Hermosa Villa de Pampacolca Villa of Pampacolca view from Espiritu Santo

Libros: “LA CULTURA ANTIMPAMPA” “DISEÑO GRÁFICO ARCAICO”

 

Subtítulo: Arqueología Milenaria de Pampacolca      Testamento Histórico de Antimpampa, Perú en el sur Andino del Perú

Publicación:        Febrero 8, 2013                                                  Julio 31, 2014 

 

Maucallacta

 

Antimpampa:  

Un paso hacia lo más antiguo 

PUNTO DE ENCUENTRO CON LA LITERATURA Y EL ARTE 

Arturo Ruiz Sanchez

Gracias a la maravilla de la cibernética y al gentil acierto de este punto de encuentro, me place poder compartir mis situaciones vivenciales a través de un ensayo, artículos, relatos, cuentos, poesía o retórica prosa.  

Nací hace algunos años en Perú, desperté al universo un 9 de mayo en un  hospital castrense, creo que mi nacimiento convocó a familiares cercanos. Primer varón de un hogar en formación.  

En aquel entonces el ordenador no era un concepto, ni pertenecía a la conciencia ni léxico del mundo. Las reuniones familiares y amicales eran los pocos medios de comunicación efectiva y afectiva.  

Así nacimos nueve hijos para alegría de nuestros padres, Andrés y Margarita. Tuvimos la fortuna de que nuestras pupilas se hartaran del verdor de la selva; nuestros juegos tuvieron como escenario el horizonte de la ciudad de Iquitos y la majestuosidad de río Amazonas, los animales domésticos, otros silvestres y las aves del azulísimo firmamento loretano fueron testigos de nuestro crecimiento. 

Gracias a esa coyuntura conocimos y apreciamos la naturaleza en su extensión. 

Hoy en la plenitud de mis otoñales años me impregno de liberad para brindar a mi familia, mis amigos, y a toda persona que quiera participar en este pequeño oasis… 

Mi Mundo Literario”

 

Arturo Ruiz-Sánchez

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                                     Biografia de Arturo Ruiz Sanchez

 

FEBRERO, "Omnia vincit amor" 

 

Hoy, sintamos el tibio abrazo del riquísimo mundo imaginario que proporciona la literatura en medio de este invierno frio, gris, desabrido; empero gocemos la vida que fluye olorosa al final de este enero que da la bienvenida a febrero y con ello al mes del amor y de la amistad. "Omnia vincit amor". El amor lo vence todo. 

 

Arturo Ruiz Sánchez

                                                      El amor lo vence todo

 

“LOS ANCIANOS, QUE SE DEN PRISA EN MORIR”

 

En el pretérito, el hombre, ser temporal, efímero, siempre se ha trastornado por dejar evidencias de sus travesías por la vida, memorias de su derrotero. En las antiguas civilizaciones los hombres trazaron en cuevas lejanas, figuras plásticas, representaciones gráficas. Entre nosotros, aun persisten y conservamos esas huellas con la esperanza de que el paso del tiempo no lo destruya.

 

Actualmente (cuando las redes sociales, los medios de comunicación, llámense, escritos radiales, televisivos, que contribuyen a la sordera colectiva) no faltaran, ni faltan, dizque lideres mundiales y desconocidos feligreses que se aventurarán y se aventuran a comentar y escribir algo en cualquier medio y lugar; palabras viscerales como evidencia de que existen, y que se irán irremediablemente.

 

Tal es el caso del desatinado millonario de 72 años, Taro Aso, Ministro de finanzas de Japón (país con gran porcentaje de su población envejecida) ante la crisis de la seguridad social, pide “a los ancianos que se den prisa en morir para evitar un gasto innecesario para el país”. 

 

Ante irracional comentario, creo que en el mundo habemos muchas personas sin importar la edad, genero, credo, y latitud, en esa lucha diaria por vivir.

 

Lamentablemente nada es perfecto, mientras existan hombres como Taro Aso, latirá una recóndita aspiración de duración ineludible, una profunda codicia de perennidad personal.

 

Arturo Ruiz-Sánchez

                                                     UN VINO DULCE  

Por fin encontraba una licorería decente en esta avenida concurrida de Queens. No podía presentarme en casa de Cristina con un vinillo de cinco dólares, eso lo tuve muy claro. En ese momento debía  concentrarme en el asunto del vino. Entré en ese establecimiento muy surtido que hay en la Roosevelt avenue, dispuesto a gastarme en vino lo que vale una cena en un restaurante cinco tenedores, supuestamente para quedar como alguien y con muchas posibilidades. El dependiente se acercó y le pregunté por el mejor vino blanco dulce.  

  -“El mejor vino blanco dulce que tenemos en la tienda es un “terroir”, es decir, un vino podredumbre noble ¿Lo conoce el señor?”  

Como yo que quedo con los ojos como platos, el hombre siguió con su rollo.  

-“Se trata de un vino elaborado de uvas fermentadas con el hongo Botrytis cinerea, que tan solo se produce en las zonas húmedas de Centroeuropa, como Austria y Alemania”.  

¿Un vino podrido? Me empecé a poner nervioso.  

-“Oiga. Le dije al de la bodega. -El vino es para una señorita y no estoy muy seguro de que esto de la podredumbre sea muy adecuado”.  

El dependiente suspiró y con su cara de sabelotodo me largo otra lección.  

- “Su gusto suave y afrutado lo hace apropiado para el paladar femenino, se lo digo por experiencia” y me guiño el ojo, el muy puto, que se debe levantar a más de una con el cuento del vino. Cuando me dijo el precio me convenció de que realmente se trataba de una buena compra y tras pagar con mi tarjeta MasterCard que siempre queda más elegante en esos sitios me fui a casa de la mujer de mis sueños.        

 En el trayecto no hacia más que pensar en ella. Cuando me llamó para invitarme a cenar a su casa me puse tan nervioso que solo pude hacer una pregunta: “¿Qué quieres que lleve?” Lo dije de forma mecánica temiendo meter la pata y estropear ese plan que tanto prometía. “Bueno, -dijo ella, puedes traer un vino blanco y dulce”. Yo seguía nervioso pero, no sé, esa frase en principio tan normal me pareció la mar de insinuante. Si hubiera dicho “trae helado de vainilla” el plan hubiese sido distinto. También podía haberme pedido una pastel de algo, unas cocas colas, un par de bolsas de papitas… Me podría haber solicitado muchas cosas, pero cuando dijo aquello de un “un vino blanco y dulce” fue como si se me abrieran las puertas del paraíso. Me imaginé música de Andrea Bocelli en su versión popular, una cena con Salmón al horno, sabanas de satén, lencería sexy… bueno, todo eso que sale en la comedia de “Sexo en la ciudad”  y que tanto le ha gustado siempre, según ella. Una maravilla.  

Yo creo que si me hubiera tocado la lotería no me hubiese puesto tan contento.  

 Y es que desde que me separé, mi vida no ha sido muy agradable que digamos.  

Siempre he sido una persona muy cortante y aunque tenía muchas ganas de enrollarme con alguien, la verdad es que no había manera de conseguirlo. Al final no tuve más remedio que ir de pago. Ya sé que no era la solución ideal pero, ¿Qué otra cosa podía hacer en mi situación? ¿Masturbarme? ¿Hacer como si nada, hasta que me saliera por las orejas?  

 Me casé con M casi apurado. Éramos demasiados jóvenes, en aquella época todo nos parecía muy bonito. Por aquel entonces yo estaba estudiando Administración. Mis planes era ser empresario y llevar traje y corbata, pero, con lo del matrimonio no me quedo otra solución que dejar los estudios y ponerme a trabajar en el Harry S.A.  

A M la quería mucho, pero llegó un momento en que empecé a mirarla como si fuera una extraña y creo que a ella le paso lo mismo. Desde aquel día M dejo de parecerme una mujer sexy y tuve un gatillazo tras otro. Fue entonces cuando me fijaba en otras. Se me iban los ojos detrás de los escotes como un viejo verde ¡y tan solo tenia 35! Ella se dio cuenta y al final vimos muy claro que teníamos que divorciarnos. Y así lo hicimos.  

Hacia un año que era un hombre libre y me daba vergüenza pensar que durante todo ese tiempo no me había involucrado con ninguna mujer. Por eso cuando conocí a Cristina, una chica tan joven y tan guapa, vi que había un cierto “feeling” entre nosotros y decidí cortejarla.   

Cristina era una compañera de un grupo cultural al que yo asistía. Era una chica muy fina y elegante. Algunos años menos que yo, tenía un cuerpo precioso, como de modelo, incluso con abrigo estaba buenísima. Por su culpa iba soñando todo el día y me costaba mucho concentrarme en el ordenador. “¿Qué te pasa, estás enamorado o qué?”, me decían los amigos del grupo cuando me pillaban mirándola. Pues si, muy posible que así fuera. Por eso, cuando ella me llamó para invitarme a cenar en su casa empecé a fantasear.  

Primero, con una sesión de sexo salvaje, después, con una boda preciosa en cualquier lugar de New Jersey y finalmente con un viaje de luna de miel a Cancún, con más escenas de sexo. Claro que hubiera sido capaz de renunciar a mi libertad por una chica como ella. De hecho, no había nada que hubiera deseado más en ese instante.  

 Cuando llegué, Cristina me abrió la puerta de su pequeño apartamento vestida con una picardía de color champán, pero no estaba sola. Había más chicas y tres hombres más o menos de mi edad. En la mesa del comedor, varios vibradores de tamaños diversos, preservativos de colores y otros artilugios…  

 Intenté reaccionar de la forma más natural posible pero no acababa de comprender que es lo que estaba pasando. Podría ser una de esas reuniones Tupper sex creo que se llamaban en la que se venden artilugios sexuales. Me hizo recordar a una casa en Lima a donde fui un par de veces para aliviarme un poco. Cristina se me acercó y me besó no sin antes susurrarme en la oreja lo que me iba a costar la broma. Dejé la botella de “terroir” en la mesa junto a los consoladores y uno de los presentes la abrió y empezó a bebérsela a pico. Me fui  con Cristina a la habitación.  

 Estaba excitado pero también triste. Cuando ella me besó cerré los ojos e imaginé estar en un hotel cinco estrellas, en Cancún, degustando un coctel margarita mientras oía a unos mariachis.

   

Arturo Ruiz-Sánchez/PEDAZOS DE TIEMPO

 

 

 

 

 

 

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