Hermosa Villa de Pampacolca Villa of Pampacolca view from Espiritu Santo

Libros: “LA CULTURA ANTIMPAMPA” “DISEÑO GRÁFICO ARCAICO”

 

Subtítulo: Arqueología Milenaria de Pampacolca      Testamento Histórico de Antimpampa, Perú en el sur Andino del Perú

Publicación:        Febrero 8, 2013                                                  Julio 31, 2014 

 

Maucallacta

 

Antimpampa:  

Un paso hacia lo más antiguo 

 

Ayer fui al centro de Miraflores, años que no iba. Le pedí al chofer que me dejase junto a la iglesia. Me senté en una banca y se me vinieron encima unas antiguas ganas de llorar.

 

Miraflores

 

Tiempo hace que no la veías y ahora nuevamente está en su banca, sentada ahí como siempre, ensimismada en su viejo Miraflores del cual se ha convertido en grácil dije que por antiguo se confunde con los ficus y con el salpicado ámbito vetusto que aún persiste en el parque Kennedy. El entorno bullicioso y atolondrado, los autos y las combis de la Diagonal, nada aparenta sustraerla del ensueño en que se sume al posarse en ese lugar en donde ha aprendido a cobijar sus recuerdos para mantenerse soñando un día más.

 

Ya cuando joven te había intrigado esta dama que en ciertas tardes aparecía sentada en alguna banca de este parque que desde tu niñez y a través de sus mutaciones, podas y remedos, mantiene la convergencia involutiva de una parte de Lima que sabes guarda una personalidad propia a ti y a todos aquellos que han crecido en estas vecindades.

 

Tomas la resolución de vencer el recato que guardas y a ceder a tus conjeturas por saber lo que esta vieja pueda ser y todo lo que debe guardar bajo ese torbellino canoso que encima con un tocadillo de flores de seda sujetas con dos alfileres de plata y cabezuela de perla. Caminas por la vereda de al lado de la iglesia y viéndola sentada dándote las espaldas, te encaminas por un sendero interior hacia la parte central del parque, alejándote de las mesas que ahora colocan sobre la calzada peatonal de lo que antes fuera la calle Lima. Te detienes, y como quien mira a las santa rositas que en esta parte del año revolotean entre los ficus y el tejado de la iglesia, te pones a pensar si estará bien que te acerques a ella, que si no sería mejor dejarla así como está, allí sentada en cada cierta tarde; si tal vez su mundo, el mundo de ella, ya pasó, y todo lo que le queda es su caduca ornamenta corporal cobijando un pretérito tesoro al cual ya nadie puede llegar.

 

Pero por qué no - te preguntas - por qué no puedo acercarme a ella y pasar caminando por su delante, nada más que caminando, y la miraré de reojo, sí sólo al sesgo, y para que no se percate de mi atisbo me pondré mis anteojos Ray Ban; sí, pasaré una o dos veces por delante de ella y luego me sentaré en la banca de enfrente.

 

Llamas al lustrabotas, alzas tu pie sobre su pretencioso pedestal de maderas amartilladas en busca de negocio, y le recibes el periódico que lleva para mantener a sus clientes ajenos a su hincada labor de hacer brillar el cuero de tantos zapatos que recorren Miraflores sin entenderlo. Mientras pergeñas las hojas del tabloide ajado de atender a paseantes tan imperceptibles como tú, a medida que vas revisando lo que dicen anda haciendo el ciudadano Fujimori para compaginar a tu país descuajaringado de tanto traspiés, vienen a tu memoria los Higa en la esquina de San Martín con pasaje Sucre; sabes de tu alcalde que se fue a la capital, también del fútbol y te acuerdas de cuando jugabas en el Porvenir Miraflores con algunos que ya no están; cuando en eso, al oír un tenue tinglado de imperceptibles notas de percusión, bajas el diario que tienes en las manos y la ves abriendo una cajita de música de la que toma unas hojas de papel que después de pasárselas para olerlas, las abre y, puestos sus anteojos circulares de marco de alambre y ganchos curvos, se entrega a leerlas sujetándolas con una mano y llevando al rostro la otra para tomarse de la mejilla.

 

             - Es un sol, señor... señor... es un sol por la lustrada.

 

Has quedado abrumado por lo que ella pudiera estar reviviendo en esas páginas, y te preguntas - ¿serán así los finales de las largas vidas de las gentes, o estaré ante el episodio postrero de una gran historia por contar? Alzas la cara al cielo y con los ojos bien abiertos, pero cerrados a la vez, percibiendo pasar las nubes sobre el Miraflores de tu infancia eterna, te echas a pensar en todo aquello que fascina a las gentes en su interminable afán por internarse en todas esas historias hurgadas en la vida de las reales fantasías y que por entero superan a todas aquellas que leemos en las noticias de a diario.

 

Felipe de Lucio

Año de 1997

 

 

 

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