Hermosa Villa de Pampacolca Villa of Pampacolca view from Espiritu Santo

Libros: “LA CULTURA ANTIMPAMPA” “DISEÑO GRÁFICO ARCAICO”

 

Subtítulo: Arqueología Milenaria de Pampacolca      Testamento Histórico de Antimpampa, Perú en el sur Andino del Perú

Publicación:        Febrero 8, 2013                                                  Julio 31, 2014 

 

Maucallacta

 

Antimpampa:  

Un paso hacia lo más antiguo 

Confío en que esta reseña interese no solamente a los mineros, también a gente de Trujillo, de Pataz, y a todos aquellos que les guste saber cómo eran las cosas antes.  

 

las minas de ayer 

 

En septiembre se realizará en Arequipa Perumin 2011, el mayor congreso minero de Sudamérica que reúne  a miles de mineros de todo el mundo y allí se verán las más avanzadas tecnologías de la industria para entregarlas en sus centros de trabajo. En vista de ello y desde ahora envío a los miles de jóvenes que asistirán, un relato de cómo era antes la minería en el Perú.  

 

Mi abuelo se graduó de ingeniero de minas en 1889, y al comienzo del siglo XX, estando en Parcoy, envió a su cuñada en Lima una carta que guardo y que ilustra en cierto modo el avance de la tecnología. Está fechada en 1903. Le pedía que le comprase en la Librería Francesa en la Calle de La Merced en Lima una tabla de funciones matemáticas puesto que había perdido la suya. Paso a hacer un recuento de la misiva para ilustrar lo que hace un siglo tenían que hacer los ingenieros de minas peruanos. 

 

Salía andando de la Plaza de Armas de Lima con los bultos de viaje en carreta jalada por caballo hasta la plaza Meliú donde estaba la estación del ferrocarril al Callao. Esa plaza era una pequeña parte de lo que ahora es la plaza San Martín y la estación del tren estaba al frente de lo que hoy es el Club Nacional. En el Callao se alojaba en el Hotel Península, en la esquina de lo que eran las calles de General Gamarra con General Velarde, cerca de lo que ahora es el Club de Regatas Unión, ya que el tranvía eléctrico pasaba por ahí. Después de un par de días tomaba el vapor al norte que paraba en cuanta caleta había ya que en esos tiempos era la vía de comunicación entre los pueblos de la costa. A los cinco días llegaba al puerto de Salaverry y de allí, en el ferrocarril que esperaba la llegada del vapor, iba a Trujillo donde se alojaba en el Hotel de Eugenio Callegari junto al Liceo Santa Rosa y a dos cuadras de la Plaza de Armas. 

 

Dedicaba tres a cuatro días a proveerse de vituallas en el almacén de Marcial Acharán en la Plazuela de El Recreo cerca al Correo Central y también a diligencias en la Delegación de Minería. En ferrocarril iba a Laredo y como había telegrafiado a los señores Chopitea, dueños de esa hacienda, le esperaban allí los caballos que había contratado desde Trujillo. 

 

Pernoctando en Shoren, en dos días llegaba a la Hacienda Yanasara de los Pinillos Montoya y proseguía a la Hacienda Aricapampa de la familia Valdivieso de donde bajaba al Marañón que cruzaba en oroya para hacer noche en Chagual, cubierto en tul para protegerse de la uta y de la malaria. Subía por el valle del río Parcoy y pasando por Trapiche, la Hacienda de la Testamentaría Cisneros, llegaba a Retamas donde estaba el campamento minero que lo alojaba. Había pasado veinte días desde que salió de su casa en la Plaza de Armas de Lima. 

 

En uno de sus viajes entre las minas de ese notorio distrito aurífero que es Parcoy y bordeando un acantilado, su mula de carga resbaló y rodó a un profundo cañón llevando sus libros de cálculo. Sin las tablas matemáticas era imposible hacer la topografía que era y es tan esencial a la ingeniería. Si su viaje a las minas le tomaba veinte días es de pensar que al correo le tomase igual y con la vuelta e incluyendo el tiempo en comprar los libros, bien puede haber sido mes y medio de sosegada espera andina. 

 

Esas tablas de manejo tedioso que también yo tuve que soportar en tiempos de insoslayable relevo, han sido reemplazadas por una calculadora de mano que hoy cuesta veinte soles y que además hace cien cosas más. 

 

Hoy, en las minas de nuestras desoladas serranías, cualquier ingeniero llama con su celular o fono satelital a sus familiares en Lima o a cualquier colega en Canadá o Europa, pero sólo para desearles un buen día, ya que si requiere de función matemática alguna sólo tiene que abrir su laptop. Es más, ni siquiera necesitará de función natural alguna ya que los instrumentos le entregan directamente las coordenadas o las puede tomar con su GPS. 

 

La ingeniería viene avanzando a pasos impredecibles, lo que lleva a pensar que seguirá haciéndolo y de seguro a mayor ritmo. A cincuenta años de hoy los jóvenes ingenieros estarán ya jubilados y viendo maravillas que en el año 2010 eran impensables.  

 

Esta reseña pretende brindarle a los jóvenes de hoy una idea de lo que tuvieron que hacer sus bisabuelos para que ahora a ellos les vaya mejor. 

 

Felipe de Lucio Pezet 

Año 2011

Felipe-de-Lucio-Morla-Carta

                                       Felipe de Lucio Morla. Pataz 1903

 

Felipe-de-Lucio-Morla-Diploma-Ingeniero-de-Minas 

   

 

 

Buscar