricultores provenientes de Arequipa (2) y unos kilómetros más abajo ya nos encontramos con el primer valle costeño importante de Arequipa: Vítor-Sotillo. Vítor, hermoso valle, sus viñedos, vino, “capillas”, pisco, sandías, melones, más hermoso por su gente tan amable y gentil. Allí conocí, mi primer trabajo después de terminar la secundaria, tuve que abandonarlo para continuar mis estudios superiores. Vítor es también nuestra primera parada, esta era para aumentar agua al radiador o controlar las llantas, lo que generalmente hacían los ayudantes, los viajeros aprovechaban para comprar algunas sandías o melones de las primeras cosechas de la temporada, después de unos minutos, la travesía continuaba, no recorríamos sino a unos 40 o 50 km/h, saliendo de Vítor atravesamos el segundo túnel de la ruta, muy peligroso en esa época por el hecho que los movimientos naturales de nuestra zona y el peso de las grandes unidades de transporte ocasionaba el desprendimiento de algunos trozos de roca del túnel. 

Unos años después, cuando trabajaba en el Ministerio de Agricultura-Agencia Agraria de Vítor, sufrí mi primer accidente de tránsito a causa de estas piedras, mientras regresábamos de Santa Rita de Siguas (fundado el 22 de Mayo de 1934). La noche anterior al accidente fuimos invitados a la serenata por su aniversario, pernoctamos allí y regresamos como a las seis de la mañana, el chofer llamado Pánfilo (inseminador de la agencia agraria de Vítor), conducía la camioneta del Ministerio de Agricultura. Al momento ya de estar cerca al túnel creo que no encendió a tiempo las luces y cuando lo hizo era demasiado tarde, ya nos enfrentamos a unas rocas aplanadas desprendidas de la parte superior del túnel, estas se introdujeron en el chasis de la camioneta y casi desde la mitad del túnel perdió la dirección con el impacto, la camioneta saltó varias veces y rodaba sin ningún control, generando un sonido estruendoso, fue por el roce con las rocas laterales del túnel que pudimos detenernos a unos cinco o siete metros de la salida, de lo contrario nuestro destino era el barranco que se encontraba ya a pocos metros delante nuestro y no estaría ahora contando esta historia. Unos mercaderes que venían con nosotros de Santa Rita y que viajaban en la tolva por la inercia no cayeron, saltaron sin embargo varias veces por los aires no sufriendo algún daño, al final bajaron completamente asustados, con los cabellos parados y llenos de polvo como nosotros, gritando a viva voz que parecía que “entrábamos al infierno”, la camioneta quedo inservible, con todo el chasis destrozado, llegamos a pie a la Agencia Agraria.  

Bueno, disculpen el paréntesis, pero no podía dejar de señalarlo, porque cada vez que paso por ese lugar recuerdo este accidente y tomo las precauciones necesarias. Pero continuemos con lo nuestro. Saliendo del túnel, después de una subida nos enfrentábamos al segundo desierto de Arequipa denominado las pampas desérticas de Siguas donde está proyectada la Irrigación Majes-II que representa el futuro del desarrollo agrario de Arequipa en el presente siglo, siempre y cuando no se instale la gran propiedad terrateniente capitalista, estoy por la democratización de la tierra, que sea distribuida a partir de 10 hectáreas y cuyo límite no debe ser mayor a las 30 hectáreas en forma individual, asociativa, comunitaria, cooperativa con un mayor número de hectáreas, pero de ninguna manera una gran propiedad terrateniente “de corte empresarial” que significaría retroceder en la propiedad sobre la tierra en trescientos años y que hoy día es un fracaso en los países desarrollados. 

Estas pampas son parte de la franja costera de nuestro territorio, la primera región natural. Desde estas pampas ya se puede divisar al lado derecho la cadena de nevados que nos acompañan, el Ampato -Huaypuma- (6,288 m.s.n.m.), el Hualca Hualca (6,025 m.s.n.m.) y al fondo, hacia arriba, a cientos de kilómetros se divisa ya las cumbres del Coropuna (6,425 m.s.n.m.), cerca de nuestro destino. Ya el sol lo teníamos encima, y la calor estaba presente en nosotros, pero aun sentía algún fresco, por los vientos de la mañana o la brisa que encontramos provenientes de nuestro mar, después de unos 15 kilómetros comenzamos a descender al segundo valle arequipeño Siguas-Tambillo, en este lugar la parada era prolongada y también de un segundo control y del desayuno para algunos, después de 15 a 20 minutos partíamos, pasando el puente de Siguas, río hacia abajo del puente se encuentra San Juan de Siguas y hacia arriba Santa Isabel de Siguas. 

Comenzamos ascender hasta encontrar la tercera gran pampa desértica, se le conoce como el Alto Siguas, esta travesía es bastante larga unos 20 Kilómetros o más. En estas pampas desérticas se ha construido en los años 70, la Irrigación de Majes-I, más conocido como el “Pedregal“, por la cantidad interminables de piedras que contienen dichas tierras que sin embargo gracias a la fortaleza y pujanza de su gente han vencido las dificultades y hoy Majes-I el Pedregal, constituye uno de los principales ejes de desarrollo rural-urbano de Arequipa. Era imposible imaginarnos en esa época que esas pampas áridas, desoladas, calurosas y frías en las noches se iban a convertir en una importante zona agrícola, ganadera, pionera de los productos agro-industriales (yogurt, jugos, etc.) y que por ello mismo después de Arequipa, constituye el principal centro rural-urbano de la región por su importancia económica y social que dinámicamente se desarrolla. 

En el Pedregal la actividad económica (agrícola, ganadera, comercial, bancaria, financiera, educación primaria, secundaria y universitaria) alberga a más de 80,000 habitantes y continúa en proceso de expansión, algo que se debe imitar hoy día (indudablemente corrigiendo algunos crasos errores en la distribución de las tierras, por ejemplo), buscando implementar un plan de desarrollo como inicialmente fue concebido y que consecutivos gobiernos regionales han abandonado, se han dedicado a administrar y repartir o “regalar” la tierra a las grandes empresas trasnacionales como por ejemplo a Leche Gloria y otros, sin pensar en desarrollar centros productivos asociativos para impulsar la agro-industria. Majes-I (El pedregal) constituye pese a ello mismo, la salida al desempleo y subempleo que existe en Arequipa urbana y las regiones del sur del país. 

Hoy día frente a la tercerización de la economía, la desindustrialización, el creciente desempleo, subempleo y el crecimiento poblacional en la Región, Majes-II debe constituirse en una alternativa a estos problemas a condición que se impulse una agricultura extensiva (mayor ocupación de mano de obra) y no intensiva (utilización de maquinaria sofisticada ahorradora de mano de obra) tal como está concebido el actual Proyecto que prioriza la siembra de productos para la exportación y no para el mercado interno a partir de la instalación de la gran propiedad terrateniente capitalista, se subastará la tierra a partir de 200 hectáreas a 4.500 dólares cada una, ello significaría que en absoluto un campesino sin tierra, pobre, incluso un agricultor rico del sur país puedan tener acceso a dichas tierras, por ello planteamos la democratización en la distribución de la tierra subastándola a partir de 10 hectáreas a fin de que no solamente sea adquirida en forma familiar, sino en forma asociativa o cooperativa, los peruanos de la región tienen derecho a la accesibilidad sobre la tierra, de otro lado a fin de evitar su especulación como sucede en Majes-I, debe declararse intransferible la propiedad sobre las tierras. 

Esta conclusión la obtenemos después de haber estudiado la apropiación y explotación de las tierras en los países desarrollados, y que su sostenimiento y desarrollo se debe a la aún existente propiedad terrateniente capitalista, ahorradora de mano de obra y a la existencia de las denominadas agro-empresas propietarias de inmensas cantidades de hectáreas de tierras. Sin embargo, una y otra, pese a los elevados niveles de productividad por la explotación intensiva (ahorro de mano de obra), reciben subvenciones por parte de los Estados de los países desarrollados, esto precisamente demuestra su fracaso para resolver los problemas de la crisis alimentaria que vive el mundo y contribuir a la solución de los problemas de sus países, hoy en crisis.  

Estas grandes Agro-Empresas dedicadas a la exportación que provienen de países con excedentes de capital pueden invertir y comprar las tierras de Majes-II tal como está concebido en el proyecto de corte neoliberal, serán los capitales Chilenos y Norteamericanos los que se apropiarán de dichas tierras. Esto acrecentará el proceso de concentración de la tierra en pocas manos, que frente al creciente desempleo, creciente número de campesinos sin tierra, campesinos y productores agrícolas pobres, ampliarán las grandes diferencias, desigualdades económicas y sociales de la población y que por tanto en esas condiciones será inviable cualquier tipo de desarrollo económico no solo en el campo sino en el país. (Ver anexo 1). 

Este proceso empezó en Chavimochic-La Libertad, donde se ha subastado tierras o lotes de 500,800 y hasta 3 mil hectáreas en San Martín, el grupo Romero tiene más de 20 mil hectáreas el grupo Gloria tiene más de 40 mil hectáreas únicamente en el valle del río Chicama. Nos preguntamos, si al final de todo el proceso de adjudicación de las parcelas en Majes II, éstas no serán de los peruanos, de los Arequipeños ¿entonces por qué el Estado peruano tiene que invertir nuestro dinero aportando más de 120 millones de soles para financiar el proyecto, como ya lo hizo en otros proyectos?  

Lo que está haciendo en realidad es subsidiar con dinero de todos los peruanos a las grandes Agro-empresas-exportadoras de origen no solo nacional sino incluso extranjero.  

El Estado en tanto inversionista debe declarar intransferible dichas propiedades para garantizar no solamente la ejecución de proyectos de desarrollo a largo plazo, sino también, para garantizar la continuidad de la producción principalmente para el mercado interno, a fin de mantener una oferta agrícola que permita un equilibrio de los precios de acuerdo a los ingresos de la población e impedir que estos adquieran precios exorbitantes, inalcanzables para la población frente a la caída de la producción agrícola, producto de la reducción del área agrícola en Arequipa–urbana por el creciente dinamismo de la construcción. El cemento viene ganando la batalla frente al campo, así como por el hecho de que cada vez más se dedican tierras a la exportación, promocionadas por el gobierno neoliberal. 

A la mitad de estas pampas ayer desérticas, se encuentra el segundo cruce: a la izquierda Camaná-Ica-Lima, a la derecha: Castilla-Condesuyos- La Unión; de aquí son como 36 Km. a Punta Colorada, el Valle de Majes y 60 Km. a la capital: Aplao. El calor era insoportable conforme la hora avanzaba, ya el sol lo teníamos encima, eran como las 11 de la mañana, se pasa por una quebrada denominada “Los Molles”, por la cantidad de estos arbolitos que pese a la falta de agua han logrado surgir y sobrevivir por las brisas húmedas que suben de la costa. Al final nos encontramos con una inmensa gruta o montañas inmensas que se han abierto paso, para dejar “transcurrir” un gran río y este a su vez ha posibilitado la existencia de una flora y fauna diversas y riquísimas, es el valle de Majes, comenzamos a descender y a observar sorprendidos la grandeza del valle más grande de Arequipa, el más largo del Perú, después de 20 minutos de descenso encontramos la tercera garita que en la actualidad no existe, conocida como la Mesana, ya estamos en el ubérrimo valle de Majes. 

1.2.- El Valle de Majes 

El famoso valle de Majes, de cerca de 100 km de longitud aproximadamente, es parte de la Provincia de Castilla, fue creada el 21 de marzo de 1854; se dice que el primero que observó y descubrió el valle dijo: ¡Que Majestuoso!, de allí el diminutivo de Majes y así se quedó, pero el verdadero origen es Incaico. El inca Garcilaso de la Vega, primer historiador de la peruanidad, en sus “Comentarios Reales afirma que estos pueblos, que integran la provincia de Castilla, formaban parte de la provincia de Aruni, que fueron conquistados por Mayta Capac y luego por Capac Yupanqui en 1340. Cuando llegaron los españoles dice Garcilaso, existieron en este valle los indios “Maxes”, indígenas que estaban bajo la tutela del Inca, por cuyo motivo le llamaron el valle de los “Maxes”, de donde deriva posteriormente el nombre actual del valle. Al llegar los españoles al valle, lo encontraron habitado por estos indios, según se comprueba por antiguos documentos, establecidos por disposición tutelar del imperio incaico, por tal motivo lo llamaron valle de los “Maxes”, que derivó a Majes. Cuando Pedro Alvarado encabezó la primera invasión española a la provincia de Condesuyos en 1535 y pasó por este valle, los naturales le ofrecieron débil resistencia. Los pocos grupos aislados fueron atacados y exterminados, los españoles destruyeron sus viviendas y arrasaron su floreciente campiña, los sobrevivientes huyeron a las regiones altas inaccesibles y pasó mucho tiempo para que volvieran a ocupar sus moradas abandonadas”. (3) 

“Majes” cuenta con una superficie de 6,914.48 km2, con más de cuarenta mil habitantes, empieza a 40 km. del puente de Punta Colorada, río abajo. Delimita con la provincia de Camaná (distritos de Ocoña y Nicolás de Piérola) al sur, identificado por una zona que se le conoce como “el Palo Parado”, precisamente hay un palo colocado que constituye el hito de frontera entre las dos provincias. El valle de Majes famosísimo en todo el Perú por sus frutas, camarones, pejerreyes., lisas de río, que ahora no pueden trasladarse río arriba dado que en la parte baja existe un muro de captación de agua que impide la ruta natural de las lisas, como abundaban en esa época. Nos encontramos ya con el tercer y más largo puente de la ruta de 300 metros, denominado de “Punta Colorada” que fue construido en el año 1934, en el Gobierno de Oscar R. Benavides 

En el año 1960 una de sus columnas fue derribada por las aguas del río Majes, no pudo soportar la fuerza de las aguas y torrenteras conjuntas que bajaron casi simultáneamente del Coropuna, que se levanta desde los 4,750 hasta 6,425 m.s.n.m. y que forma parte de la cordillera del Ampato y las aguas de Caylloma, el río Colca. Se generan del Coropuna dos grandes vertientes que se transforman en ríos, una conocida como Colpa y que tiene el recorrido de Viraco-Jactana-Tipan, la otra conocida como Antauro: cuyo recorrido es Pampacolca-Típan, como se observa ambas terminan en Tipan, es decir se juntan en el anexo de este distrito conocido como “Chupacra”.  

Cuando recuerdo el río Colca, me refiero al Colca de ayer no el de hoy, su caudal de ayer era tres o cuatro veces más que las de hoy, la diferencia irriga las pampas de Majes I, otra de las causas de la reducción es por los efectos del cambio climático, algo importante y trascendental por cierto para el desarrollo de Arequipa En esos tiempos en Chivay, bajo el puente denominado “Del Inca”, hacia arriba o abajo se encontraba bancos inmensos de truchas, bastaba unos minutos para pescar truchas para toda la semana, las últimas veces que he ido por el Colca ha sido difícil encontrar una, creo que no solo por la disminución del caudal sino también por la contaminación. Yo le tengo un aprecio muy especial al valle del Colca, mis abuelos paternos y mi padre eran oriundos de dicha zona; he conocido Chivay desde muy pequeño y lamentablemente no lo frecuenté mucho. Mis abuelos fallecieron siendo yo niño, creo que mi padre no encontró más motivos para ir con la familia de vacaciones, quedé muy impresionado en la despedida de mi abuelo, la cual paso a describir. 

Viajé desde el Cuzco con mi padre, primero en tren hasta las alturas de Arequipa, la estación se le conoce como Sumbay, allí esperamos horas y horas hasta que pasara algún vehículo, finalmente un camión apareció, viajamos en la tolva toda la noche, la ruta se hizo larguísima por las condiciones de clima y por qué varias veces se malograba el vehículo, felizmente llegamos de madrugada a Chivay, el día del entierro mi padre aún recordaba que no pudo estar en el entierro de su madre, muchas veces cuando la melancolía lo embargaba, solía tararear estas letras: 

“Madrecita linda, porque me has dejado, en lo mejor de mi vida. En las alas de la muerte te fuiste hacia la eternidad para no volver más”. 

Una canción muy conocida de la época. Mucha gente se había amanecido en el velorio, todos mis tíos y mi padre estaban de negro, muchos campesinos llegaban de las partes altas, de las estancias de mi abuelo, trayendo animales para sacrificarlos. El féretro fue trasladado a la iglesia principal como a quinientos metros de la casa, después de la misa, el féretro dio dos vueltas por la plaza antes de tomar la dirección al cementerio, con bandas de música que tocaban huitites, camiles, huifalas muy tristes, mi abuelo era muy apreciado por todos, ha dejado creo muchos recuerdos por su trabajo como alcalde. En la plaza principal aún se puede observar la única casa con pequeños portalitos, era la casa donde di mis primeros pasos, al lado del abuelo Leonardo, después del entierro todos eran invitados a la casa, se tomaba chicha de jora, pisco, cerveza y se comía mote de habas, maíz, y otros platos típicos de Caylloma. 

Todos los primos estábamos juntos dialogando sobre lo que hacíamos, nos subimos al segundo piso, allí aprendí las letras de un huayño muy triste que mi prima Sarita canto con voz un poco baja, se le notaba la tristeza. La melodía era dedicada a mi abuelo que le gustaba mucho en vida. La canción dice así:  

“Alhelí, Alhelí, que bonita flor eres, color de las esperanzas, color de mis ilusiones, amigos, parientes, de que me sirven amigos, cuando yo lloro no lloran, cuando yo sufro no sufren”. 

Mi prima indudablemente tenía esperanzas e ilusiones, pero la vida a veces nos las trunca, nos juega una mala pasada, a los quince años falleció de una rara enfermedad. Con tristeza siempre recuerdo que esto le sucediera a tan corta edad, y la de mi abuelo que no llegaba creo a los sesenta años. Me lamento, porque estoy seguro que si él hubiera vivido unos años más mis visitas hubieran sido más frecuentes y seguramente estaría hablando el quechua que mi padre lo hablaba perfectamente, era su lengua materna, una pena, no pierdo las esperanzas de aprenderlo, siempre lo digo. 

Regresemos a lo nuestro, la cuenca del Coropuna que alimenta al río Majes, tiene varias vertientes una de las principales da lugar a la sub-cuenca como ya indicamos Tipan-Capiza, que descienden por las profundidades de los andes de Castilla Media generando quebradas, vallecitos y paisajes encantadores, inigualables. Estas aguas son tranquilas durante gran parte del año, pero caudalosas y torrentosas en el verano, es la época de las lluvias, estas aguas confluyeron como poniéndose de acuerdo por primera vez en la pequeña historia del siglo XX de esta zona, casi a la misma hora de la entrada de Típan que está a su vez flanqueada por dos quebradas, entraron “llocllas” en forma simultánea que se unieron a las que ya hacían estragos por el valle de Típan, me refiero a las quebradas de “Jollpa” y “Tumpullo” sus entradas fueron simultaneas así como su encuentro, las aguase unieron y esta fueron destructivas quebrada abajo, estas aguas que se asemejaban una inmensa “lloclla” o “huayco” se juntaron con el río “Taparza”, en la zona de “Capiza”, de aquí rumbo al encuentro del Colca en la zona de Andamayo. 

La fuerza del agua era tal que inmensos árboles de 5 a 7 metros eran arrancados de raíz, luego los llevaba varios metros erguidos para finalmente derrumbarlos y desparecerlos en medio del lodo y piedras, los animales que encontraban en las inmediaciones eran irremediablemente arrastrados y envueltos por las aguas, era una inmensa fuerza de la naturaleza que destruía todo lo que encontraba a su paso, una gigantesca lloclla que según la gente mayor de la época nunca habían visto, nunca sucedió algo parecido, así nos lo recordaban los antiguos de la zona. Tuve la suerte de ser testigo de uno de los espectáculos que pocas veces nos ofrece nuestra naturaleza, mejor dicho nuestros andes. 

Hoy la crisis ambiental ha afectado estos ciclos, las lluvias torrentosas y por tanto de entradas turbulentas (huaycos, llocllas) ya no son como antes, se ha alterado su ciclo. Existen estudios que demuestran el proceso de des-glaciación del Coropuna. El Coropuna, según algunas investigaciones, ha sufrido en la últimas décadas una pérdida por encima del 50% de su nieve en el casco glaciar en los últimos 50 años, de tener 120 km de nieve, hoy solamente tiene 55 km consecuencia del recalentamiento global, producto de la contaminación de las grandes urbes, las grandes industrias, la explotación irracional de los recursos naturales (deforestaciones), por ello mismo corre peligro el sembrío de cerca de 30 mil hectáreas de cultivos, la maravillosa flora, fauna y sobre todo las miles de familias que viven gracias a este extraordinario nevado. El Coropuna, además forma parte de la región del Contisuyo, en tiempo de los Incas se instalaron en esta época tres Ayllus:  

a.- Los Arunis, Los Huiracos y Los Pampacolca 

b.- Los Andaguas, Los Salamanca 

c.- Los Orcopampa y Arcata 

Han encontrado tumbas, fardos funerarios a mediados del siglo pasado, lamentablemente no existe control o vigilancia para preservarlos.  

En el momento de la “entrada” de la lloclla como a las tres a cuatro de la tarde nos encontrábamos jugando un “partidito” de fútbol en una de las chacras de mi abuelo, llamadas “Las Cofradías”, con mi tío Filiberto, el famoso “Parche Blanco” muy apreciado y querido por todos en Castilla y amigos de Tipan y Paracolca. Escuchamos de pronto un estruendo que era cada vez más fuerte, no sabíamos de qué se trataba, si de un temblor de tierra que se venía, del derrumbe de alguna de las montañas que nos rodeaban, nadie pensó en el río, no era posible tanto ruido, como por instinto dejamos rápidamente la pelota y corrimos hacia el borde de la chacra para observar la quebrada, el río ¡ Nada!, todo parecía normal, de pronto alguien a caballo por el camino de la otra banda a todo galope venía gritando:¡el río!, ¡el río!, buscando prevenir para que alguien que se encontraba cerca de este se salvara. 

Pronto observábamos con sorpresa la “entrada” del río, nunca vista por nuestras generaciones, era precedido no sólo por una inmensa polvareda sino también por un estruendo tenebroso, semejante al de una tormenta o terremoto, de un derrumbe inmenso. La descomunal polvareda es a causa de que las aguas al irrumpir y destruir los árboles, arbustos, pastizales, chacras la levantaban, también llevaba por delante remoliendo, triturando cantidades de animales que eran presas devoradas por las aguas turbulentas, el estruendo era porque arrastraba todo lo que encontraba a su paso y lo primero eran piedras de todo tamaño que la fuerza de las aguas las arrancaba, unas y otras se enfrentaban, chocaban y generaban un ruido atemorizante. 

Recuerdo que en nuestro caminar, quebrada arriba por curiosidad, para ir descubriendo los estragos de la fuerza de las aguas que ya no eran tales sino el de una gran “Lloclla,” encontramos que una huerta quedó expuesta a las aguas negras que poco a poco la iban carcomiendo, su propietaria una señora de edad hacía esfuerzos sobrehumanos para salvar sus animales, los presentes le ayudamos, el feroz torrente iba despedazando la huerta, un imprudente parroquiano, con signos evidentes de haber bebido, se encontraba eufórico, gritaba, saltaba, levantaba las manos, en el mismo borde, como desafiándolo, en sí creo que estaba ya fuera de control, nadie podía hacer algo para retirarlo, estaba muy cerca de la orilla, primero no se escuchaba nada por el ruido, segundo creo que tampoco escuchaba a nadie, ni al mismo río, de pronto se desborda un pedazo de tierra donde se encontraba y en un segundo, en menos de “un abrir y cerrar los ojos” se esfumó, fue como tragado, devorado por las aguas turbias y así desapareció, no se encontró ningún rastro de él, su tumba fue la quebrada donde nació, enterrado por piedras y lodo. 

Al frente, es decir en la otra banda donde se encontraba nuestra casa, la casa de mis abuelos, estaba rodeada de corrales que albergaban el ganado lechero, ovino y otros animales, la casa y estos corrales se encontraban al pie del cerro, otros se encontraban a una mayor distancia, los criaderos de chanchos fueron alcanzados por la “entrada” no quedó un corral, algunos chanchitos flotaban o nadaban en las orillas buscando terreno fijo, era toda una proeza la que realizaban, algunos se salvaron. Felizmente la fuerza de las aguas en las orillas era poco fuerte en esa zona y no afecto la casa, sin embargo mis abuelos y los empleados subieron al camino de herradura que pasa unos metros más arriba, allí existe una formación rocosa en forma de cueva, pasaron toda la noche por temor o precaución. 

Uno no sabía lo que podría ocurrir, la noche era completamente oscura le daba un brillo especial a las estrellas, que por su fuerza nos permitía distinguir los caminos como comprendiendo la tragedia que pasaba, como pretendiendo ayudar en algo y bien que nos era útil. 

La “Lloclla”, así puedo llamarla ahora, duro como cuatro a cinco horas, era imposible atravesar la quebrada para llegar a nuestra casa, buscamos que nos “acolpache” alguna familia de Tipan, allí pasamos la noche, gran parte de esta todo era comentarios sobre lo que había pasado, se recordaban otras entradas, así como de tragedias que habían sucedido en la zona y terminaban con algunos cuentos de los denominados “gentiles” pero reiteraban que ninguna fue similar a esta, todavía sentíamos el ruido del río que se prolongó con fuerza hasta después de media noche en que pudimos conciliar el sueño. 

Al día siguiente, salimos muy temprano con un grupo de gente como a inspeccionar río abajo, sólo encontramos el brazo de un niño o niña y trozos de animales, todo fue devastado, la quebrada llena de vida “desapareció “como “por encanto”, parecía increíble, no podíamos creerlo, en lugar de un hermoso vallecito lleno de arbustos, árboles, pastos, follajes, flores, parajes del río donde construíamos “nuestras piscinas” se esfumaron “como por encanto”. Encontramos regado a lo largo y ancho de la quebrada un inmenso pedregal y lodo por todos lados, sin ningún signo de vida. Era triste ver como un paisaje tan hermoso que la naturaleza crea esta misma lo destruye y nosotros incapaces de poder hacer algo, a veces es imposible luchar o enfrentarse a los desastres naturales, este fue uno de ellos. El río, así podíamos ya llamarlo, volvió casi a su estado normal de la temporada, bastante caudaloso y con sus aguas aún muy turbias, durante una semana. 

En Andamayo, los vecinos señalaron que dichas aguas represaron a las provenientes de Caylloma, es decir el río Colca, durante casi media hora, después las aguas encontraron su cauce y empezaron a descender. Una entrada jamás vista con daños irreparables para el valle de Majes, el puente de Punta Colorada no pudo resistir, el tramo central fue derribado, recuerdo que ese año y en plena entrada del río pasé por un andarivel allí colocado por emergencia, viajé a los pocos días hacia Arequipa, con mis porongos de mantequilla, había que cumplir con nuestros clientes que cada quincena esperaban la mantequilla de mi abuelo. 

Fue una experiencia inolvidable, la estuve contando mucho tiempo. Pase sostenido por un cable, en una cubeta, canastilla o algo así, mirando hacia el final, “estar tan cerca de las turbulentas aguas y dependiendo de quienes se encontraban al otro extremo que jalaban la soga de la “cubeta” y de la fortaleza de la soga o cable con que estaba construido, de ellos uno dependía, entre gritos y sollozos pasaban los niños y la gente de edad, pero al final todos pasamos, felizmente no hubo accidentes que lamentar. Por primera vez conocí y utilicé el famoso andarivel muy utilizado en los ríos del Perú, 

Volvamos a nuestro viaje, espero no extraviarme la próxima vez que recuerde algunos hechos que se me vienen a la memoria mientras escribo estas líneas, Ud. amigo lector espero me comprenda y si yo pierdo el hilo espero que Ud. no lo pierda, tampoco su estoicismo para continuar, gracias de antemano por su esfuerzo para seguir esta pequeña historia de mi vida, la tradición de un pedacito del Coropuna. 

En Punta Colorada del valle de Majes que va desde los 400 hasta los 900 m.s.n.m. ya el calor hacia presa de nosotros, así como también el polvo, a partir de aquí también terminaba el asfaltado y entramos en una ruta de trocha. El calor, el polvo se juntaban para molestar, a ello se aunaban los mosquitos que en cada parada aprovechaban para invadir la góndola y empezar su festín, pero de otro lado era hermoso observar el río a un lado, al otro las inmensas montañas, así como los huertos, los viñales; observar las uvas, los duraznos, manzanas, higos y pacayes. Majes era conocido en la época como “La Huerta del Perú”, todas las frutas me traen muchos recuerdos, como esos duraznos conocidos como abridores, bastaba un pequeño apretón para que el durazno se abriera en dos partes iguales, eran extremadamente deliciosos, a veces uno no terminaba de servirse uno y otro y, por supuesto, olvidaba los camarones, el vino, el pisco, el aguardiente proveniente de la caña de azúcar.  

Pasamos por el cruce que nos lleva a Toro Muerto, después Corire, Cochate, La Pampa, Querulpa Grande, Querulpa Chico, Mamas, Hacienda La Real, El Monte, Caspani y finalmente la primera parada grande la capital de la provincia de Castilla: Aplaco. Castilla se crea en homenaje del Gran Mariscal Castilla que fue Presidente del Perú hasta por cuatro veces: 1844, 1845-1851,1855-1862 y 1886, la provincia se crea el 21 de marzo de 1854.  

Al frente, pasando el puente, se encuentra el distrito de Huancarqui, muy conocido, según se comenta por sus “brujerías”, muchos dicen: “la zona de la famosa enfermedad de la piel”. La Cara, expresión popular, científicamente es conocida como: El Vitíligo, que se caracteriza por una despigmentación de la piel, que según algunos estudios proviene de los mosquitos que habitan en las aguas estancadas del río o las acequias y que al “tragarlos” los sapos, estos son los primeros en adquirir dicho mal, de alguna manera si alguien quería hacer “daño” podía mezclar en las comidas típicas o bebidas la excreción de estos animales o sus “desechos”, y así se trasmitía a las personas.  

Pero, lo cierto es que: “el valle de Majes, desde los primeros años del coloniaje, era azotado endémicamente por el paludismo que diezmaba a la población, y entre otras enfermedades estaba muy generalizada la Mancha o Cara, que los pobladores del valle creían que se provocaban a voluntad de gente mal intencionada, según decían unos por demasiado odio y otros por mucho amor hacían “daño” a las personas. Al respecto, el sabio Antonio Raymondi en su recorrido por el Perú en el año 1866, encontró que el valle de Majes, se había hecho notable por una enfermedad cutánea particular llamada Cara, que consistía en manchas de diferentes formas y matices que salen en el cuerpo, pero principalmente en el rostro. Lo digno de atención, decía Raymondi, es que en el lugar se cree que esta enfermedad se produce artificialmente por medio de bebidas, como la chicha y las comidas preparadas en cierto modo. Aunque todavía quedan algunos indicios de este mal, el Dr. Felipe González en el año 1947 investigó que la Cara era una dermatosis discromotizante, propia de las regiones tropicales, que se puede definir como discromía adquirida, apirética, crónica y no contagiosa”. (…) 

Aplao, era una parada obligada, se tomaba un buen tiempo que aprovechamos para refrescarnos, se descargaba y cargaba mercadería, para algunos pasajeros es el término de su viaje y el comienzo para otros, el vínculo de Aplao con Castilla Media y Alta era y es muy fuerte, la interdependencia económica-comercial era marcada: Castilla Media y Alta abastece de mano de obra, carnes, papas, chuño, maíz, trigo, cebada, quesos, mantequilla, algunos productos de las zonas andinas como la sal…, Majes abastece de frutas, vino, pisco, aguardiente, diversidad de cereales, etc. Se ha establecido una relación muy dinámica producto de años de relaciones económicas-comerciales, de parentesco, familiaridad y amistad muy fuertes. Después de 30 minutos reiniciamos nuestro viaje. 

A menos de cinco minutos nos encontramos con Cosos, cómo no recordarlo, aquí vivía una familia muy amigo de mi abuelo. Don Salvador Fuentes era el conductor, tenía una viña y huerta muy bien cuidadas, había de todo, en alguna oportunidad me invitó a pasar unos días de vacaciones, ni corto ni perezoso le tome la palabra para el próximo año, y así fue. Dejando mis tareas en el fundo de mi abuelo partí a Cosos, la hacienda conocida como “Bilbao” fue para mí una experiencia muy importante, primera vez que salía de los ambientes de familia, primera vez que me encontraba alejado de los míos, pero creo que nada de ello extrañé. La familia Fuentes Gil, era increíblemente acogedora, pronto formé parte de ella y me integré a las labores propias de un fundo del valle de Majes. La temporada, era de recolección de frutas, todos los días recogíamos una u otra fruta, la seleccionábamos, la guardábamos en pequeños cajones (denominadas javas) y las sacábamos a la carretera donde la recopilaban los camioneros que los transportaban directamente a Lima, duraznos, membrillos, uvas, manzanas, etc. Esta tarea la realizábamos en horas de la mañana y antes del medio día estaba el compromiso de un número determinado de javas listas para ser transportadas. 

Con el hijo del Sr. Salvador, Víctor Raúl y un empleado nos trasladábamos pronto al río, otra experiencia inolvidable, siempre llevamos unos cuantos limones, a veces sus hijas nos acompañaban, se llevaba todo lo necesario para prepararnos un ceviche de camarones al pie del río. Porque lo primero que hacíamos al llegar era atrapar camarones sobre todo los medianos, solo utilizábamos la parte posterior, las colitas como se dice, cocidas con limón, por allí un rocoto y nos servíamos, era delicioso. Tampoco puedo olvidar la preparación del vino, empezábamos con la recolección de las uvas, después el pisado en chombas grandes partidas en la mitad que por el tiempo y el uso se rompieron y el envasado en chombas especiales, luego esperar que maduren unos cuantos meses y listo, un vino excelente. El pisco se obtiene casi de la misma manera, la recolección de uvas, el pisado para sacarle el jugo, la fermentación en chombas por una semana y después la destilación en alambiques, o como comúnmente se habla la “falqueada” de pisco. Pocas veces se destila uvas puras, normalmente se las mezcla y de allí deriva el nombre del “acholado”. 

Fueron varias semanas que me permitió conocer la vida en el valle de Majes, las tareas cotidianas, el trabajo de la gente, sus hábitos, costumbres, su clima al cual hay que adaptarse, felizmente como siempre lo digo, el hombre es el único “animal” racional, por cierto, que se puede adaptar a cualquier clima de la tierra, es cuestión de adaptarse al calor extremo de la zona así como a los mosquitos pero finalmente uno convive con el clima, los mosquitos y su linda gente. Es una familia que la llevo impregnada en lo más profundo de mi corazón. Será porque aquí también conocí a mi primera amiga y enamorada por muchos años, se llamaba Bertha una chiquilla de mirada muy profunda, sus ojos completamente negros le daban un esplendor que emocionaba, un cabello negro azabache larguísimo que le llegaba hasta la cintura, que la hacen inolvidable, sincera, tierna, que me cautivó, únicamente la distancia y el tiempo pudo separarnos, sin embargo nunca olvidaré el tiempo que estuvimos juntos, su familia se trasladó a Lima y con ello quedo un vacío muy grande en mi corazón por mucho tiempo. 

Continuando nuestro viaje, después de Cosos, divisamos al lado izquierdo una montaña en cuya ladera se encuentra delineado en forma muy clara y sorprendente el perfil del “Rostro de Cristo”, que es admirado por quienes por primera vez viajan por esta ruta, la naturaleza a veces nos ofrece testimonios del pasado o tiene un don extraordinariamente artístico. Pronto llegamos al lugar conocido como La Barranca y casi media hora después se encuentra una nueva división en nuestro trayecto, es la zona conocida como: “Acoy”, muy famoso por su aguardiente, allí el ómnibus realiza una parada forzosa, aquí se produce el aguardiente de caña. Algunos pasajeros ya habían realizado previamente sus encargos, otros aprovechan para recién comprarlos, el aguardiente en la parte alta era muy importante no solo para combatir el frío, sino para realizar los brindis de “pagos” a la tierra, etc. Hacia la izquierda, se encuentra la irrigación denominada El Castillo, precisamente porque al fondo de ésta se encuentran enormes cerros que tiene la forma de un verdadero castillo, que se levanta imponente, para la admiración de muchos, esta ruta conduce igualmente a las provincias de Condesuyos y La Unión. Hacia la derecha Castilla Media y Alta: nuestra ruta, rápidamente nos encontramos con la quebrada de “Huario” donde aún hay vestigios de los caminos Incas saliendo de esta la zona conocida como La Central , aquí es importante resaltar el lugar de recreación y esparcimiento que conduce nuestro amigo Julio Zúñiga, más conocido el lugar como Majes-River que promueve el deporte de aventura de recorrer el río a través de balsas, así como su buen pisco, casi inmediatamente atravesamos la zona de Huatiapilla, Buenos Aires. 

Pasamos por Ongoro muy famoso por sus mangos, unos de tamaño normal pero existen otros deliciosos mangos “enanitos”, después continúa la Quebrada de San Francisco e inmediatamente nuestra próxima y última parada era para almorzar, generalmente en la zona denomina Buena Vista. El restaurante tenía el letrero: “Mira al río”, se encontraba al pie del río, en una parte alta, que permitía observar la grandeza del valle, del río. Aquí, nos esperaba un suculento almuerzo de camarones, ¡qué camarones! de 10 a 15 cm. (seis, siete en cada plato de esos hondos que ya no se encuentran ni siquiera en nuestras picanterías más tradicionales) “grandes” como dice mi madre, después de este merecido almuerzo de “lujo” y de descanso, continuamos nuestro viaje. Posteriormente Luchea, para culminar el valle en Andamayo, aquí termina el valle de Majes, como ya señalamos es el punto de encuentro de Castilla Media y Alta y del valle del Colca, son dos inmensos cañones que convergen para formar el valle de Majes, también convergen sus aguas.  

1.3.- Incursión en los Andes.- 

En Andamayo comienza nuestro ascenso por la cordillera, en sí los verdaderos andes del Perú, es extraordinario observar la inmensidad de estos, uno levanta la vista y se encuentra con un cielo azul y con montañas de mil, mil quinientos o dos mil metros hay que hacer varios zigzagueos para ir tomando altura, generalmente en cada curva la “góndola” avanzaba y retrocedía para poder voltear, era una verdadera pericia que demostraban los choferes de la época, situación que no ha cambiado a la fecha, creo ya han pasado aproximadamente ochenta años desde que se construyó esta vía y sigue como tal, una trocha con algún mantenimiento cada cierto tiempo, muy a pesar de la importancia económica que tiene Castilla Media y Alta, primero por su población, sus productos pecuarios, agrícolas, arqueológicos, naturales, turísticos, los santuarios como Yato, las Vírgenes como Santa Úrsula, es decir miles de pobladores de Castilla se encuentran postergados marginados hace más de ochenta años, por lo que el asfaltado de esta vía resulta crucial para avanzar en su desarrollo. 

Últimamente visité por motivos profesionales Abancay. Salí del Cuzco con dirección a esta maravillosa ciudad, pasé por la tierra del Anís: Curahuasi, entre ascensos y descensos por las grandes montañas de más de mil metros a mil quinientos se llega a Abancay, por motivos de una huelga en el Cuzco en apoyo a los pobladores de Sicuani (se oponen a la construcción de la represa de Angostura que permitirá irrigar Majes-II) no pude hacer la misma ruta de regreso y tuve que hacerlo por la ruta Abancay–Nazca-Arequipa. Es extraordinario el valle de Abancay, sus pueblos tradicionales al pie del río y entre áreas verdes, pueblos como Chalhuanca al final un ascenso para llegar a las altas punas, zonas de crianza de alpacas donde decenas de comunidades han vencido la dureza del clima. Después de una hora de trayectoria por dicha zona empieza el descenso a la costa, a pocos kilómetros otro lugar histórico: Puquio, lo sorprendente de todo este trayecto es que toda la ruta de Cusco–Abancay-Nazca se encuentra completamente asfaltada, una pista con sus correspondientes drenajes que indudablemente ha permitido la integración entre los pueblos, ha contribuido al mejoramiento de las condiciones de vida de su gente, ha contribuido a vencer las dificultades que presentan nuestros inmensos andes, el transporte de la población es más segura y sobre todo rápida, así como de estos con el Cuzco, con la Costa: Nazca, Arequipa o Lima.  

Y que pasa en Castilla Media y Alta, ya nuestros ancestros dieron los grandes pasos de diseñar y trabajar los caminos de arrieros, que fueron las bases para posteriormente trabajar las rutas-trochas donde circulan los vehículos. Según las memorias de mi Tío Edgard Guzmán Loayza, “por los años de 1922 o 1923 aproximadamente ya habían llegado los trabajos de la carretera a Acoy”, posteriormente llegó hasta Andamayo, los trabajos estuvieron a cargo del Dr. Aníbal Vásquez. Aquí empiezan una serie de problemas que postergan la ejecución de los trabajos, la población de Pampacolca, con sus representantes, exigían que la carretera se construyera “subiendo al cerro Mamas, para ir a dar a Pampacolca, y por el pie del Coropuna para llegar a Viraco”. La reacción de los pueblos de Machaguay, Viraco, Típan, Tagre y todos los pueblos de la quebrada que suben hacia las alturas por el antiguo camino de arrieros, se unieron y bajaron a Andamayo a protestar, dado que incluso llegaron autoridades para tomar la decisión, estas al ver la cantidad de gente, las cuales estaban con sus herramientas en el hombro para trabajar la ruta ya diseñada, creyeron que los iban a capturar, a linchar, salieron corriendo del lugar en lo que pudieron, el tío Edgar dice: “creyeron que estábamos armados”. 

Pasado el conflicto se optó por la ruta hasta Capiza, pero aquí una vez más se presentaron los problemas, pero de menor magnitud dado que ya se había demostrado que la ruta Mamas-Pampacolca-Viraco no solo marginaba a decenas de pueblos y centenares de gente, sino que además era muy costoso por el terreno rocoso, sobre todo al “pie del Coropuna” donde incluso había que salvar quebradas muy profundas y extensas como las de “Tuyno”, “Ayrampuyoc” y otras, finalmente en los años 60 los trabajos de la “vial” como así la denominaban continúan hasta llegar a Viraco, obra en la cual los agricultores y la población trabajan como peones o enviando su gente en proporción a la “mita de agua”, el Estado ponía su parte sus administradores e incluso seguridad según muchas declaraciones de quienes sudaron, sufrieron en medio de las montañas decían : “cuando trabajamos por la vial eran muy abusivos hasta nos encarcelaban”, es el pago por el progreso de nuestro aguerrido pueblo. 

Pronto será un siglo, desde que se construyó la “vial”, la trocha y aún no se asfalta dicha ruta Andamayo-Orcopampa, indiferencia de sus autoridades locales, regionales, del gobierno central ,yo pienso de todos, pero sobre todo de las autoridades regionales y locales. Es hora que el pueblo se levante, proteste, se ponga en pie de lucha, basta ya de promesas, exigir la construcción de la vía asfáltica ahora es el clamor de todos, porque es necesaria para impulsar las actividades productivas, comerciales y el desarrollo humano de miles de familias en el presente siglo. 

 

PROVINCIA DE CASTILLA – DISTRIBUCION GEOGRAFICA 

CASTILLA BAJA – VALLE DE MAJES: 

1- Uraca.- Creado el 1ro. de Octubre de 1915, a 429 m.s.n.m. 

2- Aplao.- Creado el 7 de marzo de 1824, a 617 m.s.n.m.  

3- Huancarqui.- Creado en la época de la Independencia, a 610 m.s.n.m. 

CASTILLA MEDIA Y ALTA: 

1.- Típan.- Creado el 13 de diciembre 1943, a 1913 m.s.n.m. 

2.- Viraco.- Creado en 1824 por Simón Bolívar, y como Villa el 17 de Octubre de 1906, a 3215 m.s.n.m. 

3.- Machaguay.- Creado 4 de noviembre de 1889, a 3150 m.s.n.m. 

4.- Andagua.- Creado en la época de la independencia, 3587 m.s.n.m. 

5.- Ayo.- 1956, época de la independencia. 

6.- Chachas.- a 3055 m.s.n.m. creado en la época de la Independencia.  

7- Choco.- Creado el 2 de enero 1857, a 2473 m.s.n.m. 

8- Pampacolca.- Creado el 21 de Marzo de 1854, y como villa el 17 de Octubre de 1906, se encuentra a 2950 m.s.n.m. 

9- Uñón. -Creado el 18 de junio 1962, a 2782 m.s.n.m.  

10-Orcopampa.- El distrito más alto de Castilla Alta, está a 3779 m.s.n.m. 

11-Chilcaimarca.-Creado el 29 de octubre de 1923, a 3850 m.s.n.m. 

Castilla Media y Alta cuentan con once distritos de los catorce que tiene Castilla, con una población de 22902 habitantes (4) que representan cerca del 60% de la población total de la Provincia de Castilla. Tiene una geografía común (la cordillera de los andes), un clima diversificado por cierto desde los valles interandinos, cálidos, templados, hasta las zonas altas y frígidas del país, unidos históricamente desde hace más de cinco siglos: El mapa de Típan de la página precedente nos muestra no solo su ubicación geográfica sino también sus anexos y localidades importantes, sobre todo para los que no conocen, o tienen algún interés en conocer una de las joyitas de nuestra región. 

En Andamayo comienza una extraordinaria ruta, porque esta nos permite observar y conocer lo maravillosa que es nuestra naturaleza, su geografía accidentada debido al levantamiento de inmensas montañas que se entrecruzan una y otra como una cadena, pero no solo existe una, sino dos, tres que se cruzan, se dividen, pero que van penetrando nuestro territorio, hasta los 5000 m.s.n.m. y más, hasta llegar al Coropuna, cual montaña dominante, por sus hielos y deshielos desprende aguas que discurren entre las venas de las montañas, el agua ha generado y dado vida a toda esta región, de flora y fauna riquísima que el hombre andino sabiamente ha aprovechado. 

Pero, este mismo hombre en su evolución empezó a utilizar el agua con fines de irrigar las terrazas, laderas que por “descuido” dejaron las montañas o pronunciadas pendientes donde se construyeron los andenes para obtener mayor provecho a estas tierras, las culturas pre-incas e inca iniciaron esta tarea titánica durante más de un siglo, esta complicidad de la naturaleza abrupta y el hombre laborioso fue ganado por los hombres antiguos a través del trabajo comunitario. La llegada de los españoles cambió radicalmente esta vida tranquila, casi sedentaria de esta población, porque estos llegaron como invasores, despojándoles con violencia de sus tierras, iniciaron un proceso de evangelización cristiana sometiéndolos a trabajos serviles o semi -serviles de explotación como caracterizaba el Amauta José Carlos Mariátegui, sistema que incluso se ha prolongado hasta las últimas décadas del siglo pasado. 

Se tiene que encontrar una forma de propiciar el desarrollo económico social de Castilla Media y Alta a fin de que sus pobladores, principalmente los jóvenes no migren, como lo vienen haciendo desde hace décadas, hacia las ciudades, Lima-Arequipa donde encontramos a miles de descendientes de esta provincia que han migrado por razones de trabajo, estudios, buscando un futuro mejor que la provincia no puede brindarles. Por ello mismo cada cierto tiempo que uno va por la zona a visitar la familia, “parece que el tiempo por allí no pasa”, las cosas permanecen como uno los dejó hace décadas atrás, a pesar de que indudablemente las infraestructuras elementales ya brindan sus beneficios a la población. 

Es necesario desarrollar proyectos de desarrollo agrario, mejoramiento de suelos, infraestructura de riego, de árboles frutales, en la crianza de ganado lechero, engorde, animales menores como el cuy, criaderos de trucha, etc., desarrollo asociativo de microempresas en base a productos de la zona, desarrollo artesanal y proyectos turísticos. Ojalá escuchen los ruegos de la población las “autoridades”, los responsables de la ejecución del gasto público que Castilla misma aporta al fisco y que no se les retribuye como ya dijimos es urgente el asfaltado de esta vía, es la obra de mayor importancia que requiere la zona: es el clamor de todos, que alguien escuche el clamor de miles de seres humanos que habitan en los Andes como señalé en Andamayo termina el valle y comienza el ascenso por lo menos hasta 700 a 800 m. Llegando casi a la tercera parte de las inmensas montañas que se levantan a cada lado del río que toma el nombre aquí de Capiza, se pasa por zonas conocidas como Quebrada Honda, Pacpaca, la parte más peligrosa es la conocida como “Cerro Negro”, como su nombre lo indica el cerro es negro en esta parte, es un buen trecho de casi 500 metros, aquí la trocha deja de ser la que normalmente conocemos, tierra y piedras, este tramo es de pura tierra de color negro, por ello su nombre. Lo peligroso es que la tierra es blanda y se desliza, por ello mismo se pasa despacio, con mucho cuidado, en sí no se está seguro si pasamos por tierra firme, por ello las precauciones que se toman y el temor natural de todos, además que, es la parte más perpendicular de la travesía; de la ventana de la “góndola” observamos el río, no se nota su movimiento, solamente una hilera de agua, a veces parecía que nos encontrábamos en “el aire” cuando la góndola pasa las curvas, quienes van por primera vez ya no quieren regresar, provocaba demasiado temor en la gente citadina. Nosotros ya estábamos acostumbrados a dicha naturaleza, al peligro constante que significaba y sabíamos que de pasar cualquier cosa, nadie sobreviviría para contarlo. 

Se han producido en dicha ruta algunos accidentes lamentables, primero, creo, por irresponsabilidad de un pasajero, que pese a las prohibiciones de llevar fuegos artifíciales (cohetecillos, pólvora) a una de las fiestas de la cual era devoto, por el calor de la zona, de la propia góndola, explotaron, la góndola empezó a incendiarse, la mayoría pudo salir, el propietario de los fuegos artificiales según cuentan, regresó había olvidado según dicen, un maletín, fue atrapado por las llamas, ese fue su fin, un lamentable accidente. Siempre me he preguntado qué venía a hacer este buen hombre llevando esa mercadería peligrosa por esos lugares, tenía una mano excelente y un gusto extraordinario para hacer ceviches, su pequeño negocio marchaba muy bien, bueno así suceden las cosas, él era vecino mío en el pasaje La Canoa de la ciudad de Arequipa, donde viví muchos años, una lamentable perdida.  

El segundo se produjo en una quebrada, denominada Higueray, allí existe una gruta en homenaje a la Virgen del Rosario, tiene muchos devotos sobre todo los choferes de la ruta, para suerte de la mayoría de los pasajeros, el chofer muy acertadamente pidió que todos bajaran, incluso él dejó el timón, en razón que ya no podía maniobrar, una “lloclla” entraba justamente cuando pasaba el ómnibus, los agarró de sorpresa, una Sra. de avanzada edad, según cuentan regresó porque había olvidado algo importante, la lloclla rápidamente tomaba mayor fuerza y ella no podía bajar, corrió en su auxilio el ayudante que hacía a la vez de controlador, era un pariente y buen amigo de la zona llamado Manuel, lo conocía muy bien y lo recordaba. 

Manuel había sufrido una cornada en la plaza de Tagre el primer día de toros, se debió a su arrojo yo diría a su imprudencia, muchos como él, que a veces nada tienen que hacer en el ruedo lo hacen, pero para algunos es oportunidad de demostrar coraje, esperan en el centro mismo de la plaza que el toro salga, unos corren, otros lo enfrentan, Manuel corrió directamente hacia uno de los costados de la plaza para asirse de unos troncos que sobresalen de las casas, se colgó de éste, pero no pudo girar para subir, quedó colgado, sostenido con sus manos y con las piernas cruzadas al tronco, exponiendo todo el dorso. El toro, de un color negro azabache, de unos cuatrocientos kilos o más, con los cuernos perfectamente formados, muy puntiagudos, salió del toril como una fiera, se fue directo hacia él, se dio cuenta que era una presa fácil, un blanco perfecto, la cornada fue terrible le atravesó todo el ano, prácticamente lo destrozó, o casi lo parte en dos, jamás escuché esos gritos de dolor, que hacia retumbar los cerros, le dieron los primeros auxilios, hicieron una camilla improvisada con palos de sauces, sogas, mantas y una cuadrilla de hombres lo llevaron hasta el corte “Capiza”, 15 kilómetros hacia abajo en busca de “la góndola” que lo traslade hacia Arequipa. La travesía debió ser muy difícil, muy dramática, me recuerda el traslado de mi hermano menor David, cuando cayó de un árbol y se quebró la pierna, de igual forma fue trasladado hacia Arequipa al lado de mi madre, sufrió mucho, por el dolor, la incomodidad, el movimiento, la distancia, ya me imagino lo que sufrió Manuelito. David tardo en recuperarse como seis meses. Pero quedó como nuevo gracias a las intervenciones de los médicos del Hospital General. 

Manuel Vásquez; más conocido por su sobrenombre “Chirote”, el nombre de un pajarito de la zona de color amarillo y de pecho rojo lamentablemente en proceso de extinción, ya es raro verlo, se despedía con gritos desgarradores, desapareció como un año, tiempo en el que duró su operación y tratamiento, quedó medio paralizado y con ello también perdió su buen carácter, su juventud, se volvió algo amargado, mejor diría renegado de la vida, no era para menos, ésta vez su suerte sería distinta Manuel en una actitud muy valiente regresó al bus a darle socorro a la señora, esta vez no corrió del peligro, lo enfrentó, pero le costó la vida, en esos precisos instantes, el golpe de la lloclla fue muy fuerte y comenzó arrastrar al abismo al ómnibus, no había forma de saltar, de salir, ya iba en picaba, algunos alcanzaron a ver a Manuel arrimado a una ventana, haciendo señas con la mano, señas de despedida Al fondo de la quebrada, al fondo del abismo solo encontraron los fierros retorcidos del bus, nuestro paisano y pariente felizmente fue encontrado igual que la señora después de una penosa búsqueda, fueron llevados a Viraco para darles cristiana sepultura. 

En medio de las montañas como accidente de la naturaleza se encuentra la denominada pampa de Don Arturo Guzmán y finalmente se llega, al terminal “Capiza”, una zona muy peculiar. Cuando conocí Chapi, me dio la impresión que se parecía a Capiza, con la diferencia, que las montañas que se cruzan son tres o cuatro veces más altas que las de Chapi, pero ese cruce de montañas de cerros, y una pequeña explanada las hacen parecidas una que viene del santuario de Uñón, y cuyo río toma del nombre de Taparza, que en temporadas de lluvias son rojas, por la arcilla roja que se desprende de la montaña por el golpe de las aguas, el otro viene de Típan, estas dos inmensas quebradas y sus consiguientes ríos, se juntan en Capiza, generando una zona de cruce de montañas espectacular, como dos venas que se juntan para formar una sola, en el terminal no se aprecia demasiado ello, pero si uno desciende al río, cuando lo hacíamos a pie y a lomo de bestia, uno se admira de la magnitud de la naturaleza, estos ríos que aquí se juntan dan lugar al río Capìza, que termina siendo un afluente importante del río Majes en la zona de “Andamayo”, que hicimos referencia. Aquí culminaba la primera travesía en vehículos, mejor dicho en las “góndolas “, para esto ya eran las cuatro o cinco de la tarde. 

 Casa hacienda de Tipan  Casa hacienda de Tipan. El molino de piedra y las palmeras añejas son el recuerdo de una época de esplendor. Foto: Jesus Cabrera Zegarra

 

 


 

CAPÍTULO SEGUNDO

CAPIZA-EL PASO DEL DIABLO: “LORITUYOC”

2.1.- La llegada a Capiza.- 

En Capiza terminaba un viaje de cerca de ocho a nueve horas y para llegar a nuestro destino, el más cercano Tipan era como once a doce horas a Viraco entre catorce a quince horas (hoy día llegar a Tipan es de seis horas, Viraco, siete) el tiempo de viaje se ha reducido porque se ha asfaltado casi toda la vía del valle de Majes desde Punta Colorada hasta el final: Andamayo. Y se han mejorado los medios de transporte ya no son las “góndolas”, ahora son los ómnibus. Llegando a Capiza uno se encontraba a veces que ya lo esperaban con las acémilas para continuar el viaje, otras veces llegaban tarde o nunca llegaban, entonces había que quedarse a pernoctar hasta el día siguiente con la esperanza que lleguen a recogerlos y/o finalmente reiniciar el viaje a pie. 

A veces me he quedado a dormir en casa de Doña Leonor, persona de lindo carácter, amable, gentil, conocía a mis padres, particularmente muy amiga de mi madre, se conocieron desde niñas, apreciada con mucha deferencia por mis abuelos. Siempre me brindó un afecto especial, yo me sentía en familia, era considerado casi como un hijo por ella, en su casa se reunía mucha gente que se quedaba por los mismos motivos que los míos. La señora Leonor como otras familias vivían en Capiza, allí instaló un pequeño restaurant. 

Gente procedente de los once distritos de Castilla Media y Alta convergían en Capiza, que se conocían desde hacía mucho tiempo, desde su niñez, habían tenido muchos encuentros, anécdotas; otros se veían después de meses, años, uno ya se puede imaginar la alegría que los invadía al verse, gritos, abrazos, y como era casi habitual un café, un té, unos tragos y por allí aparecía alguna guitarra, los huayños y las rancheras eran las preferidas de muchos de ellos, se iban de largo como se suele decir, hasta horas muy avanzadas de la noche y a veces de madrugada, no molestaban por cierto, yo aprendí muchas canciones escuchándolos. 

Pienso que al margen de las diferencias de altitud, Castilla Media y Alta tienen lazos comunes con Castilla Baja; pero desde el inicio del ascenso desde Andamayo, después Capiza hacia arriba, los pueblos, los distritos, tienen un lazo histórico común, una geografía integrada, ancestral por los caminos del Incanato, que posteriormente se los denominó caminos de arrieros y hoy por la carretera de trocha que los unen, evidentemente por su cultura, costumbres, fiestas, carnavales, comidas, producción agrícola y ganadera e incluso hay que desarrollar la tesis de que Castilla Media y Alta se conviertan en una nueva Provincia de Arequipa, algún día imagine que debería denominarse la Provincia de Coropuna. 

Hay que darle un impulso al desarrollo de toda esta zona olvidada y que mejor si se concentran recursos en una Municipalidad Provincial, no solamente se dispondrían de mayores recursos, sino las autoridades de este gobierno local que conocen los grandes problemas de Castilla Media y Alta atenderían y resolverían los problemas y necesidades de su gente. 

De Capiza a Tipan son como siete km, que se hacía entre tres a cuatro horas, por el camino llamado de herradura o caminos de arrieros como también se le denomina, son pequeños caminos que se han construido en la época de los incas. Es una ruta que desciende desde el Cuzco, Apurímac era la ruta sin duda de los chasquis para llegar al mar. Los españoles en su incursión a la sierra han utilizado ese trazo, creo que no han realizado mayores esfuerzos para habilitarlos, con el sudor por supuesto de los indígenas de la zona a quienes dominaron, estos caminos les ha facilitado su tarea de “descubrimiento”, conquista, búsquedas de “El Dorado” que siempre perseguían. 

Saliendo de Capiza hay que descender hasta llegar al río que en épocas tranquilas es preferible cruzar las aguas, no reviste mayor peligro, en épocas de avenidas el río crece considerablemente, es imposible cruzarlo hay que utilizar un mal llamado puente de palos, las bases de cada lado está construida con piedra y cemento de una altura de cinco a seis metros, sobre esta base se han puesto troncos, pero solamente superpuestos, algunos amarrados con alambre o sogas, siempre que he pasado ha faltado algún tronco, hay que bajarse de la cabalgadura, es preferible, cualquier cosa puede pasar, pero el instinto de protección de los animales para el peligro los hace pasar con mucho cuidado. 

He conocido un lamentable accidente en dicho puente, para pasar había que pagar un “peaje” que era vehementemente cobrado por la señora Eva Jorisaca, en una oportunidad por querer atajar las acémilas para evitar que pasen, primero había que pagar, accidentalmente una acémila la sacó del paso y cayó al vacío, al río, muriendo instantáneamente, se golpeó de manera atroz sobre una piedra saltante del río. A penas pasa uno el mal llamado puente o cuando sale del río, empieza una cuesta casi perpendicular, hay que ascender como trescientos metros, llegar casi hasta la tercera parte de la gran montaña y continuar nuestra travesía, en algunos trechos de la montaña no existe mayores problemas, el camino es de tierra y piedrecillas, en otras los tramos son de piedra o roca maciza, que incluso ha sido labrada para poder transitarlos, los animales pasan con mucho cuidado para no resbalarse,  

Yo era muy tranquilo como jinete, tomaba algunas precauciones, la montura bien cinchada, las riendas bien sujetas, si llevaba animales con carga con buenos aparejos, bien puestos y bien cinchados y sujetas, pero también era bastante observador, creo que ello me ha marcado en mi forma de ser, siempre me permitió, puedo así decirlo, conocer la ruta como la palma de mano, las características del terreno, la identificación de piedras con alguna particularidad especial que la diferenciaban unas de otras, por su tamaño, su color, su forma, hasta las piedras pequeñas, aún más las que se encontraban “grabadas” con figuras de animales, de cosas, lo que más en esa época me sorprendía eran las que se semejaban a imágenes de la Virgen María, del Niño Jesús. En aquella época yo era muy católico por tradición familiar, educado en un Colegio Católico en el Cusco, me forme creyente, después de mucho tiempo y ahora lo comento, hasta cargaba las andas. Yo sabía dónde se encontraban estas piedras grabadas con imágenes, alguna vez hasta le hice una pequeña gruta de piedras y pasado un tiempo ya encontré que alguien le puso velas, en verdad los arriero, la gente que transitaba por estas rutas eran muy creyentes, muy devota, se encomendaban siempre para que no les pase nada en el camino.  

2.2.- El “paso del diablo”.- Lorituyoc 

Como a tres km. o más de travesía uno se encuentra, con una de las más grandes dificultades para continuar, es el temor de todos, es un verdadero “paso del diablo”, hasta los animales percibían el peligro, se ponen siempre tensos, crispan su pelo como que no quisieran continuar. Las mujeres y personas de edad, normalmente tenían que pasar a pie, se trata de un verdadero desfiladero, su construcción fue un trabajo de titanes debió hacerse en alguna época muy lejana, ganarle un trecho a las montañas de roca maciza, un pequeño trecho de unos ciento cincuenta metros de largo, de ancho no pasa del metro, en la mitad esto se reduce un poco, solo puede pasar un animal; algunos burros con serones muy anchos o por la impudencia de quienes los cargaban, si golpeaban las rocas perdían el equilibrio y caían a una profundidad de cerca doscientos o más metros de altura donde pasa el río. Se dice que se realizaron trabajos de habilitación para que pasen animales y que fue realizado por don: Guillermo Rodríguez. 

Paso del Diablo Lorituyoc  Famoso Paso del Diablo "Lorituyoc". Camino de herradura obligado entre Capiza y Ambranja. Quedan pocos remanentes y es intransitable. Foto: Jesus Cabrera Zegarra

Recuerdo que fui a buscar a uno u otro para que me ayude, no se encontraban o les era imposible hacer el trabajo, mi único “socio” era un muchachito dos o tres años menor que yo, no tenía otra salida. Mateo, le dije, cámbiate rápido, nos vamos de viaje, hay que llevar los toros a Andamayo. Los camiones no podían subir a Capiza por derrumbes que se produjeron en dicho tramo y ello en épocas de lluvia es constante. Lo importante en estos casos es contar con buenas cabalgaduras, normalmente un buen caballo, brioso, ágil, arrancador, que imponga autoridad, ensillamos nuestro caballos y a la chacra en busca del ganado, nos ayudó el cuidante, emprendimos el trayecto, desde que salimos mi preocupación mayor era el paso del Lorituyoc, se me venían muchas cosas a la cabeza, pero estaba decidido a que todo me salga bien, ya cerca al este, alertamos a los toros del “peligro” con chiflos propios de los ganaderos, que parecía entender, con voces, gritos a todo pulmón y con el sonido de los fuetes se les obligada a caminar en fila, yo me encargue de más de la mitad de los toros, Mateo venía detrás, yo le abría el camino, los animales ante nuestra inquietud parece que percibían nuestra preocupación y el peligro vecino, incluso los toros bravos se calmaban e iniciaban la travesía con prudencia, tuve que ubicarme al comienzo del estrecho, bajarme del caballo y desde allí, al filo del abismo tirar algunas piedras contra algún distraído animal que pretendía detenerse, basta que se detenga alguno o que se ponga nervioso y pretenda querer dar la vuelta para que se genere una tragedia, uno, dos o tres toros caían y al diablo el fruto de un trabajo de meses, se destrozaba totalmente no es posible recuperar nada, o la golpiza o carajeada de mi abuelo, este me mata decía, felizmente la travesía fue tranquila-algunas veces les ha pasado a otros ganaderos. Pasamos con mucha serenidad, el resto del camino era sencillo, pero no había por qué descuidarse las rutas son siempre peligrosas, después Capiza, la carretera avanzamos ya con mucha tranquilidad, llegamos a la hora, allí estaban efectivamente los camiones del “gato Ortega”, mi abuelo me resondró, me dijo, por qué has venido solo, tu sabes lo que ha podido pasar, sí papá, le respondí. Cargamos los toros en los camiones, una tarea ya sencilla y emprendieron el viaje, mi abuelo por primera vez me dio un abrazo de despedida, y me dijo, te traeré un buen regalo de Lima. Gracias papa, le respondí. Adiós, buen viaje-. 

Cuando uno es joven, no tiene una verdadera dimensión del peligro, no aquilata lo que significa la vida misma, uno es arriesgado, no mide las consecuencias ni el peligro y normalmente pasábamos a “lomo de bestia”. Algunas veces había que quitarse el sombrero para evitar que roce con las rocas, no era mi caso por mi regular estatura, pero si el caballo era muy alto, había que hacerlo, realmente yo admiro la valentía sobre todo de las mujeres y niños de todas las edades que han transitado una y otra vez por el “Lorituyoc”, después de Cerro Negro”, el “Loritoyoc” se constituía en otro reto a transitar, a pasar y era cuestión de hombres y mujeres, templados, forjados en el campo, en el trabajo o rodeado de las montañas, valles y ríos que nos hacía formar parte de ella misma, era nuestra convivencia con la naturaleza, nos hacía confiar en salvar los obstáculos que esta nos presentaba, de allí provenía, seguramente el carácter fuerte, a veces violento de nuestra gente, dejaré algunas experiencias sobre esta travesía para comentarles más adelante, continuemos nuestro camino. 

Pasando el “Lorituyoc”, dos o tres kilómetros arriba, ya nos encontramos con el valle mismo, a ambos lados del río, chacras, filas de higueras en los dos lados de la quebrada o las bandas como se les suele decir. El higo es el fruto característico de esta zona, desde Antapampa, Ambranja, Cutcuta, Pampa Blanca, Oyoco, al frente la zona de Pata Pedro, posteriormente la quebrada de Coscota, Paracolca y finalmente Típan. 

En medio de montañas, chacras, sauces, higueras, membrillos, peras, se abría el camino de arrieros, unos kilómetros de ruta y ya divisamos Paracolca, Ayatayoc, Yacmes (anexos de Tipan) que se encontraba al margen izquierdo, un poco adelante y en el mismo margen se divisaba Típan, desde la zona de San Francisco, antes de llegar a casa (al margen derecho), atravesamos por una ruta que se encontraba casi encima de una fila de higueras como de un kilómetro, éstas constituían casi un cerco natural de una de las chacras de mi abuelo, se llamaba “Chamcupe”. 

2.3.- Las higueras.- 

Las higueras eran el origen de muchas historias en estos vallecitos, se cuentan en todas las familias de los pueblos. En mi familia se cuenta que cuando eran pequeños los hermanos de mi madre, se encontraban por allí jugando, de pronto apareció una mula, salió del medio de la higueras, votando fuego por el hocico y furiosa, se encontraba errada y golpeaba con los cascos el suelo del cual brotaba chispas y amenazaba seguirlos, mis tíos, corrieron como “alma de que lleva el diablo”, rumbo a la casa, pálidos, con saliva en la boca, no podían hablar ni explicar lo que habían visto, ninguno volteó pero sentían el golpe de los cascos detrás de ellos, esto sucedió en horas de la tarde, desde esa fecha no volvieron a recoger higos a “Chamcupe”. 

Dicen que esa mula es la representación de un cura que habitaba un kilómetro hacia arriba, aún existen los restos de una casa en ruinas, las paredes están casi intactas son de doble ancho, incluso la pintura resalta, es de color blanco, los techos a doble agua han desaparecido con el tiempo. Existía un batán grande, prueba que la casa estuvo no sólo habitada sino que eran numerosos a los que albergaba, existen muchas historias sobre dicha casa y sobre el cura, que apellidaba “Cárdenas”, que tenía mucha familia, se encontraba al pie del cementerio y el camino, creo que nunca apareció nadie a reclamarla, por décadas permaneció abandonada, ahora último me han comentado que ha aparecido un familiar reclamando como herencia. 

Esta “casa abandonada”, es a la vez la partición del camino de arrieros, en tanto hay una entrada a Tipan que se encuentra al frente. En las faldas del cerro se ha “construido”, mejor dicho se ha utilizado el cerro como cementerio del pueblo, esto desde la época pre-Inca o Inca, los nichos se encuentran en este sitio en hoyos o pequeños túneles que se abren en el cerro, es impresionante como le han ganado al cerro un espacio para guardar y proteger a sus deudos. Todo el cerro, que es de una pendiente casi perpendicular, es la mejor garantía de protección de los difuntos, la construcción es de varios pisos, aun se sigue construyendo, entre estos pisos o sobre ellos se abren pasadizos o caminitos donde solo puede transitar una persona a la vez, claro que delante de cada tumba o “cripta” existen pequeñas explanadas que permiten al visitante permanecer sin dificultad, creo que es el único cementerio con estas características en la región, una herencia que se ha mantenido durante siglos. En las noches cuando uno transita y cruza por entre la casa del cura y el cementerio, siente un silencio casi sepulcral, los animales se ponen tensos, briosos, cuando se va terminando el estrecho quisiera uno picar el caballo, una forma de darme valor para pasar era cantar, costumbre que siempre lo hacía cuando me encontraba en esas circunstancias. 

Es una zona ,como dicen, muy pesada, en alguna oportunidad regresaba de Tipan, nos reuníamos los jóvenes a conversar, jugar a las cartas, cantar, normalmente era en la plaza o en la casa de algún amigo, esta vez estuvimos en casa de Doña Reyna, con sus hijos Beto y Gaby de quien guardo siempre un recuerdo muy bonito. Antes que den las doce de la noche salí corriendo, había que cruzar a la banda antes de la hora de los “fantasmas” eso lo tenía en la cabeza; al estar ya en las chacras, al frente de la casa y emprender el descenso para entrar al río, sentí que alguien lloraba al lado del viejo molino, por instinto me detuve percibí inmediatamente un silencio sepulcral, me di un poco de valor y continué, pero otra vez el llanto, esta vez con más fuerza, con un lamento estremecedor, sentí temor, ya me encontraba en la disyuntiva de regresar, pero tampoco pude, sentí que la piernas me flaqueaban, el llanto era cada vez más nítido, un alma lloraba al lado del molino. Me quede paralizado, tampoco podía gritar, silbar, porque estaba en falta, era una de “esas escapadas” donde los amigos, opté por sacarme el poncho que llevaba puesto, me tiré sobre la grama al lado de una piedra y me tapé lo mejor que pude, dije: “de aquí no me muevo”, era la segunda vez que me pasaba algo parecido, la primera fue en la zona de Patapedro, me dirigía de Ambranja hacía Típan era como las seis de la tarde, ya estaba oscuro, había que necesariamente cruzar un fila de higueras en medio de las cuales cruzaba la acequia y al costado de esta un pequeño pitipan, no había otra posibilidad de utilizar una vía alternativa, hacia la parte superior se levanta el cerro mamas y hacia la parte baja de las higueras existe un barranco como de quinientos metros, ¡estaba atrapado!, un miedo desconocido me hizo detener, empecé a sudar, a temblar, las piernas me temblaban, no podía ni gritar, de nada hubiera servido en razón que era una zona completamente deshabitada, solo había chacras e higueras, no tuve más remedio que recostarme sobre el pasto y esperar lo que pase, hasta que amanezca y recién emprendí mi viaje hacia la casa, por temor a las críticas o bromas preferí guardar silencio. Vivía ahora algo parecido hasta que agarré el sueño en algún momento, ya con el alba desperté, me puse de pie y mi abuelo que a esas horas ya estaba de pie, me atrapa. Empezó a gritar, llamándome, estando cerca de él, me dijo que hacía allí, porque no pasaba, le expliqué, no me creyó, pero se quedó pensando y me advirtió, la próxima si llegas a esas horas, ya no tendrás oportunidad de contarlo, así que “ni más” como dicen por allá. 

Otra historia, sobre las higueras se produjo, según contaba mi abuelo a la salida de Paracolca, le sucedió algo extraño a un empleado, se llamaba Pedro, se comenta que estaba enamorado de la hija de don Cancio, un buen amigo de la familia, de muy buen carácter, muy conocedor de los árboles frutales de la zona especialista en realizar injertos, siempre se lo buscaba para pedirle un consejo. Algunas noches Pedro visitaba a su novia, pernoctaba en casa, ya era de casa, pero tenía que reportarse muy temprano a su centro de trabajo, la casa del abuelo, para ello a la salida de Paracolca obligatoriamente debía pasar por una zona cubierta completamente de higueras que la gente le había ganado un pasaje en medio de ellas, prácticamente un túnel de higueras, se llamaba “Pichuccro”, era muy oscuro, tétrico. Al pasar Pedro, con temor por cierto, se cruzó con una muchacha vestida de blanco, muy guapa, quien lo saluda y le pide si puede acompañarlo, el alba aparecía, pasaron el “túnel” de higueras, ella le pidió que le diera la mano, que lo acompañe, que se convierta en su pareja, que no la deje. Al comienzo Pedro se sorprendió, pero la insistencia en que la tome del brazo, y más aún que la abrace, lo hizo entrar en miedo, para esto ya se encontraba al frente de la casa, el alba era cada vez más clara. 

Pedro estaba asustado, la muchacha empezaba a ponerse blanca y exigente en que la abrace, y le decía: “deja que te lleve”, Pedro empezó a gritar y llamar a mi abuelo, ¡don Alvistur! ¡Don Alvistur! gritaba, esta mujer me quiere llevar, ¡sálveme!. En esos momentos mi abuelo ya se había levantado y ante los gritos salió al patio y vio que Pedro movía los brazo, gritaba, señalaba supuestamente a alguien que estaba a su lado, que lo jalaba, Pedro resistía, mi abuelo solo alcanzaba a ver al hombre y nadie a su lado. Pedro con más ansiedad seguía gritando, ¡ayúdenme!, me quiere llevar, mi abuelo con otro empleado y perros corrieron a la banda, la cofradía, algo extraño pasaba con Pedro, al llegar al cabo de unos minutos a su lado, lo encontraron tendido sobre el pasto y la alfalfa, vomitando espuma por boca, jadeando, amarillo y repitiendo, ¡sálvenme!, me quiere llevar, lo atendieron y poco a poco se fue recobrando, Pedro jamás volvió a regresar a esas horas a la casa. Existen varias versiones de esta naturaleza sobre las higueras, por ello las califican como “pesadas”, de las que hay que tener cuidado. Bueno en fin, sigamos nuestro camino, pero ya estamos en la casa del abuelo, hay que descender, la casa está ubicada en la misma quebrada al pie del cerro denominado “tipancillo” para algunos, para otros “San Francisco,” en cuya cumbre hay una cruz, ancestralmente esta zona se la conocía como Marcasiqui, “lugar donde marcaban el ganado”. Ya la noche la teníamos encima, ellos nos estaban esperando para recibir las nuevas que traía de Arequipa, cartas de la familia, periódicos que mi abuelo empezaba a ojear, siempre empezando por la última hoja, las del deporte, algunos víveres, frutas, y lo que no faltaba y era lo preferido de mi abuela, el pan de tres cachetes de la panadería de la Antiquilla (la calle Chullo, la primera cuadra al lado de la Recova, la cena, un té caliente y a la cama, la costumbre es irse temprano a descansar, hay que levantarse a las cinco de la mañana, mi abuelo daba la hora. Me fui a dormir, no sin antes escuchar las palabras de mi abuelo, “Adolfo, tu caballo, un negro “maltón” está en el corral, mañana te vas con el lechero a controlar el ordeño”, normalmente era la tarea que realizábamos todos, “de acuerdo papá hasta mañana, buenas noches”. Nunca a mi abuelo le dije como tal, no le gustaba, tampoco a mi abuela, eran mis padres mayores, así les gustaba que los llamara, yo era su hijo, tampoco les gustaba tratarme de nieto, ese trato fue muy importante en nuestras relaciones. “Hasta mañana mamá Lucila, hasta mañana Papá Alvistur”. 

Casa hacienda Ccmajayoc de la familia Duran de Pampacolca  Casa hacienda Ccamajayoc de la familia Durán de Pampacolca. Foto: Jesus Cabrera Zegarra 

  


 

CAPÍTULO TERCERO

“VACACIONES INOLVIDABLES”

3.1.- Mi primer día de “vacaciones”. 

A las cuatro de la mañana, creo que ya cantaba el tercer y último gallo, los gallos de navaja, de los cuales era criador mi abuelo y lo heredé. Aprendí la crianza, los cruces, la preparación, el atado de navajas, el careo y soltado de gallos de combate, solo los abandoné cuando ya en Arequipa encontré que la afición era casi reducida a algunos criadores de Majes, de Viraco, de quienes podemos decir han sido los pioneros de la crianza y riña de gallos de navaja. La hegemonía la tenían los gallos de pico o de espuela y me ganó esta afición, gallos de combate con la diferencias del caso. Hoy hay mucha discusión sobre la crianza y riñas, respetando a los protectores de los animales, algunos arrepentidos como Brigitte Bardot (en plena fama todos sus trajes eran de pieles de animales, y cuando se retiró del séptimo arte se dedicó a su defensa), me quedo con la expresión de defensa de Charles de Gaulle: “Los gallos en el combate encuentran otra forma de morir, más digna que en el matadero”. Hasta hoy día en el Norte de Francia esta afición y el combate de gallos es legal.  

Ya escuchaba las voces de mi abuelo (ahora puedo denominarlo así) llamando al lechero que dormía en el molino, era verdaderamente un molino antiguo ya en desuso, un ambiente bastante grande de unos seis metros de ancho por veinte de largo, todas las paredes construidas de piedra, asentada con adobe (tierra arcillosa mezclada con paja de trigo), el techo era de armazones de sauce y de paja, de “doble agua” o doble caída. La fachada o pared frontal tenía una puerta grande de madera de esas antiguas, en la parte superior se encontraba sobrepuesta un rostro en alto relieve de la virgen de la Concepción, la trajeron directamente de España a fines del siglo XVII. Es un rostro muy bello, sobre todo porque a diferencia de muchos rostros de vírgenes de la zona, se encuentra sonriendo, se distingue por tanto su dentadura, el molino resistió todos los temblores del siglo pasado, presenta fisuras por todas partes, lo sostenían con puntales de sauces, pero el rostro de la virgen se mantenía intacto, nunca cayó, al final por precaución la sacaron y está al cuidado de un familiar. 

Precisamente por esta construcción, la casa de mi abuelo se la conoce en toda la provincia Media y Alta como: El molino, así la denominan los lugareños. Representa para ellos un monumento, casi un símbolo, en tanto formaba parte de la antigua tradición rural, donde desde mediados o fines de siglo XVII en que fueron construidos por los españoles ha formado parte de la misma historia de Tipan y Castilla Media y Alta, por ello la necesidad de restaurarlo para integrarlo a un circuito o ruta turística de la zona. El molino está actualmente en abandono y corre el riesgo de deteriorarse completamente. Mis abuelos en vida distribuyeron toda la casa que incluye además, el molino, las huertas y corrales en forma casi proporcional a todos sus hijos, mi madre, su hermano Filiberto han manifestado públicamente su decisión de donar su parte al Municipio para estos fines, esperamos que esto suceda para que sea restaurado e integrarlo al circuito y sirva como centro de recreación y esparcimiento para la población de Típan y sus visitantes. 

Al fondo del pasadizo se encontraba el molino, que conserva aún las siguientes partes: dos grandes piedras circulares muy bien trabajadas parecen naturales, están superpuestas, las piedras tienen un orificio al centro mismo de ellas, la piedra inferior, se mantiene fija al piso especialmente construido, por ello se denomina “durmiente”, encima de esta otra piedra de las mismas dimensiones, superpuesta en la parte superior y que recibe el movimiento, la volandera, que a su vez estaba “sujetada” a un tronco que exactamente juega el rol de eje que articula las piedras con las aspas o paletas en la parte interior (podríamos decir el sótano). 

Este tronco con aspas o paletas recibían el golpe de agua que caía de la parte superior al sótano a una velocidad increíble por un canal que provenía de la acequia que se encontraba en la parte superior del molino, como a veinte metros y que por la fuerza que llevaba golpeaba las hélices y hacía girar el tronco, que a su vez movía con su eje la rueda, piedra del molino, a la que estaba sujeta en la parte superior; encima de esta se encontraba construida una especie de tolva, donde se echaba los granos que iban cayendo lentamente al orificio de las piedras, estos se incrustaban y eran triturados por el giro de la piedra superior, y que por el efecto del movimiento centrífugo va saliendo ya el grano convertido en harina a una cavidad alrededor de las piedras de las cuales solo había que recoger las harinas para tener listo el insumo básico para preparar el pan y otros productos como la “maisca” denominábamos así a la harina de cebada. “La maisca” la utilizamos en el desayuno diario, la mezclábamos con leche, muy importante para la alimentación diaria. 

Ya en ese tiempo este viejo molino no funcionaba. Lo utilizábamos como dormida de los empleados en el fondo y como planta lechera en la parte delantera, allí se encontraban instaladas todas las máquinas que hacía posible producir mantequilla, el producto esencial del fundo, antes que llegara la carretera. Salió también mi abuela llamando a Claudio así se llamaba el lechero, yo ya estaba despierto, rápidamente me levanté, también tenía que partir, estaba ya a su lado,-“Adolfo ve al molino y despierta al lechero”, dijo mi abuelo, “ese flojo seguro que ayer se fue al pueblo, regreso tarde, seguro se puso a tomar o se quedó con la Martina”. Eran varias la causas por las cuales Claudio no despertaba, bajé las gradas y ya estaba en el molino, empujé la puerta grande de entrada, no parecía trancada, eso era ya medio raro, prácticamente estaba abierta, llegué al lugar donde solía dormir y no había nadie, no estaba Claudio, su tarima estaba vacía, Papá, Mamá! Claudio no está. 

Este cholo de mier……, seguro que se escapó, hace tiempo me dijo que quería irse, pero le dije que antes tenía que traerme un reemplazo. Y ahora ¿qué hacemos?- preguntó, mi abuelo quien tenía un carácter muy fuerte, le decíamos “el terremoto”, no soportaba ser contrariado, no soportaba que las cosas le salieran mal, siempre buscaba que las cosas se realicen muy rápido y muy bien, no admitía errores. 

Podríamos decir que era autoritario, un comportamiento propio de los “terratenientes” de la zona que heredaron del viejo sistema feudal español, del cual se sentían “orgullos” de ser sus herederos, hecho que los diferenciaba del resto, de los “cholos”, los “indios” como algunos se referían, increíblemente algunos hacían referencia a su sangre “azul”, felizmente encontré gente de apellidos de “abolengo” que eran muy caballeros y respetuosos con los demás, cualquiera sea su origen, estas ideas felizmente ya están en proceso de extinción. Toda la familia de mi abuelo eran conocidos como “los caratacas”, porque según dicen “guardaban su plata en una petaca”. 

Mi abuelo, de pronto, con una voz autoritaria dijo, “Adolfo tienes que hacer el lecherío!, ¿crees que podrás?” agregó. Claro, le dije. Yo no me corría para ninguna labor, tenía cierta experiencia. Manos a la obra, había que encaronar seis burros y no era una tarea sencilla, para empezar eran seis los animales que diariamente había que ponerles la “carona”, es un apero que estaba constituida por piezas rectangulares que se ajustan al lomo de la acémila, construido en base a cueros de lana de carnero, trabajados especialmente para adaptarse al lomo de los animales, y puedan así soportar la carga y no dañarse el lomo con el peso, trece piezas formaban la “carona” que se colocaban una sobre otra estrictamente en el orden siguiente:  

Un sobrepelo,  

Cuatro calados,  

Dos cuñas,  

Dos solteros 

Dos casados 

Una tapa, 

Una sobre tapa, 

sobre esta última pieza iba la cincha, que permitía sujetar la carona al cuerpo del animal y ajustarlo con mucho cuidado y seguridad en las tres primeras costillas del vientre, una vez encaronados teníamos que poner la carga en cada uno de ellos, dos porongos muy bien sujetados, íbamos cuesta arriba, mejor dicho montañas arriba, con doce porongos de una capacidad de treinta litros cada uno, ensillar mi caballo ya era una tarea sencilla y estaba listo para emprender camino, para todo esto un muchachito de nueve a diez años me ayudaba, en pasarme los aperos, sujetar las riendas o agarrar los animales para que estén tranquilos y poder realizar bien todas las operaciones que requiere aparejarlo y cargarlos. Mi abuelo se sumaba a esta tarea solo y con una maestría admirable nos ganaba en encaronar los burros, como diciéndome así tienes que hacerlo o así se trabaja, ya estaba en camino. 

Mi primer día de vacaciones, yo diría de trabajo, que no solo iba a ser por esa jornada como dijo mi abuelo, sino durante todos los meses de vacaciones es decir hasta fines de abril, en razón que mis padres, nunca nos enviaban al colegio los primeros días de clases, es decir comienzos de abril, lo hacia los primeros días del mes de mayo por su sencillo razonamiento que en el primer mes se “vagaba”, los profesores no avanzaban, por tanto se perdía el tiempo, había que aprovecharlo trabajando en la chacra. En alguna oportunidad, mi abuelo pasó a justificar mi ausencia, fue algo raro, ante la llamada de atención del subdirector académico, mi abuelo le replico muy fuerte, un poco más y lo carajeaba y les dijo “ahí se los dejo, ustedes sabrán qué hacen”, y partió, no le quedó más al sub-director autorizar mi entrada. 

Algunas veces había que recorrer cerca de tres horas para llegar a las chacras lejanas donde se encontraba el ganado lechero, era cerro arriba, por los caminos de herradura. La parte que se encontraba más alejada era Rituy (Anexo de Viraco), allí se encontraban dos chacras, una en la banda derecha: Mayuquita y la otra en la izquierda: Santa Úrsula, de más o menos ocho a diez topos cada una, para llegar a esta última había que descender al río del mismo nombre para volver a subir hasta la parte plana o la ladera en que quedaba la chacra, llegando ya me recibía el vaquero, su esposa, sus hijos, y una señora que ayudaba en el ordeño, esperaban los porongos, una vez que se descargaba, se soltaba la cincha a los animales y se los dejaba libres para que comieran y descansaran.  

Este río, es llamado “Llacllajo” en el anexo de Pircuy, continua otro anexo llamado Pilcuy, zonas de cataratas muy sorprendentes y de restos arqueológicos; tengo un recuerdo siempre presente cuando estoy por la zona, alguna vez que por ver el ganado de engorde, me demoré un poco y como a las dos de la tarde regresé, era necesario regresar temprano para evitar la entrada del río, que normalmente se produce en el verano en horas de la tarde. Al momento de llegar a la orilla, ya comenzó a subir su caudal, rápidamente piqué el caballo, ya estaba en medio de las aguas que empezaron a golpear con encarnizada violencia, el caballo empezó a trastabillar, a perder el equilibrio, no podía avanzar, finalmente cayó de “manos”, sus patas delanteras no resistieron el golpe de las piedras, yo seguía firmemente aferrado con mis piernas al caballo y con las manos me sujetaba de su crin, las riendas no me servían para sostenerme, el caballo peleó, luchó, no bajaba la cabeza y felizmente se repuso, aproveche para jalar las riendas, gritarle, dándole ánimos, picando con fuerza con mis talones, dio un salto y ya estábamos cerca de la orilla, fuera de peligro, completamente mojados. Alguna gente que transitaba se percató, corrió en nuestra ayuda, pero ya estábamos fuera de peligro, me di un gran susto, “de la que me salve”, me dije , todavía el sol estaba fuerte, desensillé mi caballo me saque casi toda la ropa y la puse sobre las piedras a secar, no podía cabalgar completamente mojado, los curiosos me gastaron varias bromas al verme medio desnudo, después de un buen descanso, los aperos y mi ropa ya estaban medio secos, reinicié mi viaje de regreso a todo trote, había perdido mucho tiempo. Volvamos al trabajo cotidiano. 

3.2.- El ordeño del hato lechero.- 

El ordeño empieza soltando a los terneros del corral uno después otro conforme avanzábamos en sacar la leche a sus madres, la tarea no era sencilla: una vez que el ternero salía del corral, este corría en dirección a la madre que ya lo estaba esperando. Madres e hijos, mejor dichos vacas y terneros, se buscaban, balaban para comunicarse, se reconocían rápidamente, inmediatamente la madre se ponía a darle de “lactar”. Aprovechamos esa circunstancia para maniatarla de las patas traseras, a la par que trasladábamos con las manos el hocico del ternero para que succionará cada una de las tetillas de la ubre con el fin de que la “madre soltara la leche”, de cada una de ellas, el ternero succionaba con fuerza, era su primer alimento del día, estaban hambrientos y necesitaban su “desayuno”. 

Después de un tiempo prudencial empezamos el ordeño, con nuestro balde en la mano, una pareja por vaca ubicados a cada costado de ella, con las manos, previamente lavadas, ordeñamos con pequeños jalones y/o pequeños golpes las tetillas con un apretón de manos para que la leche saliera. Casi siempre, lo heredé de mi abuelo, la primer vaca era una negra, el primer saque de leche no era un balde, sino era un litro de leche para beberlo antes de empezar el ordeño, era mi desayuno, de un solo golpe bebía un litro de leche, es agradable sentir el sabor natural de la lecha e incluso muy tibiecita, ya estaba en forma para el trabajo. 

Éramos dos parejas normalmente para el ordeño de unas veinticinco o treinta vacas, para mí el primer día era una tortura, después de muchos meses volver a sacar leche, uno pierde la costumbre, para comenzar las vacas a uno lo desconocen, se ponen inquietas con nuestras palmas, no sucede con los demás, siempre es así, tardan en reconocernos o acostumbrarse. Rápidamente por la falta de ejercicio las manos empiezan a flaquear, los brazos se debilitan, la tarea se hace pesada, pero hay que esforzarse para ir al ritmo de los otros, el segundo día aún uno siente la “pegada”, a partir del tercer o cuarto día se vuelve experto, agarra el ritmo e incluso empezamos a competir entre nosotros, por quién ordeñaba más vacas, era parte de la distracción del trabajo. Al comienzo le “corría” a las mejores vacas, a una en especial que la llamábamos la “Tapa porongo” por su rendimiento por encima de los 15 litros, las vacas eran de la raza holstein-Friesan, excelentes lecheras, su orígenes se remontan en el delta del Rhin, todas tenían un nombre, “parche blanco” las bautizaba con el nombre de sus admiradoras. 

Mi madre por más de 20 de años estuvo realizando este trabajo, era maravilloso ver a mi madre sacar leche y compartir a veces con ella todo el ordeño, a pesar de su contextura delgada, bajita, de brazos y manitas pequeñas nos ganaba. Ella nació en lo que era aún anexo de Viraco: Típan, allí se crió y su convivencia con la naturaleza era envidiable. Tenía una destreza incomparable para ordeñar las vacas y para cualquier otro trabajo del campo. Como montaba los caballos, como arreaba las vacas, como trabajaba en las siembras y cosechas era admirable, ella no necesitaba enseñarnos nada, aprendimos todo con solo observarla e imitarla, las cosas nos salían generalmente bien, gracias viejita linda por todo. “Gracias corazoncito del Coropuna”.  

Cada porongo tenía como un colador de mantel, “cerníamos” la leche fresca, para evitar el paso de cualquier elemento extraño, impurezas. Después de cerca de tres horas estaba terminaba la faena, más de trescientos litros. Se dejaba dos o tres litros para el vaquero y su familia, así como para quien ayudaba al ordeño, e inmediatamente a cargar; cada burro llevada dos “porongos llenos”, de treinta litros cada uno, para mí no representaba un obstáculo levantar un porongo hasta el lomo del animal. Siempre al comienzo uno que no está acostumbrado a hacer fuerza o no tiene la técnica del caso, constituye un problema, pero hay que superarlo poco a poco, un porongo a cada lado de un burro, que los atábamos por los extremos con un pequeño lazo hecho de cuero a través de orificios que los porongos tienen en la base, lo mismo hacíamos en la parte superior, después procedíamos a sujetarlos con reatas. Normalmente hacíamos la técnica del “ocho” para que los porongos estén bien sujetados o no se deslicen ni hacia atrás ni hacia delante ni a los costados, la técnica era tan buena que en el camino de regreso no había necesidad de reacomodar la cargar o reajustarla, el regreso tomaba tiempo por la carga que llevábamos, después de tres horas ya estamos llegando al molino, la fábrica de mantequilla. 

El primer día de cabalgata como de seis horas, ida y vuelta es penoso, no solo por el calor que hay que soportar, el sombrero protege un poco, el polvo de la ruta, y el estar montado como seis horas le dejan a uno las piernas intocables, ello indudablemente por falta de costumbre, pero hay que adaptarse no es que me esté quejando pero es lo que pasa a quien después de mucho tiempo monta caballo. Las piernas en la parte interna a algunos se les llegan a escaldar y no pueden montar por días, nunca ha sido mi caso. Bueno, esa era la ruta de todos los días, de todas las semanas, de todos los meses, de los cuatro meses de “vacaciones”. Está prohibido faltar un día, es el trabajo del campo, aquí no existe días feriados ni domingos, ni cumpleaños, como a alguien en son de broma le decía, no podemos decirle a las vacas que “no produzcan leche mañana porque es feriado”. 

El trabajo del campo que realicé desde muy niño hasta mi mayoría de edad, me marcó mucho en mi disciplina y rigor que me imponía en muchas tareas; la ruta no era aburrida, era interesante, me hice amigo de la gente con la que me cruzaba, también con los que realizaban el mismo trabajo que el mío. Los paisajes, las quebradas, las cumbres, todo observaba, me distraían, por allí unas higueras, unas peras, unos duraznos a veces me daba el tiempo para dar un brinco y alcanzarme algunas. Las casas que se encontraba en el camino estaban muy distantes unas de otras, siempre alguien conocido, primos, tíos, amigos, nos saludamos a viva voz, con entusiasmo, un entrecruce de palabras y era todo, no había tiempo para detenerse. 

En los trayectos largos me daba el tiempo para pensar en mis padres, mis hermanos que los tenía lejos, los recordaba con tristeza, me daba mucha pena no tenerlos cerca, me hacía mucha falta su presencia, su cariño. Pensaba en los tiempos que vivíamos en el Cusco, toda la familia juntos, pasábamos momentos inolvidables con Gilfredo, Hernán, Gumersinda, recién nació en dicha ciudad Magdalena, recordaba a los amigos que tuve, del accidente que sufrió mi hermano Gilfredo en el colegio San Francisco. Montando bicicleta se fracturó la pierna izquierda, a la altura del peroné, estuvo varios meses en el hospital, me daba mucho miedo que pudiera perderla como dijeron algunos médicos, yo me echaba la culpa, porque fue a causa mía que nos trasladamos del colegio Salesianos, una historia no muy grata de contarla. 

De regreso a casa como todos los días, pasábamos por el frontis de la catedral, para llegar a la Cuesta San Blas donde vivíamos. De niño, y lo he visto siempre, se juega a los “empujones”, “las correteadas”. Un amigo me perseguía, cerca de las graderías del frontis, yo era muy ágil y por ello no descendí las gradas, justo al comenzar hice un giro y mi amigo se fue hacia las gradas, llegando a la pista, no pudo detenerse, un automóvil que justamente pasaba en esos instantes lo atropelló estuvo muy mal, me echaron injustamente la culpa, dijeron que lo empujé, algo inverosímil porque si lo hubiera hecho, la distancia entre la plataforma de la catedral a la pista son más de cinco metros, distancia suficiente para detenerse frente a cualquier empujón. Me da la impresión que quería seguir corriendo y no se percató del auto, todo un lío, por ello me castigaron, me indigné, me dio mucha rabia, hice una malcriadez en el colegio, cometí una tontería, no lo sé hasta hoy, fue una chiquillada, casi una pesadilla, mi padre nos sacó del colegio, por ello me lamentaba por el accidente de mi hermano. 

Recordaba mis escapadas del colegio Salesianos que queda en las laderas hacia Sacsayhuamán, que lo llegamos a conocer de memoria, sus túneles o mejor dicho la “Chincanas”, sus rodaderos, sus piedras como la piedra llamada “la campana” en razón que cuando la golpeas con una piedra pequeña emite un sonido muy peculiar, el Trono de Inca, una piedra así tallada donde el Inca precedía las principales ceremonias, jugábamos a las escondidas en la fortaleza que un día les dio glorias a nuestros antepasados. 

Recuerdo que por un tiempo no podíamos hacer la ruta de siempre para ir y regresar del colegio, no podíamos pasar por la plaza de armas, todos los días habían manifestaciones en apoyo a las tomas de tierras de los campesinos que pretendían ser disueltas por la policía. Estas eran cada vez más violentas, con gases, disparos, captura de manifestantes, la situación se tornaba más preocupante, sobre todo para la familia, mi padre trabajaba como policía y fue urgentemente destacado a La Convención. Un policía de civil se encargaba de llevarnos y traernos del colegio por la parte alta del Cuzco, por las laderas, los bosques, fue por un buen tiempo, mi padre regresaba cada mes. El enfrenamiento contra los guerrilleros de Hugo Blanco, con los campesinos, le dejó un trauma muy grande, él había convivido con ellos en Caylloma en las estancias de su padre, y ahora por esas cosas del destino tenía que enfrentarse en una lucha a muerte, nunca se perdonó el haberlos enfrentado y haber disparado contra ellos, a los pocos años renunció a la policía. 

Recuerdo, que alguna vez hicimos a pie el camino de La Pulpera hasta una estancia de mi padre que queda en las alturas de Chivay cuyo nombre era Posocco Era maravilloso el lugar, las chozas pequeñas, las lagunillas llenas de patillos, los cóndores al pie de una montañas, fuimos a la trasquila anual o como correctamente se le denomina “el chaccu”, el primer día la pasé sin problemas, el segundo también, me la pasaba jugando con los hijos de los pastores, al tercer día, en la noche, como a media noche sentí que me faltaba aire, comencé a gritar llamando a mi padre, a gesticular, entré en crisis, creo que perdí el conocimiento. Al día siguiente muy temprano reiniciamos nuestro viaje a Chivay, después de unas horas ya estábamos en las alturas divisando el valle del Colca, es extraordinaria esta vista, se me olvidó la horrible noche que pase, mi padre me comentó, que a veces en la altura se producen algunos bolsos o vacíos de aire y como mis pulmones eran más pequeños de los que habitaban en la altura no pudieron soportar esa falta de aire y entre en crisis, él también se dio un buen susto. 

Cuando cumplí quince años, mis padres querían regalarme algo, yo les dije, de regalo quiero que me permitan subir al Misti, justamente ya a inicios del mes de octubre se hablaba por los radios de la organización de una caravana para subir, la promocionaba el legendario Miguel Zárate, mis padres aceptaron, como era menor de edad, tenían que dar autorización y buscar una persona mayor responsable, mi padre se encontró con un amigo fotógrafo que vivía en el distrito de Cerro Colorado que estaba con su novia, todos los años subía al Misti hasta contrajo matrimonio en la misma cumbre, fue el primero; me “encargó” con él. Había previamente que hacerse un chequeo médico, un sábado partimos de la plaza de armas como a las diez de la mañana en un camión del ejército hasta Cachamarca, anexo del Distrito de Chiguata, uno de los más próximos al volcán. 

Después de unas recomendaciones, emprendimos la caminata, primero descender hasta el pequeño río que baja de las alturas y después la pampa, como a una o dos horas de camino empezaban la deserciones por la falta de aire, la fatiga hacía presa de algunos, para ello había un equipo de soldados de rescate que los regresaban, ya como a las cinco estábamos finalizando las pampas, estábamos al pie mismo del ascenso, allí decidimos descansar y pernoctar. Mi amigo con mayor experiencia me indicó que había que abrir un hueco en la arena para allí dormir, allí puse mi poncho que llevaba encima, me abrigué parte del cuerpo con él y eché arena hasta la mitad del cuerpo, quede dormido como nunca después de estar algunos minutos observando nuestro cielo colmado de estrellas. Muy temprano apenas empezó el alba, reiniciamos el recorrido, ya todo era pendiente.  

Yo tenía un regular físico, estaba preparado para caminar en ese tipo de terrenos, en Tipan muchas veces de niño nos perdíamos con mis hermanos en busca de los chivos que se escapaban de los corrales, la tareas nos la daba el abuelo, “pero vayan con cuidado, nada de trepar los riscos, ¡pero no regresen sin los chivos!” era contundente, nos tomaba a veces medio día para encontrarlos, pero nos distraíamos, observando arañas, alacranes, culebras, a veces le hacíamos ruedos para que pelearan. 

Éramos terribles, hacíamos nuestra colección de insectos, allí muchas veces encontrábamos restos de vajillas o cerámicas incas, en estas alturas de los cerros los “gentiles” hacían sus viviendas, existen restos de ellas, de pura piedra apilada, aquí se sentían seguros frente a la vegetación inmensa y espesa de las quebradas, de las entradas caudalosas del río y por tanto peligrosas, desde allí además podían observar todo, estar vigilando los cuatro puntos cardinales. Tipancillo es un perfecto puesto de observación de toda la quebrada de Tipan, así como de los ingresos y salidas, es un perfecto mirador natural. Era evidentemente en esos tiempos su morada que a su vez era casi una fortaleza perfecta para poder defenderse de cualquier tipo de ataque. 

Bueno. Por ello mismo fui el tercero en llegar a la cumbre, al lugar de encuentro, la cruz que allí se encuentra levantada, ya era cerca del mediodía. Poco a poco llegaban todos, el último creo que llegó como a las tres de la tarde, había que pernoctar esta vez en la cumbre del Misti, nos instalamos de frente a la ciudad, al lado contrario es peligroso por los gases tóxicos que se desprenden de los acantilados del cráter mayor. Desde la cumbre solo divisábamos, como hileras, las principales avenidas como la Independencia, las casas parecen desde arriba cajetillas de fósforos, la noche ya caía, había que protegerse en la tierra, ya no era arena, era una tierra con bastante piedrecillas donde abrí un hoyo, colocar de nuevo el poncho para abrigarme y esperar atrapar sueño. 

El frío era cada vez imposible de soportar, aumentaba más conforme avanzaba la noche, el viento golpeaba raudamente, unos muchachos mayores que yo hacían chirriar los dientes de frió, parecía que querían ya llorar, la gente mayor nos daba ánimos, nos tranquilizaba, mi amigo el del cerro, el fotógrafo, que estaba a mi lado, llevándose el dedo índice a la boca como señal de silencio o que hablara bajito, me alcanzo una botella y me dijo, “bebe esto, con ello no sentirás frió”, me llevé un sorbo, efectivamente como pensaba era un pisco, el aroma era inconfundible, lo conocí con mi abuelo porque lo comprábamos en el valle de majes, lo mezclaba con Chuchuwasi, se servía en horas de la mañana, varias veces me dio a probar un vaso de esos pequeños en que se sirve y se toma el pisco, “bueno para el frió, para la gripe” -nos decía-,pero solamente uno ¡cuidado! -me decía. Esta vez fueron más de tres sorbos, quede complemente dormido. 

Con el alba del nuevo día, todos caminaban de un lado a otro, querían correr, se frotaban las manos, esperaban con ansias los primeros rayos del sol. Mi amigo, dándome un pequeño recipiente, me dijo, muchacho tráeme un poco de nieve, la más limpia que encuentres, esta se encontraba en las inmediaciones, así lo hice, se quedó abriendo un tarrito de leche Nestlé, en un recipiente mezcló el hielo con el contenido de una botella de Coca Cola de esa pequeñitas que existían antes, lo batió, estaba listo para beberlo, primera vez que tomé algo tan agradable, diferente con una temperatura que te restablecía de la mala noche, para mi amigo, de la “ resaca”, se tomó más de dos vasos. Después bajamos una pequeña quebrada para llegar al cráter central del volcán, algunos llevaron pequeños recipientes que los descendían con alambres, sogas, correas improvisadas para obtener lava, lo observé con mucho temor, de un color negro brillante, parece brea ardiente. Esta borbotea, por veces se pone al rojo vivo, me causó cierto temor, nos dijimos “el Misti aquí está vivo”, alguien por allí comentó que “era una vivencia tranquila, no nos hará daño”, especularon mucho sobre ello, creo que no había un experto para explicarnos en esos momentos, el Misti solamente está dormido, me dije, había que esperar medio día para la misa. 

Un “padrecito” subió en un mulo o un burro no recuerdo bien, pero subió montado al Misti, por la parte posterior la pendiente es menor y existe un camino donde los animales pueden transitar, yo exclamaba, ¡pobres animalitos, que rico cura! no tiene ni siquiera la fe suficiente para hacer penitencia! Después de la misa, unos saludos por una radio de la localidad, saludé a mis padres, les dije que llegaba para tomar el chocolate por mi cumpleaños y empezamos el descenso, ya es cosa de juego, Cachamarca, la Plaza de armas ya mi padre estaba allí, la despedida con mi amigo del cerro, le agradecí sus consejos, su apoyo, quedó en obsequiarme unas fotos y ya estaba de regreso a la casa. 

Recordaba también la escuela de Típan donde terminé mi primaria, de mis profesores como Pompeyo Zúñiga, Raúl Castañeda, Ubaldo Vásquez, entre otros, mis compañeros de aula, con algunos me encontraba en el camino me sacaban de mis pensamientos, volvía a la realidad, nuestros encuentros eran muy entusiastas, quedamos en una promesa de encontrarnos en horas de la tarde para conversar, tocar una guitarra, cantar, para ello tenía un caballo siempre en casa que me permitía darme algunas “escapadas”, mi abuelo siempre me asignaba un caballo para mi uso “personal”, íbamos al corral, habían potros muy bonitos, me decía “escoge uno, el que te guste” lo hacía, “ahora tienes que amansarlo y tratarlo bien, ya sabes cómo me gusta que cuiden los animales-“me dijo, mi abuelo Alvistur sabía cómo los trataba así nos formó en la crianza de caballos, no solo es cuestión de amansarlos, sino lo más importante es saber montarlos, dominarlos, trasmitirles tu genio, tu temperamento, una vez amansado incluso pasamos una prueba, que consistía es llevar en la “grupa”, es decir en el anca del caballo a una chica, si la chica subía, montaba con uno y el caballo lo permitía, era que ya estaba completamente amansado, pero también decíamos y a veces con apuestas -si logras hacer montar a un chica, que por supuesto te gusta, en tu caballo, era porque ella aceptaba estar contigo, no todas las chicas montan a cualquier caballo, ni aceptan la invitación de cualquier jinete, pero las chicas de nuestra tierra les gusta el peligro, les gusta los caballos briosos, pero más aún les gusta los jinetes que les den seguridad, después de ello, ellas mismas terminan siendo excelentes en montar estos hermosos ejemplares de la zona. Por ello siempre disponía de un excelente caballo, era parte de la tradición familiar. 

El camino de regreso con la leche era tranquilo, un poco pesado, por la lentitud de la travesía, a los animales cargados no podía exigirles apurar el paso, había que tener la paciencia suficiente para ganar trechos al camino, de otro lado era bajada, había que tener algún cuidado, a paso lento pero seguro por las dificultades del camino, generalmente lleno de piedras y piedrecillas. En las cuestas las piedras resbaladizas, eran un peligro, he tenido felizmente pocos inconvenientes, diría que me convertí en un buen “lechero”, bueno sabía del oficio. Muchas veces acompañaba a los lecheros y de ellos aprendí, no tenía problemas con manejar la carga, era necesario ser observador con ella para detectar la menor irregularidad y corregirla al instante para evitar un desastre y así lo hacía, quizá por ello en mi vida siempre razoné en los proyectos que iniciaba y me jactaba de decir, hay que echar andar el proyecto, el trabajo, etc..: “la carga se arregla en el camino”, y así era, así funciona la vida, los proyectos por más excelentes que fuesen concebidos en su aplicación siempre surgen cosas nuevas, inconvenientes, hay que hacer siempre los reajustes necesarios, la vida cotidiana del arriero me enseñó eso. 

Recuerdo que después de un mes de trabajo, en el camino me cruce con una verdadera tropa de hombres a caballos, a mulas a pie, todos trotaban, eran los reclutas, un jinete portaba una bandera del Perú, encabeza el contingente, generalmente era un recluta voluntario, todos entonaban una canción que los identificaba, se denominaba como: “El batallón Coropuna“, custodiados férreamente por policías, era la tan odiada leva que todos los años durante el mes de febrero se realizaba. Ahí encontré a Claudio, nos saludamos, iba a pie, me baje del caballo para saludarlo, nos dimos un abrazo, me dijo, “don Adolfito cometí un error, ya sabía de la leva por eso escape, pensé que su abuelo me iba a entregar, pero igual me atraparon, dígale que me perdone, le juro que regreso, “no lo volví a ver más. 

Me quede con el recuerdo que en una oportunidad mi abuelo ofreció pagarle diez soles (en ese tiempo era plata) si me atrapaba, de esas tenía mi abuelo, cuando me “portaba mal” o no hacia los trabajos o encargos “como él quería”. Claudio me perseguía por toda la casa, la huerta, como era un poco gordito y yo ligero casi era imposible que me atrape, mi abuelo al darse cuenta, le ordenó al otro empleado que lo ayudara, me subí a la parte superior de la casa, por donde hay una acequia en la cual hay una toma de la cual discurre el agua a la casa, que por la caída toma velocidad, la corriente es fuerte, ahí lo espere, cuando llego, me dijo: “ya no tiene escapatoria”, el otro ya lo tenía a mi espalda, al lado izquierdo estaba la acequia, al otro lado un barranco de unos siete metros, efectivamente parecía que no tenía salida, él se abalanzó sobre mí y no me quedó más remedio que arrojarme al agua y se pasó de frente cayendo directamente al barranco, con tan mala suerte, yo diría buena suerte porque pudo ser peor, solo se rompió la cabeza. 

Claudio tenía un corte de casi diez centímetros, quedó casi desmayado, lo ayudamos llevándolo a la casa, mi abuela le dio los primeros auxilios, le paró la hemorragia cubriéndole la cabeza con un vendaje bajo la mirada amenazante de mi abuelo, mi abuela le incriminaba, le decía, “viejo terremoto”, cómo se te ocurre hacer perseguir a mi hijo. Había que trasladarlo a Viraco a fin de que pueda ser atendido por el único curandero de la zona y le dé las puntadas necesarias para cerrar la herida. Inmediatamente ensillamos dos caballos y partimos, llegamos después de dos horas. Nos dirigimos directamente a la botica de propiedad de don Juan Aza, oficiaba de boticario y curandero, previamente le cortó el cabello, para la risa de todos los curiosos, no tenía anestesia, le hizo beber un par te tragos de aguardiente y le dijo, “ahora tienes que aguantar” y empezó a coserle, el hombre lloraba, a mí me parecía que utilizaba “una aguja de arriero”, de esas grandes y que “cosía un costal de papas” y seguíamos bromeando, terminada la tarea, un buen caldo donde la señora Agripina, doña Pina como cariñosamente le decíamos, muy conocida por su buena mano para la cocina y los platos típicos como el famoso Queso al horno Viraqueño, y a emprender el camino de regreso. Claudio, me dijo, “don Adolfito, yo necesitaba esos diez soles por eso le hice caso a su abuelo”, bueno la calma volvió. Regresamos sin problemas. 

Por esos años a un vaquero de nombre Benigno, fue perseguido y capturado, pese a que tenía mujer e hijos, era mayor de edad no había servido al ejército, se lo llevaron. Para nada les interesó el destino de su familia, de sus hijos, pero en la ruta, saliendo casi de Típan hay una quebraba conocida como “Jollpa” paralela al valle de Típan, que se cruza en el lugar denominado Ambranja, justamente allí, en un descuido de los guardias, se metió a la quebrada, que está llena de molles, sauces, chilcas, un verdadero bosque, piedras por doquier por las entradas de las llocllas, pretendieron seguirlo, dispararon al aire y no lo persiguieron, lo dejaron, desistieron por temor a que los otros escapen. Al día siguiente, apareció en su lugar de trabajo, su hazaña fue por muchos años comentada. 

Años después me pasó algo parecido, “Parche blanco”, tenía “alguna bronca con un policía”, con él estábamos arreando el ganado de engorde, llegando a Huami, tres a cuatro km. de Tipan, de una de las tiendas del lugar ubicadas al lado de la carretera salieron dos policías, nos detuvieron, le pidieron a Parche blanco “sus papeles”, se los mostró, los revisaron , parece que todo estaba en regla, se los devolvieron, no tenía problemas, y de pronto uno de ellos me dice “tus papeles muchacho”, le respondí “que papeles”, “tu libreta militar”, le dije “no he cumplido aún los dieciocho años estudio la secundaria en Arequipa”. No entendió o no quiso entender y me obligó a bajarme de mi cabalgadura y me metió a uno de los cuartos de las trastienda, allí ya tenían como a cinco “capturados”, comentaban que recibían una bonificación por hombre reclutado. Mi tío Filiberto metió lío, todo un escándalo, les dijo “abusivos, es un menor de edad, no se dan cuenta” se desafiaron, casi se van a los golpes, las amenazas de por medio, al final mi tío, me dijo, -“Adolfo no te preocupes yo subo a Viraco a sacarte”, allí los juntaban a todos los “capturados”. Es decir a los reclutas. 

Ya estaba en el interior de la tienda, me di cuenta que los policías habían cometido un error, la trastienda o parte posterior de la casa daba a las chacras, eran laderas que llegaban hasta el río, una pendiente de unos quinientos a seiscientos metros, rápidamente reaccione les dije a mis compañeros de “mala suerte”, “quién quiere irse conmigo” yo conocía como a tres. Les dije “estamos libres, solo hay que correr, cuando los policías salgan a capturar al camino, corremos ladera abajo, como “alma que lleva el diablo” hacia el río ahí nadie nos captura”, el río estaba lleno de arbustos, sauces, uno o dos dudaron los otros me dijeron “don Adolfo, lo seguimos”, les indique, “al momento que salgan corremos yo conozco hasta el río”, precisamente en esas laderas mi abuelo tiene como tres chacras o sea que el terreno lo conocía como la palma de mi mano y así fue: después de casi media hora, salieron los dos policías a atrapar algún transeúnte como lo hicieron con nosotros, salí volando, cuatro me siguieron, saltábamos las laderas como venados, sin voltear, rumbo al río, de pronto voces, gritos, “deténgase o disparamos”, seguimos, más rápido, sonaron como dos disparos, estábamos ya muy lejos, después de cinco a seis minutos llegamos al río, cansados, casi sin aire, volteamos para ver si nos seguían, nada, todo era un absoluto silencio, nos metimos en los arbustos, bueno les dije “aquí tenemos dos salidas yo me voy a Típan río abajo, ustedes, son de Rituy, Pilcuy hagan lo mismo hacía arriba, por el río no se atreverán a seguirnos, además tienen que cuidar al que quedó y buscar a otros, hay que cuidarse”, alguno me agradeció, otro me dio la mano, nos despedimos todo fue rápido. 

Ya río abajo, me encontré con una gran dificultad, las montañas que se levantaban a cada lado del río que desciende del Coropuna se iban cerrando, el paso era cada vez más angosto, hasta que llegó un momento que solo eran montañas y en medio de ellas solo el río en un tramo de unos doscientos a trescientos metros, este paso se le conoce como la quebrada de Furia, me entró la duda, el temor era natural, inevitable, la inmensidad de las montañas que desde abajo se observa, uno es insignificante, casi juntas las montañas, solo están divididas por las aguas de río, y sobre todo que para mí era completamente desconocido. Alguna vez había escuchado hablar de este paso, pero no hubo la oportunidad de conocerlo, otra cosa es la realidad, no tenía alternativa, tenía que cruzar, las aguas aquí discurren lentamente, me di cuenta que estaban como empozadas, no solo había que chimbar, había que nadar, me metí con todo, efectivamente en un momento las aguas ya estaban encima de la cintura faltaban como unos cien metros, no me quedó otra que arrojarme, nadar, así lo hice en el tramo que faltaba, mi mente, mi mirada estaba concentrada en el final del estrecho, podía ser peligroso, estaba asustado. 

Al final fue algo extraordinario, de nuevo los arbustos, árboles, una caída de aguas muy regular y de nuevo su cauce normal, de pronto una toma de agua, algo familiar para mí, agarré la acequia que normalmente tiene un caminito al lado y seguí ya tranquilo por esta ruta llegando a Chupacra, después Típan, el molino, la casa. Mi abuelo fue el primero que me observó, “ Adolfo ¿qué ha pasado, porqué estás mojado?, le conté lo que había acontecido, me tranquilizó, y me dijo, esos van a venir, no saben lo que les espera” nunca vinieron, porque los policías no comentaron la historia, porque habían cometido un error y no les convenía hacer el ridículo, ser el hazmerreír en toda la zona, pero, como dice, “en pueblo chico infierno grande” el hecho se extendió por todos los pueblos, eran el blanco de las bromas. 

3.3.- La mantequilla “Coropuna”.- 

Finalmente, otra vez la realidad de todos los días, llegando a la casa con mi carga de porongos, la tarea continuaba, había que descargar con cuidado y pasarlos a la fábrica de mantequilla: El Molino. El primer paso es descremar los 360 litros para producir primero la crema y para ello hay que descremar la leche fresca, hay que comenzar por armar una máquina denominada la descremadora que consistía en apilar, uno sobre otro, conos de metal pequeños donde entraban dieciocho platillos, por donde circulaba la leche y con la rotación que generábamos al manipularla obteníamos una fuerza centrífuga, haciéndola girar a gran velocidad, esta rotación separaba la grasa que contiene la leche del suero (agua), como existe diferencias de peso entre la grasa y el líquido, la grasa se acumula en el centro del cono formando la crema que discurre o baja lentamente por un canal o paletas a un depósito preparado expresamente, por otro canal baja el suero, el cual era destinado a la alimentación de los cerdos. 

La descremadora tiene depósito de recepción donde previamente se echa la leche antes de discurrir a los platillos, sobre este se colocaba un mantel. Una vez más se debía evitar que se filtre cualquier cosa ajena a la leche, eliminar cualquier impureza, mi tarea aquí consistía en dar vuelta a la manija que hace girar la máquina. Siempre había alguien que mantenía lleno el depósito de leche, esta vez era el pequeño ayudante del que hablé al momento de la partida, después de un par de horas se culminada la tarea, ya teníamos como dos o tres latas más de crema.  

La crema que obteníamos en el proceso de descremación se la hacía fermentar unos cuantos días, una vez madura o a punto, se la trataba en una segunda máquina denominada la batidora, en esta etapa la crema se transforma en mantequilla. Se bate la crema ya suficientemente fermentada o mejor como decíamos allá madura. Por la rotación de la máquina la crema se golpea contra la superficie, ello permite separar lo último de suero, permite que los glóbulos de grasa se junten, se suelden, transformándose en pequeños gránulos; es decir a través del batido la crema se vuelve espesa, luego se esponjaba y finalmente aparecen los finos granitos de mantequilla. Es momento de detener el batido y sacar a través de un orificio de la parte inferior el suero blanquecino que queda ya como residuo, luego hay que proceder a lavar la mantequilla obtenida, echándole agua en la misma máquina batidora, dos o tres veces hasta obtener una agua clara a fin de sacar las últimas impurezas que se expresa en un olor y sabor originados durante la acidificación de la crema. El agua que utilizábamos, la obteníamos de un manantial que teníamos en el patio de la casa, agua limpia y cristalina. 

Finalmente, pasábamos a la tercera y última etapa, la máquina denominada: La amasadora. Era de madera en forma circular, como un plato gigante y un rodillo acanalados, a través de la cual pasa la mantequilla, era con la finalidad de sacar el agua que pueda tener la mantequilla en su interior, asimismo es momento de agregarle sal fina y darle “el punto”, el gusto necesario, permitía también uniformizar completamente el producto, para ello había que degustar, raras veces se “nos pasaba la mano”, hacíamos muchas veces gala de nuestro buen gusto o buen paladar, la degustación era muy importante, mi abuelo siempre daba esa tarea realizando siempre una pequeña evaluación. Todos no tenemos el mismo paladar, la mantequilla ya terminada era transportada en porongos especiales hasta Capiza y de allí hacia Arequipa; en la casa del abuelo se procedía a moldearla, la moldeadora era rectangular, de madera, en la cual se llenaba de mantequilla al ras y proceder a sacarla con un empujador también de madera y empacarlas en porciones de una libra, ya estaba lista la riquísima mantequilla “Coropuna”. Mi abuelo fue el primero en colocar este nombre a una de las mejores mantequillas de la parte Media y Alta de Castilla de aquella época. 

Nuestra mantequilla era muy preciada, se llamaba “Coropuna”, así estaba registrado en el envase, tenía un mercado cautivo, los clientes la buscaban, la esperaban cada quince días, las familias de la zona, los trabajadores de instituciones públicas y privadas. Era muy prestigiosa como diríamos ahora, tuvo un excelente mercado, un olor fino, casi no perceptible, un gusto puro, un sabor agradable, con un color bastante o completamente uniforme, normalmente un amarillo casi canario y de textura firme y no se encontraba en absoluto una gota de agua. Si usted encuentra esta mantequilla con estas características en el mercado, no le diré que es de mi abuelo sino le diré: es una excelente mantequilla.  

Continuemos con el trabajo de la lechería, con la limpieza de las máquinas, de los porongos terminaba mi labor, es decir, hay que lavar la máquina con agua caliente pieza por pieza para que salga la grasa natural de la leche. De la misma manera procedíamos con los porongos, dejar todo limpio para el día siguiente, aquí terminaba mi trabajo cotidiano, inmediatamente unos buenos zambullidos y brazadas en la piscina, eran suficiente para asearse y recuperar aliento para saborear el almuerzo que especialmente hacía preparar mi abuela, que me engreía, tenía que reponer las fuerzas para el día siguiente, creo que no pregunté : ¿cuándo llegaba el nuevo lechero?, yo pensaba que estaban a la búsqueda, lo encontraba además casi divertido. 

3.4.- La agricultura tradicional se desgrana.- 

Pero todo tiene su final como reza una canción, hasta que la empresa trasnacional Carnation conocida popularmente como: Leche Gloria, llegó a Castilla Media y Alta con la carreta que se construyó hasta Viraco entre los años 60 y 70, que fue un esfuerzo del Estado, pero las familias de todos los distritos de Castilla Media y Alta aportaron su cuota de mano de obra, es decir la carretera “el pueblo lo hizo”, así como construyó sus canales de regadío, sus andenes, sus iglesias, etc. Pero parece que la carretera fue construida también para beneficio de esta empresa y que no aportó ninguna cuota de trabajo, porque de pronto hasta quien era propietario de una o dos vaquitas empezó a entregar leche a “Gloria”, ello significó un cambio en las características de las actividades cotidianas de cientos de familias, disminuía las tareas, había tiempo para hacer otras cosas, pero ya no se disponía de los derivados de la leche en las casas (El queso, la exquisita cuajada, la mantequilla, suero). Casi toda la leche es entregado a “Gloria”, algunos ni siquiera se guardaban algo para el desayuno, la comercialización de los derivados, por tanto, casi se extinguen, de la misma manera disminuyó las tierras dedicadas a productos de pan llevar y otros como la cebada, el trigo, el maíz. 

Poco a poco el monocultivo tomo hegemonía: la alfalfa. De ser recolectores de los frutos del trabajo día a día, de obtener recursos por las ventas o mitas y otras modalidades de intercambio de productos realizadas, se las obtiene ahora de “Gloria” cada quince días, en sobre cerrado, la plata directa y “calientita” les llega a los productores, ello cambió como ya dijimos la vida de las familias en la parte Media y Alta de Castilla, diría en casi toda la región. Se produjo un desarrollo de las relaciones mercantiles-monetarias, y con ello las relaciones capitalistas de producción en tanto el pago a la fuerza de trabajo (los jornaleros) a cambio de su trabajo recibían una determinada cantidad de dinero, se fue constituyendo un trabajador agrícola–ganadero asalariado que compartían dicha actividad con el trabajo de sus pequeñas propiedades, generalmente huertas y crianza de animales menores. 

Lentamente se introdujo una economía esencialmente mercantil donde el dinero era ya imprescindible para hacer frente a las compras de productos de primera necesidad que se ofrecen en tiendas de abarrotes que empezaron a surgir en todos los pueblos. Las retribuciones al trabajo ya son esencialmente en dinero, van extinguiéndose las formas de pago a la fuerza de trabajo en especies, en productos, en parcelas, en pastoreo de sus animales, etc. mi abuelo optó por trabajar con “leche Gloria”, bueno era razonable, por las ventajas que brindaba su venta y la necesidad ya de contar directamente con dinero para hacer frente a los pagos de los trabajadores y otras compras necesarias. Con ello terminó la producción de una de las mejores mantequillas del Perú. Por allí apareció una pequeña quesería que pretendía competir con Gloria S.A., después de un tiempo cerró. Existe una nueva en la zona de Huami que está logrando un éxito muy importante, pensamos que debieran difundirse los beneficios para los productores de leche. 

En las queserías encontramos una salida frente al monopolio de Leche Gloria, que además aún sigue pagando el litro de leche entre 80 ctvs. a 90 ctvs. En función de la cantidad de grasa, que nadie controla, ellos tienen varias justificaciones para no hacerlo. Tenemos que tomar como ejemplo lo que han hecho los franceses en la Región de Midi-Pyrenees, en la Comuna denominada de Roquefort en el Departamento de Aveyron; que les ha permitido producir el famoso queso que lleva el mismo nombre: Roquefort. En esta localidad usted no encuentra una fábrica, simplemente todo el mundo sabe fabricarlo, que se diferencia del resto de quesos por tener una calidad extraordinaria, producto de un conocimiento tácito, es decir adquirido en el trabajo realizado por sus ancestros y que se ha transmitido de generación en generación, existe una herencia cultural, por ello mismo es competitivo y le ha permitido construir nichos de mercado. 

Castilla Media y Alta cuenta con características similares por ejemplo un conocimiento tradicional que se viene transmitiendo de generación en generación, que significa utilizar lo que mejor produce la tierra, que permite una crianza de animales en forma natural (ganado vacuno, ovino caprino), una crianza con un excelente aire, con aguas puras que derivan del Coropuna o de manantiales del mismo nevado; tierra que permite producir cereales estratégicos, productos orgánicos y árboles frutales. Tierras, aire, aguas sin contaminación, evidentemente la calidad de la leche es superior a muchas, lo mismo que todos sus productos, lo que mejor saben hacer en la agricultura y la ganadería. Solo deben uniformizar los procesos, es decir toda la cadena, mantener los niveles de higiene. Producir por ejemplo los derivados de la leche con las mismas características y ponerle una etiqueta común: Queso, Mantequilla del Coropuna, o el nombre de la zona donde mejor se produzca, paltas, Lúcuma de Típan, cochinilla, quinua, etc. Estoy seguro que alcanzaran los éxitos de Roquefort, y así sucesivamente se puede hacer con otros productos, la producción de mantequilla que hay que retomarla, la artesanía, los productos orgánicos, cereales, frutas, etc. Desarrollar una economía en Castilla Alta basada en sus potencialidades, en sus conocimientos, en sus habilidades, sus destrezas, aspectos que se han divulgado desde hace cientos de años y hoy es urgente aplicarlas para generar desarrollo humano y sostenible.  

La vida, la economía casi cerrada de autoconsumo empezó a desintegrarse en la zona por el cambio en las actividades productivas a partir de los años sesenta del siglo pasado, se dejó de cultivar trigo, cebada, maíz, etc. las eras desaparecieron, con ello los molinos quedaron inactivos, solo quedó uno, el de Chupacra, todo ello incidió sobre la vida cotidiana, modificó aunque no sustancialmente las relaciones sociales de producción en el campo, sus costumbres se aferran, resisten pero vienen sufriendo algunas transformaciones, una economía agraria tradicional empieza a desgranarse, a destruirse por efectos de la producción mercantil, capitalista, el intercambio utilizando la moneda deviene en una necesidad imprescindible por cada vez todo se convierte en mercancía, es decir para adquirirlo hay que comprar y vender sus productos que lo obtienen individualmente. Todo ello es producto del proceso de cambios reformistas que se implementaron en el país a fines de los años sesenta ( la reforma agraria, la industrialización por sustitución de importaciones, etc.), el desarrollo de una infraestructura vial va a dinamizar este proceso y que significó el allanamiento para la implantación del sistema capitalista de producción que por las condiciones del tiempo en el que se desarrolla adopta características muy diferentes al de los países desarrollados: un capitalismo subordinado, atrasado, fuertemente dependiente, desarticulado y que no indujo en la transformación de las relaciones sociales de producción en el campo. 

Los cambios eran y son larvarios y por ello mismo rápidamente ha devenido en obsoleto para resolver los grandes problemas estructurales de la sociedad en todos los aspectos, sobre todo en las condiciones de vida de la gente. La mediana y pequeña propiedad, que es mayoría en la zona, genera una agricultura de pequeña y mediana escala que no es posible que genere riqueza para impulsar el desarrollo humano de sus gente, en tanto “solo dejan” un “excedente” que es utilizado casi en su totalidad para el consumo. De aquí surge entonces la necesidad de trabajar por la construcción de una alternativa, que no es otra que impulsar organizaciones asociativas, cooperativistas de los productores en torno a un desarrollo sostenible, base de una sociedad diferente, esa es la sociedad socialista que, en este siglo XXI , está conociendo la humanidad.  

¿Castila Media y Alta se desarrolló en términos económicos y sociales?, es una pregunta muy difícil de resolver, como hipótesis de trabajos futuros podemos decir de que comienza un proceso de integración lento a la urbe principal, Arequipa, al desarrollo de las actividades industriales, particularmente por la presencia de “leche Gloria”, la introducción de algunos cultivos nuevos destinados hacia la exportación, como la cochinilla, el desarrollo de árboles frutales, productos orgánicos y mineros. Estos cambios van a incidir en la creación de una infraestructura educativa, sanitaria, de servicios (agua, electricidad) que va a contribuir a mejorar las condiciones de vida de las familias, sin embargo las condiciones esenciales no van a sufrir un cambio sustancial, como la alimentación, su calidad, sus condiciones básicas de existencia. Y es más en Castilla Alta, es decir los distritos y pueblos que se encuentran a una altitud de más de 3500 m.s.n.m. donde los pastos escasean, no hay alfalfa, las condiciones de existencia siguen aún siendo la misma que en los siglos pasados. 

Evidentemente que se han producido cambios. Estos se vienen desarrollando lentamente, yo diría muy lentamente, hay importantes iniciativas, esfuerzos, pero en términos generales ello no está contribuyendo en el mejoramiento sustancial de la vida de su gente, en el cambio de condiciones de vida, de cultura, de educación, etc. La pobreza, la ignorancia, el atraso, el abandono siguen siendo las características que golpean a la mayoría de la gente que habita en esas zonas, Antes de la construcción de la carretera la gente casi siempre se la veía contenta, se puso contenta con la carretera, pero su vida no ha cambiado sustancialmente. Hoy los problemas evidentemente son otros, pero las sonrisas, las alegrías de antaño no volverán. El trabajo colectivo, las manifestaciones de vida social en grupo, en comunidad han sido fuertemente resentidas, cada cual empieza a buscar resolver sus propios problemas, se mantiene algunos trabajos comunitarios como el escarbo de las acequias, o de algunas obras pequeñas de infraestructura. Las relaciones mercantilistas de tipo capitalista se han impuesto, donde el dinero cumple el rol fundamental en la distribución de los productos de la tierra, en el proceso de transacciones de mercancías. 

Leche Gloria ha progresado, fue comprada por los propietarios de camiones que le prestaban servicio para recolectar la leche de todos los valles de Arequipa. Han dado pasos gigantescos de prosperidad, con las ganancias que brinda la leche de toda la región les ha permitido construir todo un imperio en la economía peruana. Cada vez más se está exportando nuestra leche que la procesa y paradójicamente el consumo per-cápita no llega ni siquiera a 50 lts/hab/año, mientras que la FAO (Organismo mundial de la alimentación) señala como mínimo 120 lts/hab/año, es decir, no llegamos ni siquiera a consumir la mitad de lo que recomienda la FAO, la situación es peor en estas zonas, en tanto la venta de leche es esencial para la compra de otros alimentos, etc. familias íntegras a pesar de ser productoras no toman una jarro de leche. Solamente enumeraré algunas de las más importantes extensiones y compras de esta empresa, aquí señalamos su historia monopólica:  

La Empresa General Milk Company, Inc. como accionista mayoritaria, constituyó la empresa Leche Gloria, el 5 de febrero de 1941, la fabricación de la leche evaporada Gloria empieza el 4 de mayo de 1942. 

General Milk Company INC, fue adquirida por la empresa norteamericana Carnation Company en 1978 y cambio su denominación social a Gloria S.A. 

En el año 1967 José Rodríguez, se iniciaron con la familia en el negocio de transportes y carga pesada, denominada José Rodríguez Banda S.A. brindaba servicios de transporte de Leche. 

En marzo de 1986 José Rodríguez Banda S.A. compra el porcentaje mayoritario de las acciones Gloria S.A. este mismo año Nestlé de Suiza ya era propietaria de Gloria S.A, había comprado todas las acciones de la Internacional Carnation Company en el año 1985. 

En agosto de 1986 José Rodríguez Banda S.A. adquirió la mayoría de las acciones de propiedad de Nestlé de Suiza, pasando a constituirse en accionista mayoritario, asumiendo la dirección de la empresa. El Grupo Gloria estaba constituido. 

En 1990, El Grupo Gloria, adquiere la empresa farmacéutica del Pacifico S.A. (FARPASA). 

En 1990, constituye la empresa Racionalización Empresarial S.A. (RACIEMSA), como empresa de servicios para todo el Grupo. 

Diciembre de 1990, el Grupo adquiere la empresa P.& A. D’Onofrio, fue posteriormente vendida a la transnacional Nestlé S.A. en 1997 

En 1992, el Grupo adquiere el Centro Papelero de Empresarios Privados. 

En 1993, adquiere la Sociedad Agraria Ganadera Luis Martin (productora de yogures). 

Febrero de 1994 compró la empresa Estatal Cemento Yura, que se construyó con los aportes del pueblo peruano, se remató en época de Fujimori, 

En 1994 adquirió la empresa INDERLAC, procesadora de leche UHT, crema de leche, quesos y jugos. En 1995, compro Comento Sur de Juliaca (, con ello constituye un “monopolio del cemento en la Región Sur del país, 

En diciembre de 1996, compró la Empresa Industrial Cachimayo S.A. 

En 1996 Gloria S.A., adquirió la empresa Pil Andina S.A., copando el 60% del mercado lácteo boliviano. 

En 1998, Construyó un Complejo Industrial de derivados lácteos en Huachipa. Con una inversión de 20 millones de dólares. 

En 1999 Gloria S.A. absorbió a la empresa Carnilac S.A. de Cajamarca, productora de quesos. 

En Setiembre de 1999, adquirió los activos de la empresa Pil Santa Cruz S.A. (IPILCRUZ), de Santa Cruz de la Sierra-Bolivia, consolidó su posición de lácteos en dicho país. 

En Setiembre de 1999, compró los activos de la empresa Frisland Perú S.A. consolidando la oferta de leche evaporada en envases de cartón UHT del Grupo. 

En Noviembre de 2002, La Planta de Evaporación de Majes, en el Pedregal-Arequipa inicio sus operaciones: recolección, evaporación y pre-tratamiento de la leche fresca. 

El 30 de diciembre del 2002 Gloria y Dean Foods Company compraron en sociedad la Corporación Suiza Puerto Rico, a su vez propietaria como de diez empresas del sector lácteo, jugos, etc. 

En Julio de 2003, opera la Planta de Concentración de Leche de Trujillo. 

Diciembre de 2004, el Grupo Gloria, adquirió el 100% de las acciones de la empresa Colombiana Algarra S.A. (procesando leche y jugos Tampico). 

En Mayo de 2005, Gloria Ecuador S.A. subsidiaria de José Rodríguez Banda, adquirió el 75% de la empresa láctea ecuatoriana Lechera Andina S.A. 

En enero del 2006, el Grupo Gloria compra el 45% de acciones de la Empresa Agroindustrial Casa Grande S. A., con ello pasó a ser propietaria del 67% de las acciones, por tanto mayoritario. 

En febrero del 2006, Gloria tomó control de la administración de Trupal S.A., empresa papelera. 

En Marzo del 2006, adquiere el 50% de los créditos de la Empresa Agroindustrial Chiquitoy S. A., ubicado en el valle de Chicama- La Libertad. 

En Abril de 2006, termina la construcción de las instalaciones de la Compañía Regional de Lácteos Argentina S.A. –CORLASA- La más moderna de la Argentina. 

En Agosto del 2006 adquiere Tableros Peruanos S.A.-TAPESA.- fabricación de tableros. 

En Diciembre de 2006 Gloria adquiere el 100% de las acciones de Manufacturas de Papeles y Cartones S.A. 

En Mayo de 2007, Gloria adquiere el 52% de acciones del Complejo Agroindustrial En Mayo de 2007, Gloria adquiere el 59.8% de la empresa agroindustrial Sintuco S.A., subsidiaria de su Corporación Azucarera del Perú – COAZUCAR. 

 

El Grupo Gloria S.A. en los últimos años, ha ampliado su imperio, ha incursionado en áreas estratégicas de la economía, tiene ya el monopolio en sectores productivos importantes, ha traspasado las fronteras del país, se ha convertido en una transnacional. 

Mientras tanto, la vida de cientos de miles de pequeños y medianos propietarios de tierras, que siembran alfalfa, que entregan diariamente dos, cuatro, seis porongos, su situación no ha cambiado sustancialmente, a pesar que ahora hay carretera, “una trocha”, infraestructura básica, agua, luz, postas médicas, escuelas, colegios, sus condiciones son en algunos casos dramáticos. La precariedad en todos los aspectos es la característica común, ello se expresa en las migraciones masivas de familias integras, de jóvenes, hombres y mujeres, en los pueblos la población que predomina son de niños y gente muy mayor. La base de la población, la que empuja al cambio, al desarrollo, salió en busca de trabajo, mejor educación, mayores oportunidades, por que lamentablemente al no haber diversificación agrícola, no producirse un desarrollo de la artesanía, al no desarrollar productos alternativos, etc. no existen posibilidades de que la historia cambie, por ello mismo buscan nuevos rumbos. 

La historia por los valles interandinos parece ser la misma siempre, con algunos rasgos de “modernidad” en beneficio de quienes tiene el poder del dinero, de inversiones, de capital. Para los de abajo la situación no cambia por ejemplo he visto a mis paisanos durante lustros, no solo con sus mismas costumbres sino también con el mismo sombrero, la misma camisa, la misma vestimenta, el mismo rostro, pero cada vez con mayores arrugas no solo por el paso del tiempo que irremediablemente dejan sus huellas sino porque estas se agrietan más por el sufrimiento, por el agobio, por la tristeza. Muy a pesar de que el clima tan bondadoso de la zona contrarresta los efectos negativos, a pesar de ello, las huellas en esos rostros son muestras de esperanza, de fe de que algún día cambie las cosas de verdad. 

Volvamos a lo nuestro, el trabajo del lecherío. Si las chacras en que se encontraban las vacas, como en este caso estaban lejos se alargaba demasiado el tiempo para cubrir las rutas no había tiempo para nada, un poco más y ya caía la noche, en otras oportunidades cuando estas se encontraban cercanas al molino, había el tiempo suficiente para darse una vuelta por el pueblo, estar con los amigos hasta altas horas de la noche, no solo era platica, era juegos como casinos, el contar historias y a veces tocar una guitarra y cantar algunas rancheras muy de moda en la época y sobretodo los huayñitos de la zona que expresaban la vida cotidiana de todas las quebraditas de Castilla Media y Alta. 

3.5.- Las canciones de Castilla.- 

Recuerdo que teníamos un excelente repertorio fabuloso de huayños, justamente en estos años aparece la primera composición de los Errantes, un huayño cuyas letras la sacaron de la expresión popular y por ello mismo gusto rápidamente a todos y se convirtieron en las canciones de moda en nuestra zona, de Arequipa y del Perú entero, “Por allá arriba, por allá abajo, tengo mi camino, para llevarte, para robarte linda paisanita, linda tipeñita” así les cantábamos a las chicas del lugar. 

Y sobre todo un huayño muy popular de la zona: “Desde lima vengo a mi Machaguay a bailar el mambo con mi cholitay, mambo que rico mambo, mambo de Machaguay”. Este huayño como se sabe hizo bailar y cantar a todo el Perú, fue creado por un Viraqueño, el profesor Manuel Guzmán Collado, algunas versiones señalan que se inspiró en una agraciada muchachita que llego de Lima, a la cual pregunto en una reunión familiar: - de dónde vienes- y le contesta muy alegre- ¡desde lima vengo a mi Machaguay ¡ por esas fechas estaba a todo furor el mambo y la réplica no se hizo esperar, -dirás a bailar el mambo de Machaguay- , en ese encuentro, en esa fiesta, esa noche compuso todo la canción. Sin embargo, como la viveza, el oportunismo que prima en el Perú, un locutor de radio El Sol de Lima, el señor, sí aún podemos llamarlo así Luis Pizarro Cerrón, había conocido a una damita de Chupacra, anexo de Tipan en Lima, se casó con ella y vino a las fiestas, allí ya las bandas con todo entusiasmo interpretaban el Mambo de Machaguay así como los lugareños entonaban la letra, percibiendo el furor que ocasionaba el huayñito no hizo más que copiarla. De regreso a Lima la registró como suya y la vendió a Abanto Morales para que la interpretara, tuvo un gran éxito nacional e incluso internacional. Quienes conocemos la historia de ayer y de hoy, porque nuestros abuelos y padres que son testigos nos las han trasmitido, no podemos olvidarlo y por ello reivindicamos como autor al profesor Guzmán, el cual es siempre respetado y admirado por sus dones de gente, esa es la historia en el país. Con estas líneas le rindo un homenaje póstumo de mi parte, de toda la gente linda de Castilla. 

El Huayñito que dice: En el juzgado de mi provincia, he presentado un interdicto por reclamar, en mi recurso estoy pidiendo, que me devuelva esa ladronaza mi corazón,… en esta banda y en la otra banda tengo una rosa pa’ cultivarla no hallo que hacer, yo no la riego ni la cultivo porque con otro se ha de quedar su corazón, según innumerables testigos de Aplao, Tipan, Viraco, ya por los años 40 escucharon interpretar esta canción al doctor Jaime Durand, pero después de unos años alguien aparece como el autor, en fin historias que hay que reivindicar o corregir, el huayñito o himno de Viraco, Tres Recuerdos, se cantaba en todas las reuniones y fiestas de lugar.  

Tres recuerdos 

El perfume de tu boca… 

La armonía, la dulzura de tu voz, 

Tres recuerdos que yo añoro, 

Alma, vida y corazón. 

Cuando luzca tu verano, 

Esos campos con la lluvia brotarán, 

Nuevamente en el ocaso, 

Tus recuerdos volverán. 

He nacido en Viraco, 

Tierra mía, 

Tierra linda sin igual, 

Donde se anda en buen caballo, 

Acompañado de su amor. 

Hoy te rindo homenaje, con mis versos, 

Las guitarras sin igual, 

Porque eres tierra mía 

Así mismo que mi amor 

O el huayñito de Pampacolca que aún lo interpreta con mucho entusiasmo al compás de una guitarra ya golpeada por el tiempo que demuestra su trajinar “bohemio” el famoso “Cheque” como así lo conocen en todo el valle de Majes, me refiero a don Jesús Vigil, cada vez que nos encontramos en Aplao, compartimos muchos recuerdos, esta canción dice:  

Pampacolquina 

Pampacolquina no vendas flores, 

A los que pasan por tu jardín, 

Porque esas flores, Pampacolquina, 

En otros brazos han de llorar, 

En otros brazos han de sufrir, 

Cuando divises el Coropuna, 

Una aguilita veas volar, 

Será una prueba, será una seña, 

Que en otros brazos haz de llorar, 

Yo me voy con las esperanzas, 

De volver si es que no me muero. 

A Viraco llegó la Pastorcita Huaracina, la cual quedó muy enamorada de la tierra, no quería regresar de su “gira” casi echa raíces en las tierras del Coropuna, se recuerda aún como mi tío Eduardo Cárdenas la llamaba en su fundo Chipisma: - ¡Pastorita Huaracina el desayuno está listo-. Existen aun huayñitos deportivos como el del club Alianza, fundado a inicios del siglo XX, el alianza de Viraco es una roca….ingrata porque pretendes la nueva alianza…. O la del Club Sport Boys: El Sport Boys de Viraco sabe ganar, sabe perder” en broma nosotros en nuestras reuniones cantábamos el Sport Boys de Viraco sabe perder, sabe perder, el Alianza de Viraco sabe, ganar, sabe ganar espero no se molesten mis amigos del Boys. Todos los distritos tienen sus equipos como el de Tipan que fue fundado en 1957, siendo su primera madrina doña Leonor Bernal…. que obsequió unas chompas de color Azul y Rojo siendo los colores que adoptó el equipo, tenían también unas chompas verdes del color del vallecito y evidentemente sus canciones, se realizaban varios campeonatos, sobre todo en verano en que la juventud regresa a pasar vacaciones, así como las familias que bajaban de la parte Alta de Castilla, particularmente de Viraco a veranear en el balneario del Coropuna, el lugar de los encuentros era Tipan, a veces Paracolca o algún otro anexo: Tagre, Yacmes. Huami. Chupacra, tantos sitios no solo extraordinarios por sus chacras, parajes, sino sobre todo su linda gente. A mi madre varias veces la escuchaba entonar una canción, según ella la conoció desde muy niña: Hermoso Pueblo de Típan, bello Jardín, donde nació el amor, te quiero, te adoro mi Típan querido. No la he escuchado sino interpretada por mi madre en sus momentos de nostalgia. Exactamente Tipan es el bello jardín del Coropuna 

Tipan Querido 

(Homero Cárdenas) 

¡Oh! Tipan bello y querido 

Lugar de muchos recuerdos 

Terruño de mis abuelos 

Y de mis antepasados 

Desde niño te visitaba 

Montado en mi caballo 

En la fiesta de diciembre 

Sobre todo en todo el verano 

Virgencita inmaculada 

Patrona de los tipeños 

Protege a esa mi paloma 

Guardián de mis sentimientos 

Higos, tunas y manzanas 

Duraznos y ricas peras 

Chihuanco y las Jalayguas 

Las lindas rabiblancas 

Y las guitarras que cantan 

Tipan querido yo ya me voy 

Por tu terruño transitaré 

Pronto a tu tierra regresare 

“para ti Tipan querido 

Con todo corazón 

Los Hnos. Cárdenas Quintanilla 

Anexo de Tagre   Anexo de Tagre y su hermosa campiña. El valle de Tipan al fondo y el cerro Mamas a la derecha Foto:Jesus Cabrera Zegarra

 

 

CAPÍTULO CUARTO

TIPAN: “Pedacito del Coropuna”

4.1.-Típan: trocito de corazón 

Típan fue reconocido como distrito el 13 de diciembre de 1943, se encuentra a 1913 m.s.n.m. Es una quebrada cerrada y angosta, por lo alto de las montañas que lo rodean, por ello mismo el sol aparece un poco tarde y por lo mismo se va más temprano que en otros sitios. Su amanecer es extraordinario, sus árboles, sus pastos, sus alfalfares siempre llenos de escarcha, sus animales, sus aves trinan de alegría, el canto especial de las cuculíes, de las calandrias esperando impacientes la llegada del sol que por las montañas toman su tiempo para llegar, por ello los pobladores de Tagre, queda quebrada arriba, le gastan la broma siguiente a Tipan: “ Cuando nosotros almorzamos, los tipeños recién están tomando el desayuno”, por estar en una quebrada rodeada por montañas, su clima en la mayor parte del año es templado, caluroso, como mucha gente dice su clima es benigno para superar muchos males y enfermedades. 

A la entrada de Típan se levanta una montaña inmensa conocida como: Mamas, en esta montaña, en su parte superior es una explana grande, que por las lluvias ha logrado mantener cierta vegetación que permite alimentar algunos animales salvajes o semisalvajes como la taruca o venado serrano, el pueblo se encuentra al pie del cerro conocido como Cruz Pata, al frente se encuentra la montaña denominada Tipancillo, en toda la ladera de esta se encuentra el cementerio y en la parte superior el denominado “cementerio de piedras”, los seres humanos y la naturaleza han construido su “cementerio, al finalizar ya la quebrada las montañas se levantan delante de ella, de tal suerte que Típan se encuentra como encerrado por montañas por los cuatro costados es como un hoyo en medio de la cordillera, a ambos lados del rió la gente le ha ganado terreno para sembrar árboles frutales, pastizales, alfalfa en una franja entre 100 a 200m. Dependiendo del lugar, allí existen verdaderas huertas, jardines, después de estas distancias el suelo se levanta como cuatro a cinco metros donde empiezan unas explanadas muy bonitas, que son las chacras de lugar, en cuyas laderas ya casi al pie de los cerros pasan las acequias de regadíos, estas en algunas partes están casi cubiertas de higueras, tunales, árboles frutales, etc. 

La higuera es el árbol frutal representativo del lugar, estas forman hileras al pie de las montañas, han crecido al borde las acequias, por todo el valle existen higos de todas la variedades, en primavera por ejemplo a los higos que recién aparecen se les llama “brevas”, son bastante exquisitos, bulbosos yo creo más jugosos que los higos de plena temporadas. Hay higos cuya cáscara es muy negra, hay higos que al madurar empiezan a reventar, hay higos con un color negro en la parte bulbosa y medio coloraditos al final, su cáscara es un poco gruesa son bastantes dulces, ya cuando la temporada del higo fresco está pasando, aparecen las pasas, son arrugaditas pero con una delicia especial como las tipeñitas. 

No hay que comer demasiados higos para evitar problemas estomacales por ello mi abuelo siempre que íbamos a las higueras no decía “ después de cada diez higos tomen un sorbo de agua”, la bebíamos evidentemente del río o de las acequias, que se encontraban a nuestro alcance, nuestra tarea era recoger higos para la casa y aparte recoger para los chanchos, claro los selectos les dábamos “vuelta”, permanecíamos dos hasta tres horas sobre las higueras, pasando de una a otra higuera, pasando de rama en rama, haciendo todo tipo de peripecias y bromas. En época de lluvia hay que tener cuidado, las ramas más viejitas se ponen débiles y por el peso se quiebran, más de una vez he sufrido alguna caída, felizmente sin gravedad. 

La más fuerte de mis caídas fue, como de siete metros, en la chacra denominada “la Purísima” en Paracolca. Por alcanzar unos higos que se encontraban en cantidad en la “bajera” de una rama, sin darme cuenta avance trepando más de lo necesario, de pronto escucho el crujido de la rama, ya era tarde para retroceder, o para asirse de otra rama, no me quedó sino que abrazarme a la rama, al tronco principal, la rama se desprendió y cayó, para mi suerte las ramas frondosas chocaron primero con el suelo y amortiguaron mi caída, en si no lo sentí, solo fue un gran susto así como para quienes me acompañaban. La “Purísima” era una de las chacras preferidas de mis abuelos, una ladera con agua propia y en la parte superior está llena de higueras, lamentablemente tuvieron que desprenderse de ella, es decir venderla para afrontar “algunas dificultades” de la vida, cuándo lo hicieron sufrieron demasiado, pero estaban obligados hacerlo.  

Mi segunda caída se produjo en Paracolca, fue casi fatal ,me encontraba en la huerta, con mi hermano Hernán, mi tío Filiberto y un empleado: Pizarro. Yo me subí a sacar pacayes, un árbol de seis a siete metros, ya estaba en la altura, me distraje por saludar a Frida que vivía en la casa continua a la huerta, separadas ambas por un pasaje. Por hacerle alguna broma, instintivamente pretendí pasar a otra rama, no tomé las precauciones del caso, no me di cuenta de la fragilidad de la rama, ni tampoco busqué una nueva rama para sujetarme, pasé como bueno, como queriéndome lucir, llamar la atención, en verdad que Frida era muy guapa, valía la pena hacer piruetas para hacerla reír, aparentemente era muy seriecita. De pronto la rama a la cual pasaba, se dobló y caí, para mi suerte como después me comentaron, Pizarro había aflojado la tierra, había hecho unos surcos para sembrar, caí justamente allí, eso amortiguó la caída que fue de espaldas, pero, no por ello, no pasó nada. Perdí el conocimiento, fui cargado por Pizarro a la casa que queda como a dos kilómetros, a toda prisa. No recobraba el conocimiento, ya había pasado cerca de veinte minutos, mi abuelo inmediatamente mandó llamar a don Cesar Durand el médico del pueblo, se puede decir, había estudiado medicina creo que en Francia, pero no se quedó por allí prefirió dedicarse a trabajar sus chacras, asimismo decían que había dejado el fútbol, fue arquero de universitario de deportes, la tierra lo jalaba, vivía como a veinte minutos de la casa hacia arriba: en Jamajayoc. Ida y vuelta eran cuarenta minutos, pero yo no volvía. 

Justamente en esos momentos el ovejero, un viejito que ya tendría cerca de los 90 años, se dio cuenta rápidamente de lo que pasaba, todos estaban preocupados, llegaba con las ovejas que dormían en los corrales alrededor de la casa después de pastearlas durante el día, las aseguro y dijo que podía ayudar, ¿cómo? le dijo mi abuela, -deme la camisa que tiene puesta don Adolfito-, se la llevó como a trescientos metros detrás de la huerta, abrió un atado que llevada, esparciendo su contenido sobre una manta, empezó con las manos a jugar con la coca mientras fumaba un cigarro cuyo humo lo echaba sobre la camisa, al cabo de unos minutos empecé a recobrar el conocimiento, en verdad parece que se vuelve por el espacio, es oscuro al comienzo y de pronto van apareciendo estrellas, lucecitas y la realidad, la vida diría yo, desperté, mi abuela ya tenía en las manos un matecito, me hizo tomar unos sorbos y me dijo que me tranquilizara que ya todo había pasado, sentía ganas de gritar, de llorar, pero las palabras de mi abuela me calmaron y me dormí, después de darme un beso.  

Soy poco creyente de “las llamadas” o cosas así, sin embargo yo estuve o fui parte de estas, ¿a qué se le puede atribuir que recobrara el conocimiento? cuando don Cesar llegó, señaló que por el tiempo que había pasado era poco probable que me hubiera recuperado, él como muchos de los allí presente reconocieron tal acción. Los atributos del ovejero ya se comentaba que tenía esas cualidades, le sacaba la suerte a la gente, se decía que en las alturas de donde venía un día fue alcanzado por un rayo, de allí, sus dones, antes de regresar esa fecha de vacaciones fui a agradecerle y me sacó la suerte porque le lleve coca de gratitud, creo que lo que me dijo se cumplió en mi vida sobretodo lo más trascendental. También le agradecí a Pizarro, el aflojo la tierra, la limpió y rápidamente reaccionó para llevarme a casa, con él aprendí muchas cosas del campo, como realizar las rondas de agua y regar las chacras del abuelo, en una de las tantas veces que regresé ya no lo encontré más, simplemente me dijeron que había muerto, sentí una pena muy grande, él era no un empleado más del abuelo, sino mi amigo. Hay hechos inexplicables, sencillamente extraordinarios. Gracias a ello posiblemente le saque la vuelta a la muerte.  

Se habló por mucho tiempo de otro caso, algo parecido, se trataba de Polonia, la hija de señor Patiño, un día que estaba únicamente con sus hermanos, alguien con insistencia golpeó la puerta, pensó que buscaban a su papá, abrió, y según ella misma lo ha contado una y otra vez, al frente de ella estaban varias calaveras encapuchas que le hablaban, se reían, estiraban sus manos pretendiendo agarrarla, fue tan fuerte la impresión que perdió el conocimiento. No se recuperó durante más de una semana, todos creían que se volvería loca, porque balbuceaba, hablaba incoherencias, se desesperaba, optaron por contratar a un “curandero” cerca al Coropuna, por ello mismo se le conoce como “el curandero del Coropuna”, después de dos sesiones con él, Polonia volvió poco a poco a recobrar el conocimiento, volvió a la normalidad, recordaba con claridad lo que le pasó, según ella si sus hermanos menores no hubiesen salido detrás de ellas seguro que se la llevaban. 

4.-2.- Típan: su gente, sus huertas y jardines.- 

Típan como capital de distrito y sus anexos Paracolca, Tagre, Yacnes, Chupacra, en todos estos existen parajes muy bonitos, todo es verde, las huertas son lo más interesantes por la variedad de las frutas así como por su calidad. Hay huertas algunas especializadas como la del Gamaniel, por sus manzanas, los perales de don Lucas y doña Martina siempre nos invitaban algunas y sino, como estaban cerca al camino podíamos cogerlas. En Tipan encontramos casi todas las variedades de frutas: como pacayes, chirimoyas, lúcumas, manzanas, duraznos, membrillos, granadillas, pepinos, paltas, capulí salvaje, como no señalar el Arazanco y el Jerjo que producen algunos cáctus especiales, las tunas sobre todo las de Yacmes, hay que madrugar no solo para recogerlas frescas sino también para evitar que los “quepos” vuelen y puedan malograr la vista, existen tunas de todos colores y sabores, las moradas, las blancas, las amarillas en las últimas décadas se ha reducido su producción por la plantación y comercialización de la cochinilla que por el valor de esta en los mercados internacionales ha adquirido buenos precios que significa un ingreso alternativo importante para la población, frente a ello se han sembrado en las laderas de las cerros pancas de tuna para introducir la cochinilla que a requerido además construir acequias para regarlas, ha sido la iniciativa individual de la población que empezó esta actividad, en Yacmes recuerdo a un pionero de esta actividad: Porfirio Cárdenas. 

Conocí a don Zoilo Manchego, vivía en Mamas, al píe de la montaña que lleva su nombre, rodeado de higueras, de árboles frutales diversos, Don Zoilo como así le llamamos, era amigo de mi abuelo, era todo un caballero, respetuoso, correcto en todo, siempre que conversaba con él, no terminaba en darme consejos sobre la vida, sobre todo, algo que hay que recordar, es el hecho de que cuando alguien de la familia que por algún motivo se ausentaba por un buen periodo y regresaba don Zoilo estaba al corriente de todo, al día siguiente, casi generalmente aparecía un “balay” pequeño o mediano lleno de fruta de la temporada, era su regalo de bienvenida y no hacia diferencias con nadie, era su aprecio, su cariño que ¡lindo gesto! Todos en algún momento recibieron esta expresión de don Zoilo, un excelente hombre de trabajo, muy representativo de la zona.  

Si he nombrado a algunos con los cuales he tenido deferencia por las relaciones de trabajo, de amistad con mi familia no quiere decir que no recuerdo de quienes también han sido y son bellísimas personas en Paracolca: Doña Filomena Huaco, Don Leopoldo y Manuel Vera sus hijas compañeras de estudios Cristina y Luz, el tío Norberto Rosas, la Sra. Elodia Vargas, doña Elena de un cariño especial al lado de ella siempre estuvo Marina esposa del tío Severo; en Tipan Don Eusebio Vásquez, doña Laura Vásquez, Cleto Vásquez, Amílcar Ibárcena, Isaac Rodríguez, Policarpo Vera, Doña Rosalía Fernández, Miguel Rodríguez, Daniel Ibárcena, Anita Ibárcena, doña Donata Delgadillo su esposo don Pedro Ulloa, doña “Donatita” Ibárcena. Doña Angélica Ibárcena y su hija del mismo nombre, que cariñosamente la llamábamos Yequita, doña Cleofé no se aún por le dicen: “Chuma”, su esposo don Américo Rodríguez padres de mi compañera de estudios Iris. Don Filomeno Layme padre de mi compañero de estudios Valentín Layme “El palomo” y doña María Santos Patiño. Don José Ibárcena y la entrañable “tipeña” Dolores Tejada muy devota de la Virgen Si he olvidado a alguien, solo les pido mil disculpas, a veces la memoria no nos es muy fiel. 

4.3.- El trabajo de la tierra.- 

Pero estoy convencido que la vida tradicional, casi de autoconsumo que vivió Tipan y sus anexos y todos los distritos de Castilla Media y Alta, eran excepcionales, por su desenvolvimiento, su vida cotidiana, sus costumbres, sus parajes, era una economía como dijimos casi cerrada, se autoabastecía casi de la mayoría de productos que producía, era una economía agraria con características semi - serviles de explotación de la mano de obra por parte de quienes poseían importantes propiedades de tierras. A cambio de su trabajo en la chacra por ejemplo a los Vaqueros, se les permitía que criaran algunos animales, les proporcionaban un “gasto” o la “mercapa”, es decir víveres esenciales para hacer la olla todas las semanas y una pequeña cantidad de dinero, era la paga por su trabajo, los mismo sucedía con los ovejeros. Con los denominados empleados, al servicio de los quehaceres de la casa se llegaba a un acuerdo monetario a cambio de su trabajo, a los ronceros de agua, normalmente se les permitía el pastoreo en las chacras de dos a tres animales. 

La mayoría de los agricultores, eran y son pequeños propietarios, minifundistas y arrendatarios, ellos mismos trabajan su tierra, o bajo el sistema de mitas, es decir de trabajo comunitario, por ejemplo para el “rompe” de una chacra invadida por el pasto se realizaba trabajos solidarios, comunitarios se realizaba en horas de la noche, entre las seis a nueve de la noche, otras veces para sobrevivir tenían que trabajar para los propietarios de los fundos, o “casi” terratenientes, decimos “casi” porque a diferencia de los terratenientes de la costa y de la sierra, las propiedades oscilaban entre 10 a 15 hectáreas con algunos excepciones, en que llegaban a las 30 hectáreas, a veces completamente dispersos. La rentabilidad a su vez eran marcadamente desigual por el rendimiento diferencial que brindaba la tierra en relación a las de la costa, baja rentabilidad: bajos ingresos, utilización de instrumentos de trabajo tradicionales o rudimentarios, la fuerza de tracción principal para labrar la tierra eran el arado a través de bueyes o yuntas, sin infraestructura vial, marginada de los mercados, es decir no se encontraba articulado ni integrada al mayor mercado cercano: Arequipa.  

En las últimas décadas a fines de los años sesenta del siglo pasado se ha producido un proceso de desintegración de la gran propiedad de la tierra por efectos de la Reforma Agraria de Velasco como ya hicimos mención, por ejemplo solo afecto un fundo: el de Huasicac, en el Distrito de Machaguay, la desintegración de las medianas (que no llegaban a treinta hectáreas, que no fueron afectadas por la reforma agraria), la desintegración también se ha producido por la subdivisión a consecuencia de las herencia otorgado de padres a hijos, por la venta de parte de estas para hacer frente a deudas contraídas o para afrontar necesidades de liquides por las hipotecas para lograr prestamos por los motivos ya señalados, es decir atender compromisos inevitables de familia, etc. Ante la pérdida de rentabilidad de sus tierras, podríamos decir hoy día, existe la predominancia de la mediana, pequeña y micro propiedad, en esas épocas predominaban el cultivo del trigo, cebada, maíz, habas.  

4.4.- La Trilla.- 

Las cosechas eran muy ceremoniales, es decir la Trilla, existía una distribución muy organizada y planificada del trabajo, días antes ya se preparaba la era, los cegadores se encargaban de cortar el trigo o cebada y los cargadores que en mantas trasladaban las espigas cortadas hasta las eras, generalmente eran las mujeres y las personas mayores y los animales que iban a trotar sobre el trigo o cebada, se contrataban la gente que iba a trabajar. Todos tenían una tarea asignada, a nosotros los pequeños nos asignaban la tarea de arrear los caballos en la era, generalmente estos eran ligeros, por supuesto sin herrajes para que no quiebren los granos, debían mantener un paso ligero y permanente no podían detenerse y ahí estábamos gritando, hablándoles corriendo a veces al lado de ellos, cuando las pisadas ya lograban quebrar las espigas, pasaban a otras era o parva como se le denomina, para empezar la trilla. 

Para lograr separar la paja del cereal, se utiliza el procedimiento del ventilado o aventado precisamente con rastrillos se lanza al aire una determinada cantidad, de paja, al comienzo lo hacían gritando, como pidiendo a la naturaleza que no deje de soplar, era después del mediodía, hora en que un ligero viento se hacía presente, propicio para llevar adelante la operación, este arrastra la paja hacia un lado, cayendo al mismo lugar el grano. Se entonaban algunas estrofas en relación a la gente que trabajaba como: “Rosalía no seas perezosa, Catalina para mamar nomas eres buena”. Filiberto, Peta y Josefa no faltaban en las bromas. La chicha de jora o maíz ya se había preparado con anticipación, se pasaba a todos los trabajadores durante toda la jornada, se hacía un intermedio para almorzar, se improvisaba una “ mesa” en el suelo, en las pajas sobre las cuales se extendía un gran mantel y sobre estas las bandejas de: mote de habas, maíz, choclos con queso, el “almuerzo” nos era entregado a la mano para servirnos, después de un merecido descanso para continuar trabajando, normalmente casi se terminaba la tarea en horas de la tarde dejando el trigo o la cebaba en sacos que eran apilados para después ser cargados al molino. 

4.5.- La riqueza turística.-  

Tipan tiene un potencial turístico de importancia histórica, cultural, agroecológica, gastronómica, de descanso. Su clima es muy benigno la mayor parte del año. Es necesario establecer una ruta turística por ejemplo para conocer lugares enigmáticos, en sí constituye “un espacio natural y reserva paisajista del eje Aplao-Orcopampa” y allí encontramos:  

Las piedras enigmáticas de Paranccayoc: Centro ceremonial perteneciente al periodo Autónomo (origen desconocido). Lugar donde se encuentran piedras talladas que adoptan figuras de seres humanos decapitados, aves y felinos (escultura que refleja la fertilidad). Está ubicado en la parte alta de la capital del distrito, lugar apropiado para hacer camping. 

La ciudadela de Puca Puca : 

Este atractivo turístico se encuentra en el anexo de Yacmes. Es una ciudadela del periodo formativo y tiene una antigüedad de 1000 años antes de Cristo. Se caracteriza por sus casas que se encuentran ubicadas en niveles en forma de andenerías; sus habitaciones son pequeñas, debido a sus diseños, patrón arquitectónico y a sus características urbanísticas que constituyen un detalle único en la región de Arequipa. 

Las pinturas del Cerro Mamas : 

En medio del cerro Mamas anexo de Yacmes, encontramos abrigos o cavernas y en ellas se encuentran plasmadas, sobre la roca, pinturas características del arte rupestre: figuras de camélidos, aves, figuras geométricas, hombres con aspecto distorsionado, etc. El color utilizado es el rojo.  

Las huellas pre-históricas de Capiza : 

Localizado al ingreso de Tipan a un costado de la carretera; son huellas de diferentes tamaños y están ubicados en un área de 14 metros de ancho por 20 metros de largo. Dichas huellas pertenecieron a animales del periodo pre-histórico. El tamaño de alguna de las huellas tienes un radio de 30 cm.  

El mirador de Tipansillo:  

Está ubicado a la margen derecha del pueblo de Tipan. Desde ese lugar se visualiza la geografía y naturaleza de este valle interandino. Es un lugar apropiado para poder apreciar las distancias en la que se encuentran los atractivos turísticos de este valle enigmático y fantasioso.  

El Cementerio de piedras.- Entre el cerro de Tipancillo o San Francisco y La zona de Paranccayoc, por las cumbres de los cerros hay una ruta y en la parte superior del camposanto existe una especie de “cementerio” de piedras de color negro todas ellas de forma rectangular, en realidad parecen ataúdes, aunque muchas de ellas de mayor dimensión: de largo como de cinco a siete metros por dos o tres de ancho, casi perfectamente pulidas, unas están sobrepuestas sobre las otras algunas guardan cierta simetría espectacular, la pregunta que nos formulamos es la siguiente ¿Y estas piedras las construyeron los antiguos?, ¿los gentiles como allí se dice, seres extraterrestres o es la naturaleza caprichosa que ha creado estas piedras? o ¿son parte de la estructura de una fortaleza o un templo extraordinario que por el paso del tiempo se ha desplomado? usted tiene que visitarlas, sacar sus conclusiones, son como dos o tres decenas de ellas. 

Las terrazas y Andenerías: En las dos riberas del rio y que generan paisajes muy hermosos e inolvidables rodeados por carrizales, molles, sauces, chilcas, flores como el texao, 

Espacio preferido de aves.- La variedad de especies es extraordinaria, ya hicimos referencia al “Chirote” o más conocido como el Lorito de Tipan, la Loyhua (la calandria de Tipan) los Chihuancos, las cuculíes, las torcazas, las rabiblancas y los infaltables jilgueritos, las águilas y lechuzas, las gallaretas en el rio, en este también existen esporádicamente camarones pero encontramos cada vez más pejerreyes. 

El Aguaymanto o capulí serrano.- También es conocido como el tomatillo serrano, se encuentra normalmente en las laderas de las chacras, este fruto tiene muchas virtudes curativas, como por ejemplo sirve para combatir la diabetes, es riquísimo en vitamina A.-  

Ambranja

Paraje de Lorituyoc, entre Capiza y Ambranja. El camino de herradura era el unico paso antes de la carretera. Foto: Jesus Cabrera Zegarra

 

CAPITULO QUINTO

RECUERDOS INOLVIDABLES

5.1.-Los puentes de Tipan.- 

A lo largo del río, desde Capiza hasta Chupacra que corresponde a la jurisdicción de Tipan, existen como una docena de puentes, si así podemos llamar a los troncos que unían las dos riberas del rio ,generalmente de sauce, de determinado grosor que le da cierta resistencia, así como determinado largo o longitud dependiendo del ancho del rió. Normalmente se construían rústicamente, en las zonas que permitían unir los caminos de trocha o “pitipanes”, se buscaba el lugar más estrecho del río, donde se encontraba casi encajonado para que el puente este a determinada altura alejada de las aguas. 

En tiempos normales no existe ningún tipo de dificultades con los puentes, pero en tiempo de avenidas existen verdaderos peligros, a fin de facilitar el paso no solo se ponía un tronco, sino a veces dos, y a lado de estos se levantaba a cierta altura un pasamano, que permitía sujetarse. De estos puentes yo tengo recuerdos no muy gratos, uno de ellos fue un verdadero drama. Lo que pasó lo llevamos encima muchos años, digo lo llevamos porque con mi hermano Gilfredo fuimos fatalmente parte de un accidente en una travesía del puente que unía la casa a la chacras conocidas como las “cofradías”, los verdaderos propietarios era la Iglesia de la Cofradía de Condesuyos, como lo eran de decenas de chacras de esta provincia u otras, mis abuelos la arrendaban. 

Resulta que nos encontrábamos en la casa del abuelo, en el molino, la mayoría se fueron a la banda, a las cofradías, estaban muy atareados en las tareas de cosecha del maíz, éramos aún muy niños, de unos seis a siete años. En el patio de la casa jugábamos tranquilamente como dijo “la empleada “, junto a Felipe el hijo de un empleado, no se ha quien se le ocurrió, decir “vamos a la banda”, y creo sin pensarlo empezamos a caminar, ya cerca al río observamos que las aguas estaban turbias, eran como las cuatro de la tarde, esa tarde no llovía, pero, todo se encontraba húmedo. 

Nos dirigimos por el camino que nos lleva a la “banda”, cuando llegamos ya las aguas golpeaban el tronco que servía como puente, se encontraba completamente mojado, los tres subimos al puente, agarrándonos fuertemente del pasamanos que no era muy seguro, era débil, se flexionaba, se balanceaba, Gilfredo iba por delante, yo lo seguía y detrás mío Felipe. Pasamos casi la mitad, con la mirada fija hacia delante, nadie hablaba, creo que estábamos asustados por las aguas del rió que subían, intentábamos dar pisadas fijas en el tronco y con las dos manos yo me aferraba fuertemente al pasamanos avanzando las conforme daba los pasos, ya cerca de la orilla, sentimos un grito, avanzamos rápidamente para llegar, en el extremo mismo del puente volteamos, Felipe ya no estaba, Gilfredo que volteó primero logro ver que Felipe caía y desaparecía en las aguas turbulentas del rio.  

Nos asustamos, corrimos hacia donde estaban mis abuelos, mi madre, mis tíos, todos, llegamos desesperados, uno de los dos lloraba creo que era yo. Les indicamos rápidamente que Felipe se había caído al rió, todos corrieron, llegaron al puente, éste se encontraba ya completamente sobrepasado por las aguas, resistiendo la embestida. Corrieron rió abajo, como a dos kilómetros encontraron a Felipe, como que el rió lo había arrojado en una pequeña ribera, ya sin signos de vida, llegaba en las espaldas de su padre. 

Se levantaron muchas conjeturas, nos increpaban porque habíamos ido a la banda, que éramos traviesos, por allí incluso alguien dijo que nos habíamos puesto a jugar en el río, en el puente y por ello cayó, que jugábamos a quien pasa primero, en fin fue algo lamentable. Mi madre, mi abuela nos abrazaban solo atinaron a decir, han tenido suerte pudieron haber caído los tres fue cuestión de segundos, el golpe de agua sobre el puente cada más fuerte hizo perder el equilibrio a Felipe y no pudo sostenerse-, se fue hasta hoy día, pero no de mi memoria. 

Otro recuerdo sobre los puentes, felizmente no fatal, sucedió cuando, estando en la zona de Huami como a cinco kilómetros de Tipan, la hora se nos vino encima, había que esperar la noche, “parche blanco” quería dar una serenata, en Chipisma, era el mes de diciembre; Ya la lluvia la teníamos encima, a pesar de ello y bajo esta, al pie de la casa de quien parece le cautivo el corazón, una gatita de grandes ojos, mi tío entonó unas rancheras y fue todo, cumplió, emprendimos el regreso a Tipan a pie, es una pendiente, plena de andenes, cercos. Había que saltar, brincar caminar, correr, queríamos llegar a como dé lugar y los más pronto, era el día de la entrada de la fiesta de la Virgen de la Inmaculada Concepción, así como la quema del Ccapo, allí estaban todos reunidos no podíamos perdernos el acontecimiento. Llegando al cruce del río, por donde se encontraba el puente, este ya desapareció, el caudal del río había aumentado más que todos los días, el puente no resistió, ¿qué hacemos nos preguntamos?, ¿cómo pasamos? Hay que buscar un árbol, cuyos troncos o ramas lleguen hasta la otra rivera,  

Y así fue, empezamos a ver los árboles, hasta que encontramos uno cuyos troncos secundarios se extendían casi hasta la otra rivera. Subimos sobre este árbol, un tronco pequeño que casi llegaba a la orilla contraria, salte, caí sobre tierra firme, estaba lleno de pasto húmedo, mojado, diría yo, rápidamente me sobrepuse y avance hacia adelante, detrás mío al lado hacia lo mismo “parche”. Pasamos dijimos, y volteamos para ver como lo habíamos hecho, en esos precisos instantes, fue segundos, la zona donde saltamos y caímos fue carcomida y llevada por las aguas turbulentas del río, lo observamos con mucha claridad, la luna la teníamos encima, caramba! De la que nos libramos y nos salvamos. 

Nos dimos un fuerte abrazo, mi tío dijo la virgen ha querido que lleguemos a su fiesta, y empezamos a correr como locos rumbo a la plaza principal de Tipan, ya el fuego del ccapo estaba en plenitud, la gente alrededor, las notas de un huayño por la banda de músicos, algunas parejas bailaban. Nosotros, en silencio nos acercamos al ccapo, para secarnos la ropa que la teníamos empapada, de pronto gente conocida, algunos amigos, empezamos a contar nuestra historia, nadie nos creía, con “parche” nos mirábamos y decíamos, de la que nos salvamos, estábamos ya muy alegres. Bailamos con algunas amigas del lugar, quien nos creía era Angélica, una muchachita de aire fresco, de perfume de los texaos que adornan el rió, muchachita de rostro tipeñito. Bomboncito como breva de primavera.  

5.2.- Los encargos de mi abuelo.- 

La única comunicación, como nos hemos dado cuenta a Castilla Media Alta era a través de acémilas por el camino de herradura, había que recorrer grandes distancias de acuerdo al lugar del destino, Tipan está próximo a Capiza, pero como dijimos son como siete u ocho kilómetros. Mi abuelo cuando quedaba solo, porque mi abuela por algún motivo viajaba sola a Arequipa, pero estaban en permanente comunicación, felizmente por estas épocas ya instalaron un telégrafo que era atendido muy eficientemente por la Doña Rosalía de un carácter y una alegría especial nunca la vi triste. 

Sin embargo en épocas de lluvia siempre existían interferencias o cortes prolongados que nos mantenían completamente “aislados del mundo exterior” mi abuelo andaba muy preocupado por sus encargos, sus negocios, compromisos, etc. lo veía inquieto, preocupado, nos íbamos a dormir como era de costumbre muy temprano, siete u ocho de la noche, conciliaba el sueño rápidamente, creo que mi abuelo no lo hacía, permanecía con la luz del candelero prendido. No pasaba sino tres o cuatro horas, y me despertaba, la primera vez me sorprendí, la siguiente ya sabía de qué se trataba, no importaba si había luna o no, si la noche era completamente oscura, me decía Adolfo tienes que ir a Capiza y llevar esta carta urgente para tu mamá, agarra cualquier animal del corral y corre inmediatamente, a veces en el corral encontraba un caballo maduro o joven o una mula rápidamente los ensillaba y ya estaba en camino. 

Los animales conocían el camino, creo que sabían hasta donde se encontraban las piedras más peligrosas para evitarlas, sabían de los peligros, tomaban todas las previsiones, su instinto es muy desarrollado y sobretodo su vista. Una vez en un recodo en medio de las montañas, de pronto frenó el caballo, así de seco, iba al trote, en la noche no puedes galopar, me desestabilicé, salí hacia delante, logré prenderme de la crin y no caí, sujeté la rienda, me repuse, pique con fuerza, para reanudar el paso, nada. El caballo no se movía, estaba asustado, le di un par de latigazos no muy fuertes, nada, el caballo seguía parado como petrificado, se me ocurrido bajarme, así lo hice, agarre las riendas y empecé a jalarlo como dándole el ejemplo, como diciéndole no hay nada, no hay de que asustarse. 

Me dije, seguro paso una culebra, una rata, un zorrino, algo se nos cruzó, no me di cuenta, parece que estuve distraído en mis pensamientos, el caballo me siguió unos pasos, se paró completamente, de pronto este levanto la cabeza, la orejas erguidas, los ojos encendidos, lo seguí en su movimiento y al frente de nosotros en la parte superior observe un cactus grande con dos bifurcaciones en la parte superior, parecía un Cristo crucificado, un hombre con los brazo abiertos, que con la tenue luz de la noche por las estrellas, le daban un efecto especial, parecía un fantasma, al comienzo cuando lo vi rápidamente el cuerpo se me escarapeló, pero tomé valor di unos pasos más, agarré confianza, y con firmeza avance hablándole al caballo, este entendió, parece que también se dio cuenta y avanzo rápidamente. Lo volví a montar y sin dificultades continué mi viaje, normalmente llegaba a tiempo para cumplir el encargo del abuelo.  

En otra oportunidad encontré en el corral una mula, era extraordinaria, negra azabache, hija de una yegua negra grande, muy hermosa, era su primera cría. Mi abuelo hacía este tipo de cruces, tenía excelentes ejemplares. La mula es el animal más seguro, su pisada es más firme que la de los caballos, difícilmente se tropieza y si lo hace con una asombrosa frialdad se recupera. Tienen mucha fortaleza, se utilizaba mucho para los grandes recorridos, sobre todo cuando se iba a la “sierra” (Cusco, Apurímac) a comprar ganado para engorde que era una de las actividades más dinámicas de la época. Salí con mucha tranquilidad llevando el encargo de mi abuelo, como siempre me recomendaba, me decía, ten cuidado, regresas inmediatamente, mañana hay mucho que hacer. 

Con la mula la ruta debía hacerla normalmente y así fue, hasta llegar al paso del “Lorituyoc” al que ya hice referencia, el animal mismo creo por instinto primero y por precaución se frenaba, era necesario pasar paso a paso, así iniciamos los primeros metros, justamente al comienzo existe una roca grande, regularmente tallada y medio inclinada, hay que pasar con mucho cuidado, lentamente, la mula estaba muy bien errada y con una tranquilidad inusual incluso se deslizó un poco, la roca tenía una dimensión de un metro y medio.  

Y así entramos de lleno al “Lorituyoch”. esta vez la luna la tenía encima, y cuando así era, la claridad era maravillosa, uno podía distinguir todo, de pronto siento que la mula pisa y el piso cede, yo reaccioné rápidamente, creo que ya me iba a arrojar al pequeño camino que como vimos el ancho es como de un metro o un poco más, doble el cuerpo, y saque el pie derecho del estribo que daba al abismo , de pronto siento una firmeza de hierro en la pata delantera de la mula, la pata izquierda se quebró hacia atrás, permitiendo que la pata derecha encontrara tierra dura, ya con las dos patas sobre el camino, la mula retrocedió con mucha seguridad, fue tan rápido que cuando reiniciamos sentí el golpe de las piedras que cedieron y cayeron al abismo , se sintió un fuerte ruido en el fondo que retumbo por el abismo y los cerros y el silencio sepulcral de la zona. 

Felizmente lo que faltaba del tramo ni lo sentí estaba trastornado, al final frené me di vuelta, vi el Lorituyoc, el abismo y me dije de la que te salvaste Adolfo, le di unas palmadas en el cuello a la mula, creo que hasta la bese y le dije: gracias “mi preciosa”. Desde ese momento fue mi animal preferido, le daba un trato muy especial cuando la montaba. Nunca maltrate a los animales, siempre les tuve aprecio, con esta mula no solo era eso. Después del incidente, era mi admiración, la engreía, siempre buscando los mejores forrajes para su alimentación. El resto del camino y la vuelta incluida fue normal. Sin embargo cuando regresé y al encontrarme otra vez frente al Lorituyoc, dude, pensé en bajarme, de pronto recordé lo que había hecho, me dije no, este animal es seguro y continué, al pasar por el trecho del accidente ya pude ver con claridad cómo había cedido el terreno, la huella estaba allí, estuvo por mucho tiempo, he tenido suerte me dije, agradecí a la virgen, a los santos y por supuesto a mi compañera de ruta. 

En otra ocasión, para cumplir los encargos de mi abuelo, no había un animal en el corral para ir a Capiza, había un burro de esos que eran parte del lecherío, casi intocable, pero mi abuelo me dijo: toma uno y regresas inmediatamente por que ya sabes, temprano tiene que salir a la chacra, le dije: si, estaré temprano, pero ,creo que lo pensé mejor y sin que mi abuelo se diera cuenta emprendí el camino a pie, si ¡a pie en medio de la noche!, hay algo particular en ello. Cuando uno cabalga, tiene la compañía del animal al cual incluso le hablamos, conversamos, estamos en buena compañía, pero cuando uno va a pie, va realmente solo, es una experiencia muy impactante. Por primera vez solo en medio de inmensas montañas, pasando la hora nona como allá le dicen, las doce de la noche, de las doce hasta las tres o cuatro de la mañana, es la hora de los “gentiles”, verdaderamente uno se siente como un alfiler frente a la naturaleza, los cerros, los árboles, el ruido del río, algunas lechuzas o el olor de un zorrino. Es la hora de las apariciones, de los fantasmas, de las tentaciones, se siente un temor muy extraño, un miedo particular porque uno siente que la respiración se acelera, se le vienen todo tipo de pensamientos, entrecruzados, te dices no lo vuelvo hacer, será la última, uno invoca a Dios, a los Santos a la Virgen, uno recuerda a los suyos, los abuelos, mis padres, mis hermanos, creo que la soledad, en la oscuridad, en medio de las montañas y con las estrellas que alumbran te suscita todo ello. 

Pero había que seguir adelante como siempre el camino se encontraba con algunos arrieros, como don: Hormógenes Huaracha, Víctor Vera, Julio Fernández, “el torero”, Adrian Segovia que a su vez oficiaba de herrero en Viraco, Manuel Medina “tamcarpata”, Cleto Rosas, Juan Sullasi entre otros, con muchos de años de trayectoria, otros muy avanzada de edad, con sus ayudantes, llevaban recuas de mulas, burros cargados, de mercadería a toda Castilla Alta: Pampacolca, Viraco, Machaguay, Andahua, Orcopampa. Nos saludábamos, a veces nos dábamos las manos, los que me conocían siempre me decían -Adolfito hasta la próxima, cuídate. Esta vez llegué tarde a Capiza, un poco cansado, doña Leonor me atajó, me quedé a dormir, desperté un poco preocupado me dije: mi abuelo me raja por no regresar temprano, me invitaron el desayuno era ya lunes había que emprender el regreso, yo tenía unos diez a once años, estaba estudiando el último año de primaria, lo hice en la escuela de Típan. Estudiaba con varios de ellos que venían a Capiza a pasar el fin de semana con sus padres que tenían su negocio y que emprendían muy temprano el viaje a Típan, donde permanecían hasta el día viernes. Era admirable lo que hacían para estudiar; los lunes salían muy temprano, la mayoría de veces a partir de las cuatro de la mañana y llegaban puntuales a clases, normalmente emprendían el viaje por el camino de arriero jalando su burro llamado “flauta” que cargaba sus cosas de la escuela y la “mercapa” para toda la semana, es decir llevaban lo necesario para prepararse los alimentos durante los días de clase. Los viernes en la tarde regresaban, toda una proeza para estudiar, terminar la primaria, y seguir por rumbos diferentes. 

Esta vez salimos con los hijos de doña Leonor Bernal y don Felipe Silva muy amigo de mi padre, siempre que lo encontraba me preguntaba –Pradito como está tu padre- el respondía –muy bien le envía saludos-, iban también los hijos de su hermana y otros jóvenes rumbo a Tipan a pie, por la ribera del río, por los caminos que con el tiempo se construían en medio de arbusto y chacras que eran conocidos como los “pitipanes”. La experiencia fue inolvidable, no solo porque uno descubre cerca de Capiza un lugar donde el río “desaparece”, en tanto este se introduce en medio de unas rocas inmensas que se han incrustado al ras del suelo, es un túnel por las cuales pasa el agua, allí aun niños en transición a jóvenes queríamos enfrentar el reto de pasar, quizá el túnel era como de veinte a treinta metros. Finalmente después de bromas y emplazamientos nadie se atrevió a pasar, en verdad causaba temor, el temor a lo desconocido: podía existir un túnel subterráneo en otra dirección, a pesar de que echamos algunos troncos y los recibíamos al final, pero lo desconocido siempre causa un natural miedo, afloró nuestro temor natural y lo dejamos así, prometimos que para la próxima sí que lo pasábamos, “felizmente” no hubo otra oportunidad. 

Las jovencitas que nos acompañaban si nos gastaron muchas bromas, entre ella Felipa, muy ligerita como el viento, de una alegría sin igual, parecía siempre fiesta de carnaval, por su sonrisa, de una sinceridad inolvidable, quedó muy triste cuando tuve que venirme a estudiar a Arequipa, sus hermanas menores Teresita……,. Los hijos de Doña Dina Ibárcena y Don Cosme Medina: Gladys y Rina, delgadita ella de un color de piel un poquito como la canela, muy tranquilita, casi no decía nada, pero con una sonrisa graciosa acompañaba las bromas, Cesar mi entrañable amigo hasta hoy, no recuerdo porque tenía como sobrenombre “guardia”, tomamos más del tiempo necesario para llegar a Tipan. Por allí encontramos una poza, ya el sol lo teníamos encima, el sudor de la caminata había que refrescarse, ello era muy natural en la zona, existían varias “pozas” naturales y sino las construíamos con piedras y chambas parecían verdaderas piscinas por su profundidad y longitud, allí aprendíamos a nadar desde muy niños con “huacachas“ incluidas, es decir zambullidas; no cumplí con regresar inmediatamente, llegué muy atrasado casi al medio día, indudablemente no cumplí con mi abuelo. Me dio una carajeada como acostumbraba, era normal en la zona, en la época, era consciente que había cometido un error, pedí disculpas, pero valió la pena. 

5.3.- Los cuentos de los “gentiles”.- 

Algunas veces que regresaba de Capiza con carga, en el camino me hacía “junta” o compañía con un arriero conocido, charlamos de muchas cosas, yo solía cantar, sabían que cantaba me pedían unos huayñitos y así le ganábamos metros al camino. Era muy hablador y comenzó a comentarme la historia de un arriero, de hace muchos años dice que en el trayecto a las doce de la noche encontró una muchacha vestida de blanco muy hermosa, le pidió que la llevara en la grupa, es decir en el anca de su caballo, no tenía un animal libre, todos estaban ocupados, normalmente la gente de la zona, hace gala de su caballerosidad y si se trata de una dama con mayor razón. Por ejemplo en una reunión, nunca vi que un caballero la pasara el vaso y la cerveza si quien estaba a su lado era una dama, ¡jamás! era imperdonable hacerlo, tenía incluso que pedirle el permiso para servirle y así lo hacía, tenía que hacerlo, es el respeto, la tradición.  

Este arriero se comportó como tal, la monto a su grupa, una vez encima, ésta se le afirmó por la cintura muy fuerte, motivo por el cual iba muy contento, ¿hasta dónde va señorita?, preguntó, hasta por ahí nomás señor era la respuesta. Le preguntó su nombre, le dijo que más adelante se lo diría y así le eludía dar una respuesta clara a sus preguntas, ya el alba la tenían encima, de pronto ya no sintió el calor ni las manos tibias de la señorita, como por encanto se esfumo, desapareció, volteó no vio nada, el miedo hizo presa de él, comenzó a gritar, se dio cuenta que había estado acompañado de algo sobrenatural, de un fantasma, de una alma errante y se desmayó. Para su suerte otro arriero que venía un poco retrasado lo encontró ya balbuceando, después de un buen rato reacciono, para contar emocionado y asustado sobre lo que había pasado. Nunca olvidaría a la señorita de blanco pero también juró que ya nuca más recogería a alguien en el camino. 

A un rondador de aguas se le presentó un hecho que todo el pueblo siempre recordaba, le tocaba el turno de agua por la noche, había que recorrer toda la ruta de la acequia para controlar el agua entre dos a tres kilómetros, acequias a cuyo pie se encontraban llenas de higueras, a veces estas constituyan un túnel, la ronda tenía por objeto y evitar que las aguas se desvíen por algún lugar, reparar algún rebalse, se llegaba hasta la toma de donde se captaba el agua del rió, esta se encontraba llena de higueras. Allí encontró un hombre, muy bien vestido, con terno de color negro, se saludaron, era como las tres de la mañana, él quiso avanzar un poco para verificar que no existiera ningún problema en la toma, el hombre de negro no se movió, no podía pasar, pidió permiso, no se movía, lo empujó y se inició una pelea completamente desigual.  

Don Policarpio, así se llamaba, era un hombre de campo, por tanto, rudo, fuerte, siempre hacía gala de su fortaleza, no había quien lo venciera. Empezó a dar sus buenos golpes, a veces puntapiés, pero parecía que le golpeaba a un costal de lana, sus puños no encontraban nada sólido, sin embargo el hombre de negro , cada golpe que le daba era como un combo que recibía, le producía un fuerte dolor y así continuaba una pela desigual y sin fin, don Policarpio no era de los hombres que corrían, seguía peleando, estaba dispuesto a ganar, y sacando ya fuerzas de flaqueza y debilidad en que se encontraba resistía, a pesar de las diferencia en los golpes, seguía golpeando, cuando ya perdía el conocimiento, ya se sentía que las fuerzas flaqueaban, le abandonaban, de pronto el alba apareció y las aves empezaban a trinar y por allí su hermano, apareció silbando, llamándolo, que al ver que no regresaba iba en su busca, en esos instantes el hombre de negro desapareció, ya Policarpio caía, jadeando, con grandes moretones en todo el cuerpo, sangraba, su hermano lo ayudó, lo refrescó con un poco de agua y lo cargó de regreso a casa, la golpiza lo tuvo en cama durante varias semanas, tardo mucho tiempo en recuperarse. Policarpio había tenido la pelea de su vida, la que siempre buscaba, y encontró alguien superior, algo sobrenatural, pero se salvó, según él y muchos había peleado con el diablo, que si dejaba vencer se lo llevaba. 

Yo casi no creía en esos “cuentos”, pero a mí también me sucedió algo parecido y parece que se convirtió en un “cuento”, usted saque sus conclusiones. En cierta noche aparentemente tranquila, ya todos estábamos durmiendo, de pronto mi abuela Lucila, mi abuelo estaba de viaje, se me acerca a la cama y me dice, Adolfo, escuchas los ruidos, son los toros que se están regresando de Chamcupe ¡levántate! vamos a detenerlos, hay que regresarlos, salimos por la puerta posterior que da al camino de entrada a la casa, pronto nos encontramos sorprendidos, efectivamente los animales estaban entrando, encabezados por un toro negro, negro chillo, grande, logre verle los ojos, igual de negros parecían que ardían, nos enfrentó con la mirada, nos encontramos frente a frente, mi reacción como la de mi abuela fue casi normal o natural, en estos casos, levantando las manos, gritamos: ¡Toro! ¡Toro! ¡Toro!, buscando con ello que se detengan, que retrocedan, me agache para coger una piedra. De pronto el animal viró hacia su izquierda y se arrojó sobre unas chilcas al lado del camino que dan a un pequeño barranco que termina en uno de los corrales de la casa, ¡se mató el toro! gritamos , gritaba mi abuela, un toro de 300 a 350 kilos a una altura de cinco a seis metros imposible que se salve, los otros toros empezaron a dar vuelta y regresar, corrimos al corral para ver al toro, no encontramos nada, no era posible, nosotros vimos lo que hizo pero nada, ya estaban con nosotros dos empleados con las linternas, buscamos por los otros dos corrales, nada, ni siquiera había huellas, los corrales se encontraban trancados, habían algunos animales que ni se movían, más bien parecían sorprendidos con nuestra impronta presencia. Creo que se molestaron, ¿qué ha pasado? nos preguntamos. 

Mi abuela y yo jurábamos que el toro cayó, los empleados se encontraban asustados, mi abuela dijo: vamos a Chamcupe, la chacra donde estaban los toros. Pensamos que el cuidante se había dormido, lo encontramos efectivamente en su toldo, dormido, lo despertamos, le dijimos que los toros se habían escapado, dijo no haber sentido nada, fuimos a la “tranquera” de la chacra, estaba intacta, todos los palos estaban en su sitio, Sra. Lucila dijo: no ha pasado nada, ningún toro ha salido, fue contundente.  

No contentos con ello nos pusimos a contar los toros eran 24, contamos dos veces siempre 24, y el toro negro que vimos caer, donde está, nos preguntamos, -y los otros que regresaron. Nos asustamos, mi abuela se puso a rezar, nos hizo rezar, y dijo esto no es normal. Alguien ha querido hacernos daño. Felizmente no lo han logrado. Mi abuela dijo: gracias a ti Adolfo tú eres un niño aún, tenía entre diez a once años. Parece otro cuento como el de tantos, que a veces uno se inventa, pero el mío y de mi abuela, no fue así, hemos sido testigos de algo inexplicable, la estuvimos contando a todo el mundo, hasta el cura de Viraco vino a santiguar la casa. Mi abuela era alcaldesa de Tipan, hizo oficiar una misa contra los malos espíritus. 

Yo creía que los hombres no lloraban, casi nunca que recuerde vi llorar a uno. En la chacra uno se cría con coraje, con valentía para enfrentar los retos propios de la naturaleza, de los animales, soportar a veces el frio inclemente, la lluvia que no acaba y no conoce piedad, el sol abrumador que quisiera a veces fundirte y encima el polvo del camino que te invade no solo el cuerpo sino sobre todo los pulmones como que quisiera asfixiarte, la sed que la apagamos con un sorbo de agua del alguna acequia y el hambre que se siente en las rutas largas o cuando se cuida el ganado. En fin son problemas cotidianos que pasan sin embargo hay momentos en quien la naturaleza a uno le brindan extraordinarios espectáculos como recompensa. He llorado de rabia, de no poder hacer que las cosas salgan como se dice “normalmente”, que a pesar del esfuerzo, el sacrificio no puedas encontrar una salida, llega un momento de completa impotencia, creo que es el límite de la resistencia y te quiebras, gritas, y finalmente lloras de rabia, a veces maldiciendo muchas cosas, el momento, las circunstancias, pero de estas crisis sales, por que aparece un momento de reflexión y razonamiento, te levantas, te enderezas, levantas la cabeza y te dices, esto tiene solución, así lo haré y lo hacía. 

Uno de esos momentos me pasó, en una circunstancias en que fui a cuidar el ganado de engorde, bueno, no solo hay que cuidarlos en el día, sino había que pasar la noche con ellos, el ganado se encontraba en una chacra cerca de Yacmes (anexo de Tipan), estaba casi rodeada a los costados por higueras y tunales, al fondo el cerro, al frente otras chacras, de pronto cae la noche. No hacíamos más que utilizar la montura y sus aperos para dormir, la primera como cabecera, los aperos como “colchones”, el poncho encima y a dormir, siempre atento a cualquier ruido extraño, cualquier movimiento, los toros caminan de noche, mismo si como dicen no miran, por ello algunas vez que dormíamos al pie de un barranco para que estos no pasen por esa ruta en su caminar, increíblemente como fantasmas “pasaban” encima o al lado de nosotros, terminaban en el barranco, se desbarrancaban con la irremediable muerte de uno o dos toros, en esta oportunidad lloré de pena, perder así dos toros y encima esperar la reta o carajeada de mi abuelo. Los toros en esta oportunidad ni se movían, parecían inertes, estaban tranquilos como la noche, ¡qué noche! en realidad no parecía, por que conforme pasaba las horas las estrellas eran cada vez más brillantes, daban ganas de contarlas, como que las tenía tan cerca que claramente distinguía la cruz del sur y otras figuras, parecía que me encontraba en el espacio, fuera de la tierra, de la cual formaba parte, con mucha iluminación, pero allí no terminaba todo, creo que dormí unas horas. 

De pronto como a las tres de la mañana más o menos tuve una sensación media extraña, abrí los ojos y quedé pasmado, mudo, no podía creerlo daban ganas de gritar, de saltar, el cielo estaba completamente iluminado por miles de estrellas. Como nunca estas perecían bengalas encendidas, yo en medio de las naturaleza, los animales recostados, parecían parte del espectáculo, era como un “pesebre” natural, esa fue la mejor noche de mi vida que pase fuera de casa, como alguien diría dormí en un “hotel” de mil estrellas y para completar el espectáculo, de rato en rato un lucero cruzaba el espacio, como que salieran de las estrellas y buscaban algún destino desconocido, porque se perdían en el horizonte. No fue solo uno, fueron varios, a veces se entrecruzaban, fue el más maravilloso espectáculo que me ofreció la naturaleza, siempre que recuerdo este hecho me siento como bendecido, he vuelto alguna vez por la zona, he domino en la casa de mi primo Porfirio que está ubicada al costado de dicha chacra, he esperado la noche, he salido a las doce, a las dos a las tres de la mañana, no volví a ver dicho espectáculo, la naturaleza parece que premia una sola vez, ¿por qué lo hizo no lo sé? pero lo hizo, para mí no existirá jamás nada en mi vida que compare tal espectáculo que la naturaleza me brindó. 

A día siguiente como a las nueve de la mañana, ya llegaba mi tío “parche blanco” con el cuidante del ganado me encontraron preocupado, en razón que había observado que como dos o tres toros presentaban signos de “aventados”, la panza de los animales empieza a hincharse, producto del forraje con escharche y de los rayos de sol que ya caían fuertemente, opte rápidamente en juntarlos en una pendiente a fin de que puedan con la caminata poder despedir los gases detenidos, rápidamente les comente y nos dirigimos hacia los animales, efectivamente ya no eran tres sino cuatro, ya los animales estaban entrando a su última fase, es momento de actuar, siempre teníamos a la mano dos “trocas”, para punzarlos en el lado izquierda del toro, a una cuarta de la cardera muy cerca de la pierna, sin dudarlo “parche blanco” que era un experto se encargó de uno, después de otro, yo lidiaba con un tercero, encima este animal era bravo, ya se moría y no permitía que nos acerquemos, ni pensar en echar lazo, era demasiado tarde, había que descuidarlo, mientras el cuidante lo distrajo, rápidamente le clave la “troca” con fuerza, sacando el puñal y dejando el tubo por donde desfogaban los gases y la alfalfa a medio triturar y fermentada, aun nos faltaba un cuarto que también lo intervino “parche blanco”, salvamos a los cuatro, todo un record, la agilidad con la que intervenimos fue eficaz, así como la técnica aplicada y nunca dudamos sobre el lugar de la clavaba, después nos sentamos a descansar, observar a los toros que se recuperen para proceder a curarlos, entre bromas recordábamos que “tío severo” mato un toro de cría que mi abuelo le vendió en una millonada, igual se “aventó”, se pusieron a discutir por donde clavar la “troca” y finalmente tomaron la decisión de hacerlo en el sentido contrario, le clavaron el puñal y más rápido lo mataron, me puse a pensar y me dije, por algo ha pasado el espectáculo de anoche, fue un buen presagio, tenía antes de todo esto ganas de comentarles, pero lo acontecimientos me hicieron olvidar, primero eran los toros que habíamos salvado, por algo suceden las cosas me decía. 

Hablando más de ganado, en alguna oportunidad, mi abuelo que a veces para trasladarse en sus viaje utilizaba un expreso que tuvo mucho éxito por estos lugares, eran esas “lanchas” como así las denominan en la ciudad que hacían un servicio especial para pasajeros especiales, mi abuelo llegó de Arequipa y me dijo: Adolfo mañana temprano te vas a Machaguay, mira me dijo enseñándome un papel, acabo de comprar al señor Del Carpio once toretes, mañana te los traes. Efectivamente llegó el día siguiente, el alba apareció, ya mi abuelo había hecho ensillar mi caballo, reiterándome el encargo me dijo, no te olvides que son toretes y partí. 

De Tipan a la tierra de Mambo, Machauay son como tres a cuatro horas, es pura subida. Hay que trepar de dos mil metros hasta cerca tres mil quinientos más a menos, llegué donde la familia Del Carpio, me entreviste con el propietario de los toretes y nos fuimos a la chacra en su búsqueda. Aquí empezaron mis dificultades, primero al vaquero le ordenaba que me separara no toretes sino terneros, existe una diferencia sustancial entre ellos, el primero los toretes ya están entre los nueve meses y más, los terneros acaban de despecharse de las madres. La discusión sobre cada animal no solo era tediosa sino que era una pérdida de tiempo, toda la mañana nos quedamos en seleccionarlos, yo tenía que pelear, porque conocía a mi abuelo, este me haría regresar algún animal que no era “torete”, de allí que había que ser cuidadoso en la selección, en fin entre uno u otro argumento de mi parte y de la parte del señor. Por allí mediaba el vaquero, los seleccionamos, ya era cerca de medio día. 

Inicié el viaje de retorno, la salida de Machaguay con dirección a Cotanay, después Yaso y de allí tomar la ruta hacia la quebrada, es decir hacia Tipan. El camino está cercado a la salida de Machaguay por esta zona y los toretes caminan sin dar problemas, estaban aún sorprendidos, como a quince minutos o más existe una primera división, aquí empezaron los problemas, ya me percaté de ello, les grité, apuré el paso tenían que ir de frente, no quería que se desvíen, sin embargo, algunos de ellos como que parecía esperaban una oportunidad arrancaron por el desvió, ¡que hacía! ¡que debiera, hacer!, metí las espuelas al caballo, que arrancó como sorprendido a toda velocidad logrando alcanzarlos, sobrepasarlos y regresarlos, pero los que quedaron aprovecharon la oportunidad para regresar y a toda carrera, de nuevo a picar al caballo para alcanzarlos, regresarlos, llegaba al cruce y de nuevo lo mismo, opte por amarrar el caballo cerca al cruce para que los toretes no regresen y a pie perseguir a los que se desviaban y regresarlos, así logré de que agarren el camino correcto, paso como una hora, ya no podía, me encontraba totalmente agotado. 

Empezando el descenso el cerro, alguno torete al verse casi libres pretendían salir del camino, agarrar el cerro, felizmente mi caballo estaba bien errado, bien preparado para estos trajines en un dos por tres los regresaba. De pronto comenzó a llover, una lluvia de esas torrenciales, apresure el paso, los gritaba, les metía fuetes a los que se retrasaban, los “bandidos” ya estaban cansados como yo por la travesura que me hicieron, como queriendo vengarme los apresuraba, sin darme cuenta que estaba cometiendo un error, las aguas de la lluvia ya discurrían por el camino, media hora o más y no paraba, no dejaba de presionarlos. 

Quería llegar temprano, había perdido mucho tiempo, ya estaba completamente empapado, la lluvia goteaba por todo mi cuerpo, no había más remedio que continuar, de pronto observo que algunos toretes comenzaban a cojear, ¡carajo! dije ¡los maté! Los animales empezaron a sentir los signos del “despeo”, es decir por el contacto del casco con la tierra mojada, las piedras y el peso provocaba primero ampollas y después llagas en las partes más débiles del casco que llegaban a sangrar. Dije: aquí terminó todo, no había más que parar o ir a paso de tortuga, no podía detenerme, pero ya no podía ir al paso de mi caballo, había que ir al paso de los toretes, que se tomaba su tiempo no por el cansancio sino por el dolor de las patas, ni modo, con lluvia o sin ella tenía que llegar a la casa a este paso. Ya entraba la noche, mi abuelo cuando llegue, me carajeó, me dijo; todo un día para traer estos toretes, todavía cuestionó alguno de ellos, cuando se dio cuenta del despeo, me dijo es normal es época de lluvia, los cascos están débiles, no dije nada, un baño, un buen café, mi merienda y a la cama. Nunca me sentí tan cansado, pero antes llore de rabia por todo lo que había pasado, porque tenía que pasarme decía, 

5.4.- La fiesta principal.- 

Los últimos meses del año, diciembre, la fecha de la Virgen de la Concepción, Patrona de Típan, están precedidas por las fiestas del Santuario de Yato, las fiestas de las Cruces, Pampacolca, San Antonio, Machaguay, Pampachacra, La Virgen de Alta Gracia -la Uñon, Viraco-Santa Ursula, entre otras. Se puede decir que son meses de fiestas, la influencia de estas ya se vivía en Tipan, sobre todo en quienes tenían “cargos”, este estaba precedido por el Mayordomo, quien tenía en sus manos llevar adelante las actividades religiosas, era una especie de mediador entre las autoridades religiosas y el pueblo, se responsabilizaba y coordinaba todas las actividades religiosas. Las responsabilidades económicas que asumía son muy importantes no solo para solventar los gastos de las ceremonias, es también quien se encarga de la contratación de los músicos principales así como quien corre con todos los gastos de alimentación de las autoridades litúrgicas, civiles, así como a los familiares y vecinos del distrito y visitantes.  

Se preparaban todo el año, pero las últimas semanas, comenzaba cierto nerviosismo, la preocupación era notoria, buscando siempre quedar bien, es que no era para menos, había que acoger y atender a la familia, así como a los visitantes que eran casi de todos los distritos, que recuerde, principalmente de Viraco bajaban en grupos de diez, quince, todos en buenos caballos, excelentes monturas, con sus riendas de fiesta, algunas con adornos de plata, a la casa llegaban algunos parientes de mi abuelo que también ya tenía todo preparado para la recepción. 

Ya se hablaba de la corrida de toros de uno o dos días, de ¿dónde vendrían los toros?, los toreros: Lucho Aro, Paco Chávez, Simón Díaz, Juan de Mata Guzmán el Tío Walter Cárdenas, le decíamos “El ñato”, era impredecible en el ruedo, recuerdo su frialdad, su estilo, su gracia, era muy arriesgado, si le faltaba una capa no era problema para él, utilizaba su sombrero, ¡que rico “ñato”¡ El tío Edgard Guzmán, el pionero de las corridas de toros en todo Castilla Media y Alta del siglo XX, mi abuelo le gastaba siempre algunas bromas, decía: “ojala que el día de toros no aparezcan nubarrones, ni que las aves vuelen sobre el ruedo, para Edgar estos son malos presagios y por tanto no torearía, ya había pasado lo mismo a otros en otras corridas”. El tío Edgar era la mayor autoridad en toros de lidia, nosotros los jóvenes ya estábamos contagiados de dicho ambiente, sobre todo de los toros, casi todas las tardes jugábamos ”a los toros”, uno representaba al toro y el otro al torero y se intercalaba, esto era lo interesante, porque si como toro cometiste una falta, te la podías desquitar como torero, haciendo buenos pases, normalmente de donde sea conseguíamos algunas cabezas de toros sacrificados, como capa se utilizaba lo que se encontraba a la mano un pequeño trapo, una chompa e imitábamos las corridas, utilizábamos palos como banderillas, se podría decir que nos preparábamos para el futuro, algún día llegaría la oportunidad de entrar a un ruedo de verdad. 

Efectivamente llegó el momento de entrar al ruedo, esta vez en ocasión de la fiesta de Tagre que festeja también a la virgen de Santa Úrsula. La corrida de toros, el torero fue mi tío Augusto Cárdenas B. que cría toros de lidia en “Jaraguay”, anexo de Viraco, era un día especial, como preámbulo a la corrida, ofreció toretes de menos de un año a las nuevas generaciones y emplazo a todas las familias asistentes para que nombren a su representante, uno a uno iban saliendo y lidiando los toretes, como Jaime Guzmán, Manuel Cárdenas, Alvarito Álvarez Sánchez faltaba un representante mi abuelo, el cual era emplazado por su hermano Augusto que gritaba a voz en cuello : Alvistur, que pasó no hay nadie de la familia, que pueda salir a torear, mi abuelo me miró, yo creo que dijo este aún es un mocoso, consultó con mi abuela y me dijo: Adolfo entra, demuestra que tú sabes torear, me pasó una capa de las oficiales y que pesan entre siete a ocho kilos y una dimensión que me superaba, mi abuela dijo: ¡viejo burro, como le vas a dar a una guagua una capa!, se sacó el chal que llevaba encima y me dijo, con valor hijo al ruedo; Y así fue, me paré en medio de la plaza esperando que suelten el torete dedicado a mi abuelo, este salió raudamente, dirigiéndose hacia mí, estaba listo con “mi capa” en manos, para sacarle la suerte, la primera embestida, tuve suerte porque el torete quebró, regresó y limpiamente enfrentó el chal, para delicia de los asistentes, tres, cuatro pases y el torete salió y por supuesto yo también para beneplácito de mis abuelos y del público. 

Con el antecedente de Tagre, vino la fiesta de Tipan, llega el día de toros, llegó Lucho Aro, le manifesté mi intención de torear, me dijo: no hay problema ya sé lo que hiciste en Tagre, así que nos pusimos de acuerdo, esta vez la cosa era más seria, se trataba de un toro de año. Un toro que le llamaban el “Cotahuasino”, toro de media casta, yo no solo quería hacerle los pases normales, quería hacerle un pase de rodillas, recuerdo que Lucho me dijo, ¡hazlo!, yo estaré detrás tuyo, no tengas temor y así fué. El único inconveniente que teníamos en esa época es que las corridas se hacían en plena plaza, la misma que era cercada con troncos en sus cuatro esquinas, en una de ellas de armaba el toril, existían tres o cuatro inmensas palmeras, esto era un obstáculo, había que buscar los espacios más amplios en la plaza para torear encima estaba mojaba, había charcos en uno y otro lugar, había que tener cuidado para no resbalarse, lo que podía suceder irremediablemente, había que buscar ser el primero, “los toreros” improvisados no faltaban, era la oportunidad de lucirse para muchos, para darse valor se tomaban unos tragos y al ruedo, vi a varios ser arrojados como costales contra las palmeras; pero ya estaba allí, uno, dos pases, todo bien, me arrodillé, esperé al toro e hice lo que tenía que hacer, le saque la única suerte de mi vida al toro con el aplauso de todos, sin embargo no fui muy ágil en darme la vuelta, el toro ya tenía experiencia, volteó rápidamente, estaba casi de costado para recibirlo, le hice el quite, pero no logré evitarlo, me dió una cornada a la altura del pecho, rápidamente busque refugio, allí estaba Luchito Aro, se encargó del toro, como dolió la cornada, no el golpe mismo, sino el ardor, parecía que un lijar había pasado por mi piel, me dejo una marca, mejor una quemadura que la llevé por mucho tiempo como una prueba de lo que había hecho, en muchas ocasiones la mostraba, pero sin embargo ese fue el final, me dije: hasta aquí nomas llegaste Adolfo. 

Podía haber continuado, de no haber sido testigo de la muerte de un “lacero” en los toriles de la plaza de Viraco, estaba ya bebido como todos que realizan esta tarea, había un toro que se salía de los contornos del rebaño me encontraba con Edgard Guzmán, nosotros le avisamos, no nos escuchaba, hasta que el toro salió, directamente contra él, lo “destrozo”, logramos ahuyentar al toro, pero era demasiado tarde, ya fuera del toril el hombre agonizaba, se trataba del arriero, además de laceador, Juan Sullasi rápidamente fue atendido por el médico Raúl Lazarte Cárdenas que se encontraba por la fiesta, más conocido en Arequipa como el Ángel de Imata por su esfuerzo extraordinario para salvar, curar a las víctimas del accidente de ferrocarril en dicha zona. Hizo todo lo posible, pero no contaba con lo necesario para operar o alargarle un poco la vida, no había oxígeno, el hombre sufría una hemorragia incontenible, la vida de Juan rápidamente se extinguió, murió en sus brazos, el velatorio en la noche, al día siguiente una improvisada anda y/o féretro de palos, allí lo envolvieron con su poncho y lo ataron con su lazo y fue llevado en un cortejo fúnebre muy concurrido al cementerio, en medio del llanto, el dolor de su mujer e hijos que quedaron a la orfandad, para mí fue el final de mi pequeña afición por el toreo. El tiempo premiaría Sullasi, su hijo, uno de los pequeños que dejo terminó siendo Alcalde de Viraco. 

Volvamos a la fiesta de Tipan, el 7 de diciembre era y es conocida como la entrada, algunos la denominan como “El Alba” ya temprano los conocidos como “devotos”, es decir quienes se comprometieron a cumplir alguna actividad e hicieron una promesa a la virgen, uno de ellos el que preparaba la entrada, aunque a veces lo hace el Mayordomo, venían a la casa a llevar toda la indumentaria necesaria que la reservaban con anticipación, sobre todo los collares que se les ponen a las mulas en el cuello, así como aperos muy especiales, con colchas de bordados multicolores, donde predomina el negro y el rojo, iban sobre la carona y encima de ellas banderas de todos los colores sujetas sobre esta, con jáquimas especiales así como “atares” que era adornos en el anca de los animales que les cubría hasta la cola. Los encargados de conducir el grupo de animales se disfrazaban, llevaban cubierto el rostro, algunos se ponen alguna pollera, eran las cholas o las negras y se encargaban de conducir o jalar las mulas eran muy juguetones, bromistas con la gente y siempre con su botella de aguardiente u otro trago, imitan la voz delgada de una mujer, otros se vestían de militares y montaban los caballos igualmente adornados. 

La recua de animales entra por las calles principales, bajo la dirección del “Ccapero”, daba una o tres vueltas antes de llegar a la plaza donde descargan “el ccapo”, en ese tiempo estaba compuesta de “yareta”, hoy día es una planta protegida, la traían de la altura, de cerca de los cuatro mil metros de altura donde normalmente crece, tenía dos cualidades daba muy buen fuego que iluminaba la plaza y daba bastante calor para pasar la noche. La procesión encabezada por la virgen de la Inmaculada Concepción ya estaba en las calles y tras ella todos los pobladores y visitantes que con gran devoción la recibían, esta se realizaba al compás de la banda de música y de canciones que todos entonaban, por allí varios jóvenes esperábamos nuestro turno para cargar a la virgen, no solo era un reto sino era parte de la fe, la devoción.  

Ya caía la noche, una o dos bandas de música, como la denominada Coropuna, la de Santa Úrsula de los Flores, la de San Antonio de los Vilca, eran tres hermanos Juan, Julián y Damián. La Banda de los hermanos Deza de Pampachacra y otras eran infaltables. Se encontraban debidamente instaladas a ambos costados de la plaza, al lado de la Iglesia, empiezan a tocar los huayños de moda y la gente empieza a bailar alrededor del “ccapo”, entre bromas, gritos e intercambio de brindis de pisco, cerveza, chicha, aguardiente. Casi todo el pueblo está presente en esta actividad que termina después de medianoche, algunos se van de amanecida, unos pocos aun con el sol encima continúan la fiesta. 

El 8 es el día central, se realizan las actividades centrales de la fiesta, desde las cuatro de la mañana ya están reventando los cohetes, las troyas, los cohetones, las bombardas que estaba a cargo de otro devoto “el cohetero”, también lo llaman como el “troyero”, el ruido que provocan es estremecedor adquiere mayor fuerza por el retumbar de estos en los cerros, toda la provincia se entera de la fiesta, a partir de las 9 empieza la retretas de las bandas de música, la gente empieza a llegar, vestidos con sus mejores trajes sino son nuevos que dicho sea de paso escasean pero eso sí muy limpios y presentables, el infaltable sombrero de fiesta no falta. Todos buscan lucir lo mejor ante la Virgen, estar limpios en cuerpo y alma, a las once de la mañana empieza la misa de fiesta, la iglesia muy arregladita, la Virgen especialmente vestida, con su traje de gala, era la tarea de todos los años de las señoras de Típan encabezadas por Doña Rosalía, es el acto central de todo el aniversario. Ceremonia que se lleva con mucha devoción, respeto, reverencia, he visto muchas veces a la gente llorar al momento del acto central de la liturgia que es celebrado con repiques de campanas, el retrete de los músicos y la troya de cohetones que hacen temblar todo el pueblo. Teníamos un cohetero en el distrito don Filomeno Layme, padre de mi amigo de clases Valentín quien continúa con el oficio. Lamentablemente no faltaba un accidente, los niños se dedicaban a buscar algún cohetón que no reventaba y su preocupación era reventarlo, por esta imprudencia siempre se encuentra en los pueblos algún niño o joven o personas con la falta de un dedo. Se les denomina los “collotitas”. 

La plaza en las cuatro esquinas se encuentra bastante adornada, por dos tipos de devotos: los Altareros, que construyen altares de dos metros de altura, de estructura de madera llevan en el centro cuadros de imágenes de los santos de su devoción rodeados de banderas peruanas (ver la foto de portada). Al momento de la procesión reciben el culto de todo el pueblo, otro devoto importante es el “Arquero” que construyen arcos de más de diez metros por donde pasara la procesión, generalmente son de hojas de palmeras, de sauces, a veces van adornados de las frutas del lugar. Después todos parten a disfrutar a las meriendas o el “convite” como algunos los denominan, que todas las familias han preparado con mucho cariño, los mejores animales son sacrificados y a esperar la procesión. Entrando la tarde sale la Virgen por las principales calles del distrito, los homenajes correspondientes en algún lugar donde se levantan “Altares” y la entrada de nuevo a la Iglesia. 

Después de dejar en buen recaudo a la virgen, empieza la fiesta en la plaza al ritmo de las bandas que se apuestan en las esquinas, una vez más la gente empieza a bailar al ritmo de los huayñitos, comida, bebidas, todos se divierten, los aficionados parten a las peleas de gallos de navaja, peleas que generalmente son desafíos entre vecinos de la zona o de otros distritos, ya se está hablando sobre el día siguiente: las corridas de toros. Se encuentran las familias, los familiares, los amigos, algunos después de muchos años, el acordarse creo que es la conversación principal, siempre lo he escuchado, aquí o allá, se habla no solo de las personas que fallecieron, sino de los que no llegaron a la fiesta, se comenta los hechos más importante de año, se rememora de las fiestas pasadas, poco se habla del futuro, es el pasado y el presente que está metido en todos y así continua la fiesta, las canciones, los bailes. 

Al día siguiente es la misa de bendición, la misa de despedida, que sucede como la anterior, con la invasión de tristeza en muchos, hay que despedir a la Virgen, este momento es bastante triste, sobre todo para los que vienen de afuera o han retornado después de muchos años, muchas lágrimas de despedida, hasta el próximo año virgencita, espero volver a verte parecer ser el deseo de todos, la despedida es muy reverente. 

Después de la misa, se inicia un cabildo abierto, no para ver los problemas de pueblo, sino para designar a los pobladores que se encargaran de la fiesta del próximo año, sin embargo si existe un grave problema en el pueblo, éste se trata y se busca una solución, en tanto están presentes todas las autoridades del Distrito y el Cabildo continúa con la agenda principal. Unos se anotan voluntariamente otros son designados por sugerencias de los asistentes, no se deja nada al azar, todos son elegidos por aclamación. La fiesta del próximo año está asegurada, una u otra broma sobre las fiestas, sobre lo que se viene, todo termina con alegría, la fiesta del año siguiente está asegurada como es la tradición en horas de las tarde la entrada de toros. “Los toreros”, se denomina así a los devotos quienes tienen la responsabilidad de llevar a cabo las corridas de toros, salen por las calles, acompañados de la familia, generalmente llevando atado a dos extremos a un “torito” de metal, es acompañado siempre por una banda. Ya se anuncia la procedencia o ganadería de donde provienen los toros, normalmente de media casta, así como se anuncia los toreros que los enfrentaran al día siguiente. 

5.5.- Sus carnavales. 

Estas fiestas que normalmente se realizan todos los años en el mes de febrero, eran muy esperados por los lugareños, las familias se preparaban con anticipación, no solamente el mejor higo para hacer el “chimbango”, sino también algunos animales para sacrificarlos y compartir con las visitas, se preparaba tintes naturales, polvos, serpentinas, frutas. Es decir todo lo necesario que se requiere en esta fiesta carnavalesca; En esta época la presencia de la juventud es muy importante, podríamos decir todos los que por motivos de estudio, de trabajo sea temporalmente o definitivamente se ausentaron del pueblo regresan, es un compromiso con el pueblo, con los vecinos, con los amigos. Siempre hay promesas que generalmente se cumplen, por ello mismo estos meses y especialmente en febrero, el pueblo como que renace, vuelve la alegría, las fiestas, los encuentros deportivos, vóley, fútbol, el tejo (un juego tradicional de castilla Media y Alta), todo ello le da un colorido muy especial a las fiestas de carnavales. 

Y llegó el día central, se programan encuentros deportivos entre pueblos cercanos o aledaños, pero los carnavales ya se sienten desde temprano. Por allí algún poblador de Yacmes viene bajando a la quebrada entonando su pincullo, o algún poblaron de Tagre, Viraco, llegaban en sus caballos muy bien preparados para estas fechas algunos con sus guitarras para alegrar la fiesta del carnaval, después del medio día se saborear un almuerzo especialmente preparado por las familias del pueblo. Se preparaba lo mejor de platos: cuyes, queso al horno, chancho al horno, corderito asado, la timpusca, el sango, el ceviche serrano. Aquí ya empezaba el carnaval, no faltaba un trago, unas cervezas y el juego. 

Después del almuerzo ya se disponen a salir en comparsa, los vecinos de Paracolca, encabezados por doña Felicitas, era la lideresa en estos casos, ya gritaba a todo el mundo para que saliera a las calles, tenía una alegría desbordante, las primeras en presentarse era doña Teodolinda, su esposo don Andrés, por allí aparecía don Cancio Silva, la familia Silva baja de la Purísima. Y así se juntaba un buen grupo, algunos con sus botellas de chimbango, de pisco, de vino, con cestas llenas de frutas, lo primero era pasarse por el cuello serpentina, aun los ánimos no estaban caldeados y empezaban su marcha es decir la comparsa con dirección a Tipan al encuentro de los vecinos de la capital del distrito, una guitarra daba las notas de carnaval, una quena, un pincullo y un tamborcito, la comparsa estaba completa, entonando las notas de carnaval, la gente ya se entusiasmaba y comenzaban a cantar, bailar, agarrados de la mano , formando círculos que daban vueltas bailando…. 

Tenían que cruzar, las cofradías, las chacras de mi abuelo, justamente existía un pitipan, al encontrarse al frente del Molino llamaban con insistencia a mis abuelos, los cuales también ya estaban preparados, esperando. Había solo que emprender la marcha de cruzar el río e ir al encuentro de ellos, eran muy emotivos los saludos de los compadres, los amigos, la serpentina, la bebidas de recibimiento, todos ya estaban polveados con colores diversos, blancos, colorados, azules y de nuevo la música entonando los carnavales, las canciones que entonaban todos, agarrados de la mano dando vueltas avanzaban con dirección a Típan, el entusiasmo ya era mayor, la mixtura el carnaval estaba en su mejor momento, uno minutos más y la plaza de Tipan, la comparsa, seguía al ritmo de la música y de canticos de carnaval algunas de las coplas eran propias de la zona, aquí reproducimos algunas coplas y la fiesta continuaba, después alguien invitaba a su casa, seguía la fiesta hasta su final, después de medianoche. 

Algunas coplas del carnaval Tipeño 

Hay viene Quevedo, 

Con el bastón tieso 

Las mujeres dicen. 

Quevedo que es eso, 

Quevedo les contesta, 

Ese es tu pescuezo. 

El río entrando, 

Las cholas pasando, 

Encima del burro, 

Con las piernas calas, 

Enseñando las rodillas. 

 

5.6.- Las Tinkas.- 

La Tinka, denominada así a la ceremonia espiritual, que realizan los hombres y la naturaleza (los animales), se realizaban con el ganado de engorde en nuestro caso el ganado lechero, que consistía en “bendecir” el hato, marcar algunos toretes, cortar las orejas a los toretes, a las vaquillas había que lombearlas. 

Todos teníamos una tarea que realizar, nosotros los jóvenes nos dedicamos a lombear lar vaquitas, para ello hay que cortarles el “cachito que ya tiene como tres a cuatro centímetros con un cuchillo previamente puesto a las brasas, cuando estaba al rojo vivo cortábamos el “cachito”, era una operación casi sencilla, inmediatamente le refregábamos la base que quedaba con ácido muriático y la vaquilla ya quedaba lombita, ello es muy importante, porque a veces entre ellas se cornean, pueden malograse o pueden malograr los terneros, además que mejora su presencia, se las ve muy hermosas ya maltonas o maduras. Los mayores se dedicaban a marcar, que consistía en quemar la piel de los animales con una marca, previamente calentada al rojo vivo, allí quedaba la marca del fundo del dueño. Compartíamos nuestra labor asignada en cortar ojeras. 

Pero antes, muy temprano ya estábamos matando uno o dos corderos, para atender a los invitados. Lo primero que hacia mi abuelo, una vez sacrificados era sacar el hígado de los corderos, hacer una pequeña evaluación si estos se encontraban bien y si era así proceder a preparar el famoso “añajo” o como algunos le dicen el ceviche serrano, que consistía en: partir el hígado en pequeños trocitos, enseguida echarle jugo de limón, se preparaba en un depósito aparte, cebolla picada, rocoto picado, perejil, ají asado y se lo mezclaba. Es un plato típico de Castilla Media y Alta, es para saborearlo, chuparse los dedos como solíamos decir. 

La ceremonia central de la Tinka consistía en que, generalmente el vaquero o una persona conocedora, abría una denominada “caja” de metal que se encontraba enterrada al lado de una de las pircas del corral grande. Una “caja” de medio metro por lado, tenía varios compartimientos, donde se encontraban botellitas que contenían, pisco, vino, chicha, sangre. En otros compartimientos se encontraba coca, mixtura, serpentinas, lo importante creo que era un “atado” donde se encontraban fetos de bovinos, figuras de toritos, vaquitas, forraje, coca, todo se ordenaba en una manta que cuidadosamente se arreglaba sobre la tierra, bajo la mirada de todos este personaje, fumaba, tomaba unos sorbos de cada una de las botellitas, el resto arrojaba al ganado, arrojaba a cada una de las montañas que rodea Tipan, lanzando un fuerte grito: Wajoooo, Wajooo, Wajooo, todos los asistentes acompañaban este grito: “Pagaba” la tierra, “pagaba” a los apus para que protejan el ganado, para que rindan buenos frutos en el año y llenaba de nuevo con los mismos productos para el próximo año, daba unos tragos a los dueños del hato, mis abuelos, pasaba incienso a todos los animales, de la misma manera previamente se había reservado un porongo de leche y su contenido era arrojado a todo el ganado incluso a la gente con la finalidad que esta no falte todo el año. 

Esta ceremonia que encierra lo ancestral de nuestros antepasados, los Incas, era curiosamente compartida con el cura del pueblo, que esperaba su turno para el también iniciar la ceremonia de la bendición religiosa de los asistentes y del ganado. Bendecía primero el agua y con un ramo de flores arrojaba el agua sobre el ganado, expresando algunas palabras, el ganado estaba doblemente bendecido, para que la producción y reproducción durante el año se realice con éxito, que aleje los accidentes, las enfermedades, que los partos de las vacas sean normales. Se encomendaban todos los bienes a los animales, la fuente principal de ingreso de la familia, 

Terminadas las dos ceremonias, comenzaba la fiesta, estas se hacían normalmente en el mes de febrero que coincide con el mes de carnavales, las fiesta comenzaba con una escena que representaba la toma del toro a la vaca, mi abuelo se colgaba de la espalda de mi abuela simulando esa relación, enseguida continuaba el vaquero con la vaquera, su esposa, entre risas, aplausos de los asistentes, esto completaba el deseo de fertilidad que debía existir en el hato. 

Igualmente se hacían representaciones de la “disputa entre toros” por las vaquillonas, que consistía en que un varón imitando al toro , pasaba a beber chicha de un deposito preparado expresamente, se acerca otro imitándolo, y se producía un enfrentamiento a cabezazos, empujones, uno de los toros se acercaba a una dama, generalmente las solteras, al igual que el toro, pretende cortejarla, empezando a olerla, tomando chicha y arrojando al aire como desafiando al otro toro que por allí estaba a la expectativa y se producía una disputa por la dama por pretender robársela, para alegría y jolgorio de los asistentes. Terminaba en que uno de los dos levantaba a la dama a la altura de la cintura y la echaba sobre su hombro y salía huyendo, se la robaba, todos perseguían para rescatarla y se armaba un especie de trifulca, de gritos, empujones, todos eran muy buenos actores y después, las serpentinas, los brindis, con chicha, cerveza, pisco, las guitarras, los huayños, los bailes, con todos los invitados de la familia y el pueblo. Hasta que la noche caía. 

5.7.- El regreso.- 

Siempre los regresos son tristes, pero también alegres. Tristes porque tienes que dejar una tierra maravillosa, tienes que dejar a su gente hermosa, tristes por qué vas extrañar por un tiempo tu convivencia con la naturaleza, con los animales, aquel que te acompañó todo el tiempo, con gente trabajadora, noble honesta. Pero evidentemente hay una alegría encerrada que se expresa por las nuevas vivencias que empiezan con el reencuentro con la familia, mis hermanos, los amigos del barrio, el reencuentro con mis compañeros de aula que ya los extrañaba, todo ello se mezcla y uno empieza a pensar, a pensar, con un rostro sereno, tranquilo, de pena, alegría, son momentos muy difíciles. 

Un día antes ya estaba preparando mis cosas, alguna carga que contenía fruta, mis abuelos me despedían, mi abuela siempre me daba un beso, mi abuelo una palmadas en el hombro, los encargos de siempre, emprendía el regreso con tristeza, las montañas, el lorituyoc, de nuevo Capiza, con un empleado que debía regresar las acémilas. A las cuatro de la mañana se salía de Capiza rumbo a Arequipa. Hay que pasar de nuevo por Cerro negro, Andamayo, el valle de Majes, los desiertos, de nuevo las quebraditas, con sus valles, de pronto ya estábamos en el Km. 48, en las primeras horas de la tarde estábamos entrando a la ciudad. En el trayecto de retorno recordaba muchas de las cosas que había pasado, y pensaba en el reencuentro con mis padres, mis hermanos, sobre todo los menorcitos Chavelita, David. Felipe todavía no conocía nuestra tierra no habían nacido. De nuevo con los amigos, como dicen de nuevo al barrio, el barrio de la Antiquilla, esa ya es otra historia.  

Campina de Tipan

Campiña de Tipan, el apacible rio y el majestuoso nevado Coropuna. Foto: Jesus Cabrera Zegarra 



 

ANEXOS

 

ANEXO NRO. 1 

 

ANEXO NRO. 2 

Algunas Composiciones sobre Tipan 

Típan Inolvidable 

Autor: Adolfo Prado 

 

Típan obligada entrada de Castilla Alta, 

Típan el más pequeño de los distritos, 

Típan pequeñito como un picaflor. 

Pero grande por su gente, 

Grande por sus frutos, 

Que brotan de su tierra, 

Como en ningún sitio 

Típan, eres de ensueño, 

Por las bajeras de tus higueras, 

Que te dan sombra en el día, 

Que te dan abrigo en la noche, 

Por veces te espantan, 

Que te dan sus dulces frutos, 

Y chimbango para sus fiestas. 

Por las riveras de tus ríos, 

Cuantas veces te he acariciado, 

Adornado de texaos multicolores, 

Río de aguas templadas del Coropuna, 

Que le impregnan coraje a su gente, 

Típan pleno de pitipanes y de cercas, 

Donde no solo hay que caminar, sino saltar, 

Tus frutos, tus ríos y manantiales, 

Tus caminitos, tu gente, 

Te hacen la tierra muy querida por todos. 

Típan, de gente trabajadora como Don Cansio, 

Gente trabajadora y noble como Don Zoilo, 

Gente trabajadora, noble, sencilla como Pizarro, 

Gente, trabajadora, noble, sencilla, sufrida, alegres 

Como la Sra. Donata y Doña Rosalía. 

Don Lucas y doña Martina, 

Felícitas y Teodolinda, 

La cariñosita mama Ursulita. 

Y así tanta gente maravillosa del Típan, 

Que junto con Alvistur y Lucila, 

Pasaron tiempos inmemorables, 

Sus acciones, aún son recordadas 

Y las recordaré mientras viva. 

Tortolita Tipeñita. 

(Canción Silva) 

Hermosa tortolita 

Piquito de oro tienes 

Alza tu vuelo vámonos juntos, 

En esta tu pobre casa ¿qué te ha faltado? 

Amores, caricias, nomás has tenido. 

El regreso 

(Inédito) 

Cuando me vine de Arequipa 

Vine cruzando el río Majes, 

Oh río grande, río de Típan (bis) 

No te lleves hasta los puentes, 

Si llevas hasta los puentes 

Nunca por nunca yo llegaría. 

Ya te has llevado al de Coscota 

No te lleves al de Ambranja 

Oh virgencita de Viraco 

Échame tu bendición 

Son tus hijos que te cantan 

Con alma vida y corazón. 

A La Distancia 

Autor: Felipe Góngora fundador y director del Conjunto Velille, descendiente de Viraco 

A la distancia se ve hermoso el Coropuna Majestuoso (bis) 

Y luego se extienden lindas praderas, 

Esta es mi tierra Viraco 

Los patriotas desde las cumbres 

Bajan veloz cantando (bis) 

Tremenda vida y alegría 

Para mi pueblo Viraco 

En esas calles 

En esas plazas 

Tengo grandes recuerdos grabados 

De un linda viraqueñita 

Que mía siempre tendrá que ser 

Fuga 

Veintiuno de octubre 

Fiesta de Viraco, 

Por eso yo canto, 

Por eso yo me alegro 

Tomando cerveza con mucha franqueza (bis)
 

ANEXO NRO. 3 

Castilla: Distritos y Centros Poblados  

Espacio Territorio Distrito Centros poblados 

Castilla Alta: Andagua: Andagua, Soporo, San Isidro, Ccalhua, San Antonio, Sihuincha, Virgen Rosario. 

Ayo: Ayo, Acho, Subna 

Chachas: Chachas, Nahuira, Tolconi, Anaro, Nuevo Tolconi, Chicotaña. 

Chilcaymarca: Chilcaymarca, Chapacoco, Huilluco. 

Choco: Choco, Llanca, Ucuchachas, Pachauma, Chahuase, Miña, Jilla, Chuañuma y Humahuato.  

Orcopampa: Orcopampa, Huimpilca, Marcani, Misapuquio, Tintaymarca, Vuiscacuto, Huancarama, Misahuanca, Panagua, Alhuire, Lontojoya. 

Castilla Media: Machaguay: Machaguay, Arhuin, Acopallpa, Aguasana, Ccactana, Huasiccac, Taparza, Cotanay, Cuyanca. 

Pampacolca: Yato, Escaura, Sihuarpo, Ruruca, Obraspampa, Quiscata, Huancor, San Antonio, Puca, Tuhualqui. 

Tipan: Tipan, Tagre, Yacmes, Chupacra. 

Uñón: Uñón, Piraucho, Huacobamba, Santa María. 

Viraco: Viraco, Pilcuy, Yaso, Arecocha, Unro, Costuro, Rituy, Huami, Pampachacra, Turpayto. 

 

 

ANEXO NRO. 4 

RIQUEZA TURISTICA DE LA PROVINCIA DE CASTILLA 

Andagua 

Valle de los Volcanes 

Cataratas de Sanquillay 

Ruinas de Antaymarca 

Valle de los Volcanes 

Ayo 

Laguna de Mamacocha 

Andenería pre-inca Quello Quello 

Iglesia Colonial de Ayo 

Laguna de Mamacocha 

Chachas 

Laguna de Chachas 

Catarata de Challahuiri 

Reserva de Cóndores 

Chilcaymarca 

Iglesia Colonial 

Artesanía Chapacoco 

Reserva de Vicuñas 

Artesanía Chapacoco 

Choco 

Nevados de la Cordillera del Chila (cerro Cirani) 

Reserva de Cóndores (Chila) 

Geiser y manantiales de Catirhua 

Orcopampa 

Cataratas Panahua 

Baños Termales de Huancarama 

Iglesias coloniales rurales 

Machaguay 

Ciudadela inca de Huasicac 

Aguas Termales de Taparza 

Carnaval de Machaguay 

Bosque de queñuales 

Pampacolca 

Ciudadela de Maucallacta 

Aguas Calientes 

Santuario del Señor de la Peña de Yato 

Uñon 

Vista Panorámica del Cañón 

Reserva de huanacos 

Ciudadela de Ñuño- Horcco entre otras. 

Santuario de la virgen del Rosario 

Ciudadela de Tinkuipampa 

Bosque de queñuales 

Santuario de Uñon 

Viraco 

Petroglifo de Capellán 

Laguna de Cara – Cara 

Fiesta Patronal de Santa Úrsula. 


 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS.- 

 

(1).- Vallejo, César.- “El Romanticismo en la Poesía Española”, Tesis de Bachillerato, 1915. 

(2).- Sutton, Carlos W.- “Estudio Sobre las Irrigaciones en Arequipa, 8 de marzo 1933. 

(3).- Plan de Desarrollo Castilla 2008-2018- Municipalidad Provincial de Castilla. Artículo escrito con el seudónimo de Juancho  

(4).- Webb. Richard.- Compendio estadístico del Perú: Perú en números. 

 The End of a beautiful story

 

 

 

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